Este “artista” de 65 años imprime capturas de pantalla de Instagram y vende las copias hasta por 90.000 dólares.
Así, sin corte alguno. Lo grave no es ya que se apropie del trabajo ajeno con tanto rostro y se gane la vida con ello, lo que realmente clama al cielo es que el bien llamado “mercado” del arte fomente su comportamiento con apoquines de decenas de miles de dólares por algo que no es más que una captura de pantalla impresa en cartón. Desembolsos que obviamente no huelen los autores originales y que van directamente a los bolsillos del listo que se limita a navegar por Instagram, darle al Print Screen y exponer en galerías lo que otros han creado. Lo mejor de todo este asunto es que además está avalado por la Justicia ya que, lejos de considerarse apropiación del trabajo ajeno, los jueces ya lo han exculpado en anteriores denuncias al considerar su arte como arte transformativo, concediéndole la autoría intelectual de las impresiones en cartón y los derechos de explotación de las mismas como si de obras originales se tratasen.
Pá que luego nos quejemos de Fino.
(visto en quesabesde)











