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Se había arrastrado hasta la cocina, sí, de nuevo muy tarde ya tenía ganas de beber. No había manera de que esas manías sirvieran de algo, pero la voz que dio el salto para que no pudiera agarrar lo que quería fue una sorpresa.
— E-esperé, esperé… no es lo que está pensando, estaba… estaba haciendo una medicina con las plantas que recogí por la tarde, ¡eso es todo!.—dijo mirando nerviosa por donde pasaba su alrededor, intento justificar su acción creyendo que no la había visto casi tocar la botella con un extremo de su mano.
Ella era nueva en el lugar y no conocía prácticamente a nadie, yendo y viniendo haciendo servicios, lo esencial que consiguiera sería lo que importaba, ahora la mirada que la congelaría y dudaría al hablar porque no podía saber quién era. ¿Es fundamental o no para el lugar, debería darle la debida importancia al uso de las palabras?, una imprudencia y mala impresión que pensó que daría.
Aún no se acostumbraba del todo a su nueva vida como emperatriz. El palacio a ratos se le hacía demasiado grande y poseía muchos sirvientes, los cuáles iba conociendo poco a poco; mientras Rimudo se encargaba de los principales asuntos de estado, Takiko tenía su propia oficina donde recibía peticiones de los ciudadanos y mandaba a arreglar o construir lo que hiciera falta, un hospital, un puente, lo que fuera, por lo tanto, no era de extrañar que estuviese todo el día ocupada en su escritorio, pero este día en particular estaba más desocupada, por lo que decidió ir a dar una vuelta por el jardín.
La primavera había llegado a Hokkan y por primera vez veía las flores nativas de esta tierra, no eran tan diferentes a las de Japón, solo que sus colores eran más vívidos. Mientras paseaba por los arbustos llenos de rosas, notó a una jovencita que estaba hurgando en la tierra, ¿Sería acaso una jardinera? Curiosa, Takiko se acercó a ella.
—¿Qué está haciendo?
Ante su pregunta, la muchacha se alteró, y pudo ver que no podía tener más edad que ella. Para apaciguarla, Takiko movió su mano y le sonrió.
—No te preocupes, no te haré nada, solo tenía curiosidad, — le aseguró, —¿Cómo te llamas?
La voz que sonaba fina y vibrante podía predecirse en los oídos de Maomao como alguien con gran estatus. Ella, que por accidente acabó siendo una sirvienta más en un palacio desconocido, intentaba ser observadora en todo. Lamentablemente sus acciones siempre terminan chocando en la confusión y así fue, como terminó siendo atrapada.
No respondió a la primera pregunta. Simplemente sonaría forzada y sorprendida, sin saber qué decir. Si abría la boca ahora no sabía en qué problemas podría meterse.
Sin embargo, una calidez genuina y amable se apoderaría de la mujer de rasgos finos. Una sonrisa radiante fue donde las siguientes palabras terminaron por calmar sus nervios pero dejándola aún más confundida.
—De todos modos, me disculpo, ¿mi nombre? Me llamó Maomao. — dijo llevando su postura con sumo respeto.
Anteriormente el ojo de Maomao se fijaría en cada detalle llevando en su cabeza la conclusión predicha, y ante la diferencia entre ambas podía suponer que sería alguien importante, sin lugar a dudas.
Luego de eso, con una respuesta dicha al mencionar su nombre, colocó sus manos en alto y frente a ella se inclinó para saludar.
Los ojos azules de la muchacha la observaban tan fijamente que pareciera que la estuviera investigando, aunque por la forma en que la observaba parecía estar confundida. No era para menos, después de todo debía parecerle extraño que una monarca hablara con una sirvienta con tal naturalidad; aun así Takiko quería hacerle ver que no tenía porqué temerle, ya que ella no pretendía creerse superior al resto por no poseer el mismo estatus.
—Un gusto en conocerte, Maomao-san. Yo soy Takiko, la emperatriz de Hokkan, pero no tienes que alarmarte, no te haré nada, ¿Cuándo fue que llegaste aquí? No te había visto antes por el palacio.
Se calmó tan pronto como escuchó las palabras ajenas resonando en su oído. Describía una voz serena y bastante amable, no tenía un tono de agresión que generalmente se podía encontrar en posiciones como la que se coloca una persona de nacimiento en cuna de oro. Y claro, un poco fue su confusión pero al fin y al cabo fue bastante bueno para ella. — Agradezco que tenga la amabilidad de saludarme con tanta delicadeza. La verdad es que siento que debería presentarme adecuadamente ante usted. Cómo bien dije: mi nombre es Maomao, soy boticaria especializada en atención a los enfermos y si algún incidente se presenta, siempre tendrá mi completa disposición. — respondió agradecida, ahora presentándose de mejor manera adoptando esa postura de disponibilidad inmediata.
—Llegué hace muy poco al palacio y me guiaron primero antes de comenzar mi servicio aquí, majestad. —Bajó un poco la cabeza mientras juntaba ambas manos en forma de mostrar su respeto a quien estaba frente a ella mientras finalmente terminaba las palabras dichas. Ahora podía ver a quién estaría sirviendo.













