ALEXANDER.
Era cierto que Alexander detestaba el Lunes y para su mala suerte, su inicio de semana no había sido el mejor, empezando por la joven que había tirado el café caliente sobre su playera, provocando que se la quitará de inmediato con el fin de no tener una quemadura; sin embargo, tendía a tener un repuesto en su casillero e intentaba abrirlo, forcejeando con más fuerza al ver que una persona caminaba por el pasillo y de tal modo comprendió que era el casillero incorrecto, abriendo el suyo de inmediato. —Error mío…Sirve decir, ¿no es lo que parece?—.
Antes de su siguiente clase tenía que pasar a su casillero para tomar el libro se suponía tenía que llevar; le sobraba tiempo por lo que no apresuró el paso sino hasta que a lo lejos alcanzó a ver a un joven despojándose de su camisa y acto seguido forcejeando con... ¿Su casillero? Fue allí que aceleró pero no alzó la voz al estar a su lado porque el contrario pareció sentir su presencia y adelantársele. “En realidad no pensaba nada... Aparte de que quizá querrías robarme mis recetarios. ¿Hay una razón por la que estés semi desnudo?”

















