Cuando crees no ser una prioridad
Empezar estas reflexiones me costó, no es fácil volver a escribir y menos cuando uno va a poner pedacitos de corazón en palabras. Pero es bueno compartir las cosas buenas y las cosas malas, así que acá vamos.
Estar en pareja es difícil. Cuando estás sola disfrutás y sufrís de algunas cosas y cuando estás en pareja pasa lo mismo; es hermoso cuando hay amor y paradójicamente, puede ser también un sufrimiento.
Teniendo más de 30 (no entremos en detalles) viví un par de experiencias en pareja. Estuve muchos años con alguien que tenía una familia muy chiquita, mucho tiempo sola y un tiempo con alguien que no me incluyó en su entorno familiar (extrañamente creo que fue quién más me amó). Hoy estoy viviendo una experiencia nueva con alguien que tiene en su vida tantas o más cosas que yo. Siempre fui independiente y tuve muchas actividades que mis parejas entendieron y acompañaron y yo siempre intenté hacer lo mismo porque ante todo tiene que existir la igualdad.
Es la primera vez que mi pareja tiene personas y actividades en su vida que siempre están antes que yo. No se trata de que uno tiene que vivir para el otro, creo que eso sería incluso peor porque de esas relaciones suelen quedar ruinas inmensas. Se trata de sentir que uno es “acomodable” respecto a muchas cosas y de ver que si uno no puede acomodarse, genera conflictos.
Pasan mil cosas por mi cabeza cuando me encuentro en esa situación difícil de entender y de aceptar. Entender que hay responsabilidades por un lado y preferencias por el otro, entender que hay cosas inherentes a la persona que uno no debe ni quiere cambiar. Aceptar que esas responsabilidades, preferencias y cosas inherentes se superponen conmigo y el 90% de las veces que eso pasa, termino lagrimeando (ok, lloro fácil pero eso no lo hace menos doloroso). Cuánto es el máximo de lágrimas que se puede derramar por amor? La dejo ahí la pregunta.
Es impotencia de sentir que nada puedo hacer. Uno no puede obligar a nadie a sentir amor y yo creo que el amor está, pero qué pasa cuando los otros amores están antes? Y qué pasa cuando sabés que vos no sos lo que él es para vos? Ahí hay material para otro texto, no respondan!
Creo que un componente importante es la diferencia entre enamorarse a los 20 y enamorarse a los 30. A esta edad cada uno ya vivió y tiene su vida medio encaminada, con algunas rutinas y gustos ya definidos. Ya no se trata de ir encontrando un camino con tu pareja como a los 20, se trata de invitar al otro a caminar juntos, de unificar caminos. Cómo hacés una ruta en terrenos distintos? Cada uno va por su lado y en el medio de las dos rutas hay que encontrarse e ir más o menos a la misma velocidad y para el mismo lado, aceptando los baches de uno y de otro, las salidas a pueblos perdidos, los desvíos, los peajes, los puentes. La falta de nafta y la llanta pinchada. El agotamiento de la batería. Las ganas de quedarse más en un pueblo que en otro. El cansancio de manejar. El sueño.
Quizá, la manera de lograr que la pareja funcione cuando cada uno tiene distintas prioridades que no son compatibles es hacer partícipe al otro. Si bien me duele este tema (se nota) y sé que no hay más que hacer que descargar la angustia que pueda generar, también es necesario hacer un mea culpa. Yo siempre tengo las mismas prioridades? No. Yo siempre intento primero entender en lugar de sentirme alejada? No. Yo siempre intento charlar para entenderlo? Poco. Yo siempre primero siento rechazo y después culpa? Casi. Yo siempre lo invito a acompañarme? Si. Él siempre me invita a acompañarlo? Si.
Entonces me doy cuenta que las emociones nos dominan y nos nublan mucho la vista, nos pasa a todos. El ser humano es visceral, pasional, muchas veces inseguro. Si me quito el velo de los ojos y empiezo a ver que a su manera, cada uno intenta integrar al otro, por ahí mis emociones entienden que no pasa por cuánto amor quede entre los dos, pasa porque ese amor hace que yo quiera adueñarme de sus prioridades y que él quiera adueñarse de las mías, que las compartamos, que ser felices sea ir juntos por esa ruta que nadie más que nosotros va a recorrer y aventurarse al desafío de encontrarnos con todo lo que nos vamos a encontrar.
Porque si yo acepto sus prioridades y él las mías, vamos a ver que dentro de la vida de cada uno, está siempre el otro. Mientras eso sea así, hay esperanzas. Y si dejamos de encontrarnos en esa ruta, solo ahí, será momento de cambiar el rumbo.












