Miedo
Cada día me despierto y me encuentro en mi cama, cada día me despierto y algo se despierta conmigo.
– No hagas nada, no vale la pena, eres un inútil –susurra aquello sobre mi hombro.
Yo simplemente me dirijo al baño, lavo mi rostro y tomo una de las sonrisas que hay en mi interior.
– Eso no cubre tu torpeza –inquiere cada mañana aquella cosa–, una sonrisa jamás va a cubrir todo el miasma de mediocridad que expeles, chico tonto.
Una sonrisa resuena en mi cabeza, pero eso no me importa porque debo sonreír, debo hacerlo para no deshacerme en mil pedazos.
– Hola mamá, te extraño y te amo –, digo en voz baja para que nadie me escuche mientras miro una fotografía cada mañana, afortunadamente las digitales no se desgastan ya que se fuera así este ya se hubiera terminado destruyendo hace ya varios años.
El día sigue como siempre, trabajo en la bandeja de mensajes, textos irracionalmente extraños de mis alumnos, dudas que ya han sido resueltas pero que debo de replantear de una nueva forma, situaciones adversas que no puedo impedir e incluso…
– Maldita sea –, grité mientras la taza de mi sol se caía y se fragmentaba en mil pedazos–, no, no, no, el ama esto….
– Te lo dije, una sonrisa no cubre tu incapacidad humana a ser torpe –carcajeo aquello mientras crecía incontrolablemente detrás de mí.
Trata invariablemente de no escucharlo mientras recojo cada pedazo, pero siento como cada fragmente se levanta y se clava en mi pecho y se reúne con todas las cosas que he rota en la capa imaginaria de mi pecho, una capa de astillas que he recolectado hasta ahora. Y es en ese momento que recuerdo que tengo miedo y entonces tomo como siempre la libreta y empiezo a escribir una línea tras otra.
Tengo miedo de no ser más que un saco movido por la necesidad.
Tengo miedo de no ser suficiente para nada.
Tengo miedo de ser torpe y lastimar a quienes se preocupan por mí.
Tengo miedo de no ser más una persona y convertirme en una herramienta.
Tengo miedo de perderme en esa cosa una vez más.
Tengo miedo de regresar a la oscuridad de la cual me ha costado salir.
Tengo miedo de morir en la profundidad de un pozo negro y olvidado.
Tengo miedo de no tener a nadie.
Pero sobre todo… tengo miedo de que todos mis miedos sean realidad.
Como se costumbre seque mis lágrimas, y regrese a la sonrisa de siempre, apague mis sentimientos y mire hacia adelante mientras aquella cosa se paraba frente a mí.
– Eso funciona cada vez menos conmigo, pero está bien, te daré un día o dos más antes de verte caer –sonrió burlonamente mientras se desvanecía en el aire y regresaba dentro de mí.
El día siguió como siempre hasta la noche en donde de nuevo aquella cosa se coló en mi corazón y lo hizo suyo una vez más para alimentarse de mi… de mi miedo… de mi inseguridad… de mi vida que ya no es mía.















