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Peter Pettigrew ( 🐀 )
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Sabía que el hombre seguía hablando, mas Betty solo pensaba en cómo hacer su actuación aún más creíble... Todavía lloriqueando, dio un paso más allá: le abrazó desesperada. "¿¡POR QUÉ N-NO ME QUIERE...!?" Seguía lamentándose de forma patética, esperando que la considerara tan lamentable que no tuviera más preguntas sobre su comportamiento. "¡Sí! ¡Sáqueme de aquí!", añadió, tratando de sollozar. Betty quería que le acompañara a la salida. Así ningún otro trabajador podría pararla. "¡Odio estas paredes...!"
Qué lo abrazara lo distrajo de cualquier pensamiento, y se reprendió así mismo por no anticipar el movimiento que pudo ser un intento de asesinato o para robarle. — Por favor señorita, gobiernese — le dijo en un intento de tranquilizarla. — No le sabría dar la respuesta a esa pregunta pero le aseguro que esa persona cometió un gran error — oh si supiera quien es si que le enseñaría una lección por ponerlo en esta situación. — Sí por favor, venga por acá. — Aunque estaba pensando en que quizás sería buena idea hablar a San Mungo porque la chica necesitaba seriamente ayuda profesional y Moody no sabía que hacer con este tipo de crisis. — Lo sé, yo también. Imagina verlas del diario — la tomó del brazo para guiarla por los pasillos mientras las miradas se posaban en ellos.
De algún modo no esperaba una respuesta animada o atiborrada de confianza. Ni siquiera Remus las tenía actualmente. Dudaba incluso de sus propias decisiones, así que bastó la respuesta de su amigo. Aún así, no dudó en colocar con brevedad su mano sobre el hombro contrario en un gesto de apoyo. No insistió en escuchar sus pensamientos, no en un sitio público, quizá más tarde, entonces podrían explayarse correctamente sin tanto barullo.
—Supongo que bastaría con enviar una carta a McGonagall para recibir de vuelta un vociferador —bromeó a su modo, intentando animarle. Su sonrisa fue disminuyendo hasta convertirse en un gesto sereno. Remus pensó en las personas que habían sido asesinadas, a aquellos que habían resultado heridos. Era una lista larga. No evitaba pensar en ella, pero intentaba no hacerlo—. No es fácil —admitió. Lupin aprendió a mantenerse tranquilo ante el dolor y la agonía, la sentía desde los 6 años—, pero tengo que esforzarme para no perder a nadie más —agregó apretando levemente los labios. No podía hacer más que creer que esto servía para algo—. Lo sé... De hecho, aún me extraña tener empleo —aceptó. Sus trabajos eran esporádicos por sus ausencias, pero al menos disfrutaba el pasar gran parte de su día rodeado de libros.
Soltó una risa ligera, casi ahogada, ante la broma del vociferador, como si el sonido le hubiera escapado pese al nudo que llevaba clavado en el pecho. —Definitivamente… sería de ella —admitió, negando con la cabeza pero con un brillo cansado en los ojos. Se frotó las manos, nervioso, como si algo dentro de él no terminara de asentarse. Sentía el gesto de Remus en el hombro como un ancla, una de las pocas cosas que le hacían recordar que todavía pertenecía a algún sitio. El comentario sobre lo difícil que era todo le provocó un silencio. Peter bajó la mirada, como si le costara sostener la idea de no perder a nadie más. Ese peso, él también lo llevaba, pero no se sentía capaz de confesarlo. No allí. No así. —Eres mejor en eso que todos nosotros, Remus —murmuró finalmente. — Siempre… manteniendo todo unido incluso cuando no tienes por qué hacerlo. No sé cómo lo haces. — Hubo una mezcla de admiración y culpa en su voz, muy sutil, casi imperceptible. Luego intentó recomponerse, limpiar cualquier rastro de vulnerabilidad con una sonrisa torpe. —La librería te queda bien —comentó, como si quisiera llevarlos a un terreno más liviano. — Te imagino ahí, regañando a niños que devuelven los libros arrugados. — Hizo una pausa, respirando hondo antes de continuar con algo más sincero, más bajito. —Y… gracias, Remus. Por… quedarte. Por seguir aquí. No sé si yo podría hacer lo mismo en tu lugar. — Levantó la mirada entonces, un intento frágil de sostenerla, de parecer más firme de lo que realmente estaba.—Haré mi parte —prometió. — Aunque me tiemblen las manos. — suspiró pensando en que cada vez le era más difícil.
Cruzada de brazos, Mary seguía mirando a aquel lugar donde debería estar su calabaza. Calabaza que había desaparecido. Y todavía seguía sin comprender cómo. Dejó escapar otro suspiro, algo que solía hacer mucho últimamente. "¿Mm?" Se giró para observar a Peter, su expresión mucho más curiosa que la pasada tristeza que se había apoderado de sus facciones instantes antes. "Claro que podemos hacer algo juntos en Halloween", aceptó de inmediato. Siempre había considerado a su excompañero como un amigo. O al menos, alguien cercano. De hecho, la muchacha estaba contenta de recibir dicha invitación. "Pero, ¿de verdad crees que puedes ayudarme a recuperar mi calabaza? La necesito para mi decoración de Halloween..." Y no lo iba a decir en voz alta, pero esta misma mañana les había prometido a su lechuza y gata que iba a traer la mejor calabaza de la feria. No podía volver con las manos vacías.
No tenía nada mejor que hacer y podía aprovechar la oportunidad de hacer algo diferente y quedar bien con alguien para variar. — Bueno, sólo si quieres y no tienes planes. Todos suelen estar ocupados últimamente — al menos las personas que le interesaban al muchacho. — Sí, creo que puedo hacerlo. — recordó el aroma de dicha calabaza y gracias a sus sentidos agudizados que le quedaban por transformarse en rata podía rastrearla sin dificultad. — Si no estoy mal creo que está en esa dirección — señaló el almacén de en frente donde guardaban cosas. — Se la llevaron para allá — señaló el lugar con la cabeza. — Podemos ir a ver — estaba más que seguro que se encontraba en ese lugar.
– Mira nada más, Peter Pettigrew siendo todo un caballero – rió suavemente, tomando la botella no pudiendo evitar sentir ternura por el gesto, entonces abrazó fuerte al más bajito – ¡Gracias mi pequeño! – siempre cruzaban caminos en el callejón, con lo platicador que es André no tardó en entablar conversaciones con el contrario – Me alegra que vinieras. Además te lo prometí en San Valentín – dijo, girándose un poco para mirarlo – No puedes pasarte todo el tiempo solo, cariño. Por eso estamos aquí – soltó una risa suave, empujándolo con el hombro con tono afectivo y juguetón – ¡Claro! Mi estimado camarada de los dulces. Confía en un profesional del azúcar – expresó con alegría pues con los conocidos que tenía y él siendo el cola inquieta que es ya se había estudiado el lugar – En un puesto están dando grageas edición especial de calabaza encantada, ¿o prefieres comer un cupcake de Halloween? Dime qué se te antoja y yo te llevo.
— Aprendí de ti — dijo sonriendo con suavidad pensando en sus amigos de siempre pero André era mucho más educado al menos en las interacciones que había tenido. — Creo que te debía un poco de la amabilidad que me has demostrado — se sonrojó al ser abrazado, no estaba tan acostumbrado a las muestras de cariño que venían de otras personas a las que no frecuentaba tanto. — No agradezcas, tu has sido demasiado amable cuando me regalas dulces y hablas conmigo — en sus breaks del trabajo solía coincidir con el joven y dado que André era el que hablaba era fácil para Peter seguirle la corriente. — Yo me alegro que me hayas invitado, últimamente todos mis amigos están siempre ocupados por todo: familia, trabajo y demás cosas de la vida adulta — y también que ellos eran mucho más sociables que él. — Oh gracias, tienes razón pero no me es tan fácil hacer amigos — sonrío con timidez. — Eso suena genial, profesional del azúcar. Suena cómo un título muy profesional pero quiero que sepas que confío en ti — y lo decía en serio, el joven tenía un gusto exquisito para los dulces. — ¿Sólo grageas de calabaza encantada? En una de esas me sale una sabor espantajo — suspiró con agravio pensando en su mala suerte. — Creo que el cupcake suena muy bien — tenía toda la noche libre así que podían recorrer y probar todo lo de los puestos (lo que después sería una muy mala decisión).
asiente apenas, sin demasiada ceremonia, y toma la caja con ambas manos como si no hiciera falta pensarlo demasiado. “bien,” dice simplemente, echando un vistazo rápido a su alrededor antes de empezar a caminar a su lado. el murmullo del lugar se mezcla con el peso liviano de la tarea, y cuando el silencio se vuelve un poco denso, deja escapar una pregunta casual. “¿has visto ya a los artistas?” inquiere, más por curiosidad que por charla. “parece que hay más movimiento del que esperaba.” añade luego, tono bajo, casi distraído, como si intentara disimular que la situación, por una vez, le resultaba un poco agradable.
Caminó sin poner mucha atención a lo demás, le agradaba que la chica fuera de pocas palabras pues él ya era demasiado torpe socialmente. — A algunos, la mayoría se encierra en sus camerinos — era la verdad, la mayoría apenas y cruzaba palabra con los empleados del lugar. — Sí, pero no es raro. después del toque de queda creo que lo más lógico es que las personas quieran divertirse después de estar encerrados. — eso pensaba al menos pero no era muy brillante y seguro se equivocaba.
Prefería que las misiones fueran más prácticas que otra cosa, pero por ahora una orden es una orden. Además le asignaron a Peter Pettigrew, ¿quién lo diría? Pocas personas lograban su interés y aún más escasas, le resultaban fascinantes y este chiquillo era eso, fascinante. Casi sentía regocijo por el hecho de traicionar a sus amigos, un mortífago como ella. Aún mejor había escuchado de sus tácticas de escape e infiltración (que eran más porque el pobre chico se escondía pero Alecto estaba en su fantasía). Cuando la saludó iba a omitirlo pero lo vió y se acercó más para hablar en susurro – ¿Eso es parte de la infiltración? – asintió – HOLA – salió más fuerte y macabro de lo que pareciera normal – ¿Lo hice bien?
No sabía porqué le habían asignado a uno de los hermanos Carrow. ¿Había hecho algo mal? ¿Sospechaban de él? Sólo sabía que eran bastante peligrosos y era mejor si se andaba con cuidado con ellos dos. Tenía que aceptar la misión o sería peor, pensó que lo mejor era seguir la corriente y ver que pasaba cómo lo había hecho todo el tiempo que había estado confiando en su buena o mala suerte y que las cosas salieran solas. — ¿uh? — como siempre poco entendía. — Ay — gritó echando un respingo para atrás cuando le saludó. — H-hola — se sacudió el pecho. — Oh, sí. Sí, magnífico señorita Carrow — trató de usar su servicial tono de voz. — ¿Qué es lo que tenemos que hacer? — estaba seguro que se lo repitieron más de una vez pero ya lo había olvidado.
"Peter" repitió para guardarse el nombre en su memoria, le guiñó un ojo para intentar liberar tensiones por parte de su paciente y después vio cómo era capaz de bromear incluso cuando él parecía en una situación estresante; aquello podría ayudarle con esa ansiedad que parecía estar dominándole. "Me alegra saberlo, así no voy a tener que amordazarte." bromeó de vuelta, riendo para que viera que ella también estaba bromeando. "Ahora vuelvo." No sabía si había sido buena idea seguir la broma, le daba vueltas mientras iba a la sala de personal que estaba cerca de las urgencias y comprobaba si el agua del kettle estaba caliente. Por supuesto, siempre estaba caliente. Aún tenía pequeños resquicios de su vida muggle que, por mucho que quisiera, jamás olvidaría. El agua del té siempre estaba en su punto perfecto por las tazas hechizadas, las heridas superficiales se curaban en segundos gracias a los ungüentos, los dolores de cabeza y de barriga igual... Aún no se acostumbrada de la vida tan asentada que tenía como bruja, pero el ataque mortífago y la muerte prematura de su hermana melliza ya compensaban todo eso. "Ya estoy aquí. Gracias por esperarme." comentó, entrando en la sala abriendo la puerta mientras hacía flotar la bandeja con las dos tazas de té, la leche y el azúcar con su varita. "Gracias por dar el paso tan grande de sentarte y querer hablar. Podemos hablar de lo que quieras, aquí estoy para escuchar sin juzgar y ayudarte en lo que pueda."
Peter se enderezó apenas cuando ella regresó, intentando borrar de su postura cualquier rastro de la inquietud que lo había acompañado desde que puso un pie en la consulta. Hablar, sentarse, ser escuchado… era todo lo que llevaba evitando durante semanas. Quizá por eso, cuando vio la bandeja flotando y el gesto amable de Violet, algo dentro de él se aflojó un poco. —No soy muy bueno con los… pasos grandes —admitió con una sonrisa tímida, encogiéndose apenas de hombros—. Pero pensé que… no podía seguir dándole vueltas solo. Ya no. — Sus dedos juguetearon con el borde de la taza antes de tomarla, absorbiendo el calor como si dependiera de él para mantener las manos quietas. —Y, bueno… —soltó una pequeña risa nerviosa—. Me alegra no tener que descubrir si realmente estabas dispuesta a amordazarme. Aunque… —levantó la mirada, con un destello leve de humor— creo que no habría puesto mucha resistencia. — El humor se apagó suavemente, dejando lugar a algo más honesto. Vulnerable, incluso. —Gracias por… volver. Y por no… mirar raro ni nada de eso —murmuró, sin saber cómo expresarlo del todo—. A veces uno se acostumbra a que lo traten como si fuera… demasiado. O como si molestara. — Inspiró, como si ordenara sus pensamientos antes de lanzarse a lo que había venido a hacer. —La verdad es que… últimamente siento que todo se me está haciendo una bola enorme —confesó, tocándose el pecho con dos dedos, a la altura del esternón—. Como si algo aquí dentro no dejara de apretar. Y no sé por qué, ni cómo pararlo.— Pasó la mirada por la consulta. Era pequeña, tranquila, segura. Un lujo.—Supongo que… eso es un buen lugar para empezar, ¿no? —preguntó, intentando sonreír, como si necesitara que ella confirmara que no estaba haciendo el ridículo. Aunque, por primera vez en mucho tiempo, se permitió creer que tal vez hablar sí podía servir de algo.
Sabía que no existía explicación creíble para lo que había estado haciendo. Pero esperaba que una buena actuación llena de dramatismo fuera suficiente para escapar del lugar antes de que fuera descubierta. Por eso, lo siguiente que hizo fue sollozar con más intensidad que antes. Se acercó a él, como si necesitara un abrazo. "¡No lo entiende!" Lo cierto es que ni ella misma sabía qué decir. Necesitaba algo con teatralidad suficiente, así que... "¡YA NO ME QUIERE! ¡¿SE LO PUEDE CREER?!" Le miró de la manera más patética posible. "¡Y ME HA DEJADO AQUÍ, EN EL MINISTERIO! ¡¿ES QUE NO HABÍA UN SITIO MEJOR?! ¡NO SÉ! ¡¿UN PARQUE?!"
A estas alturas Moody ya no sabía si reír o llorar. Algo le decía que esto era falso pero por el otro lado también habían pasado cosas más extrañas en estos días y la gente estaba bajo demasiada presión por lo que tampoco es que fuera algo descabellado y extraño. — No, no lo puedo creer — sentenció pero eso no lo hacía menos falso o más verdadero. — Hay mejores lugares para hacer eso aunque... — si mal no recordaba él dejó a una ex pareja en el ministerio hace algunos ayeres obteniendo la misma reacción. — Calmada por favor, será mejor que me acompañe — suspiró — De cualquier manera usted no puede estar aquí pero le dejaré pasar por el momento — no tenía caso angustiarla más.
Alzó las cejas, sin poder contener la incredulidad– ¿Nada? –repitió. Sin duda, no era esa la respuesta que esperaba. Longbottom era consciente de que no podían tomar decisiones apresuradas ni hacer algo grande, claramente, pero hacer nada era algo que no se le había cruzado por la mente– Pero sin duda debe haber algo que podamos hacer –insistió. Frank siempre estaba buscando soluciones, esperanza, hacer cosas. Esta vez no sería la excepción.
Frunció el ceño que se veía ya muy pronunciado — Nada — repitió contundente. — Claro, siempre hay algo que hacer Frank — le llamó por su nombre esta vez. — Pero se tiene que hacer con cierta cautela y preparaciones. Sólo podemos investigar de momento si hacemos un movimiento en falso podríamos poner más vidas en riesgo en lugar de ser una ayuda — no es que le gustara quedarse así sin hacer nada pero tampoco es que pudiera revelarse ante el enemigo.
Su mirada se mantuvo seria y, hasta cierto punto, quizás un poco desafiante, como si estuviera diciendo "yo no hago nada por corazonada", algo que no dijo en voz alta, dejando que fuese su trabajo el que hablara. Escuchó con atención, absorbiendo cada palabra y tratando de categorizar todo de inmediato. Parte de ella, se sentía satisfecha de que su idea fuera bien recibida ( la validación a su intelecto siempre le había gustado y aquello no había desaparecido con la edad, sólo mutado ), pero no había tiempo para quedarse con aquel sentimiento. Tenía más cosas en las que pensar y trabajar. Asintió, mientras una lista de tareas parecía desplegarse detrás de sus ojos– Están los espejos, para comunicarnos –aportó. Era la forma en la que ella se había comunicado con Dedalus al interior del hospital durante el ataque de Año Nuevo. Claramente, era algo que no podían compartir con todo el mundo, pero sí al interior de la Orden. Asintió nuevamente– Le diré –afirmó. Sturgis y ella ya parecían verse todos los días para apoyarse con esto ( de hecho, no le sorprendería que se apareciera pronto por el lugar ), y estaba segura que le alegraría saber que tenían un avance, por más que no fuese algo definitivo. Con lo demás, estaba de acuerdo en todo, no había nada que objetar. Su vista se había desviado hacia los pergaminos sobre la mesa, mas volvió a moverse hacia el mayor al oír la pregunta. La satisfacción de que su plan era bien recibido y de poder comenzar a moverlo se extendió en ella, pero no desde un espacio de ego, sino más bien de poder ser útil y ayudar. Era lo que perseguía desde hace años, desde su hermana menor, y aún más desde Benjy. Asintió con la cabeza– Lo tendré lo antes posible –se comprometió, aunque claramente no lo haría de forma acelerada y desprolija. Lo haría de forma responsable, pero sabiendo que el tiempo era algo que no tenían a su favor– ¿Algo más?
Moody no desvió la mirada cuando Emmeline sostuvo la suya con ese aire desafiante; de hecho, una de sus cejas se arqueó apenas, como si aquel gesto lo sorprendiera gratamente. Bien, pensó. Que no tuviera miedo de contradecirlo, aunque fuera en silencio, era justo una de las razones por las que confiaba en su criterio más que en el del resto. —Nunca dije que trabajara con corazonadas, Vance —gruñó, pero había un matiz casi imperceptible entre sus palabras: un reconocimiento tácito de su disciplina—. Si así fuera, no estaría aquí perdiendo mi tiempo contigo. — Se inclinó hacia los pergaminos cuando ella mencionó lo de los espejos, dando un leve asentimiento. —Eso servirá. Úsalos con cuidado. Y sólo entre nosotros —recalcó, golpeando la mesa suavemente con dos nudillos—. Lo último que necesitamos es que un idiota copie la idea y la desperdicie. — Cuando Emmeline afirmó que informaría a Sturgis, Moody resopló, casi como una risa contenida. —Bien. Ese muchacho trabaja bien bajo presión… casi demasiado bien. Manténlo con los pies en la tierra. — Observó el entusiasmo controlado con el que ella asumía la responsabilidad, la forma en la que ya estaba organizando mentalmente cada paso. Era precisamente ese tipo de mente la que mantenía viva a la Orden. —Lo tendrás cuando lo tengas —sentenció—. Prefiero un plan bien hecho a uno rápido que se venga abajo en dos días. — A su pregunta final, Moody guardó silencio unos segundos revisando la habitación sin prisa. —Sí —dijo al fin—. No te quemes en esto. Te necesitamos lúcida. Si ves algo que pueda meterte en un callejón sin salida, vienes a decirme antes de seguir cavando. — No era un consejo amable. Era una orden. Pero también, en su modo tosco y torcido, una preocupación real. —Eso es todo… por ahora. — Moody tomó el pergamino más cercano, dándolo por concluido, aunque seguía vigilándola incluso mientras aparentaba concentrarse en la tinta.
– Mierda –musitó por lo bajo. Tenía sentido, que metieran a su gente. Un departamento ya corrupto, probablemente se tornaría incluso peor– Hay que hacer algo, ¿no? ¿Se puede hacer algo?
Gruñó cómo cuando no sabe que respuesta dar, al menos no una que suene demasiado cruel y sin esperanza. — Siempre hay algo que hacer pero en este caso si lo hacemos tenemos que hacerlo bien y con prudencia. — realmente no quería actuar sin saber a que se enfrentaban.
"Eemm... perdona, pero estás en mi sitio." indicó con un tono un tanto seco, pero una sonrisa que intentaba ser amable acompañada de unos ojos fruncidos a modo de parecer simpática. "¿Te puedes mover?"
El joven se sobresaltó cuando la mujer le habló. La reconocía de vista por lo que levantó rápido — L-lo siento — dijo con timidez para dejarla sentar. — Lamento que la haya incomodado — balbuceó.
"Ay, no. No, no, no" empezó a retroceder. Iba a ocurrir otra vez, maldita sea. "¿Ustedes son imbéciles acaso? Si creen que no podrán soportar algo, no sé porque entran. Hay un letrero en la entrada que indica que si eres muy sensible, no deberías ingresar" señaló. ¿Es que nadie leía las indicaciones? (Ella tampoco, pero lo había escuchado). "¿O es que eres ciego?"
Estaba demasiado mareado y la voz de la contraria no le ayudaba a serenar sus cinco sentidos. Jaló aire pensando que había pasado el peligro por lo que se incorporó y se acercó a la chica para rebatirle. Para Peter el amigo de James, Sirius y Remus hubiera sido vergonzoso no entrar a la casa del terror ya que con sus amigos solían hacerlo todo el tiempo aunque claro sin ellos era más difícil de hacer porque a su lado podía abrazarlos en la oscuridad. — No vi ese letrero, cualquiera puede entrar si no para que lo ponen — y era verdad, de haber sabido lo hubiera pensado mejor. Cuando dijo la palabra ciego recordó a la chica que se le salían los ojos como un caracol y en un segundo todo lo que consumió con André Travers esa misma tarde salió por donde entro y fue a parar en el torso de Charlie Mulciber.
Bingo. Había logrado captar su atención, o al menos eso parecía. Ahora sí se veía más interesado que antes– No todo el mundo puede estar en dos lugares tan opuestos y ocultárselo a sus amigos –el tono que empleó podía incluso interpretarse como admiración, aunque no lo era. Sólo curiosidad. Con un movimiento de su varita, lo ayudó a prender el cigarrillo, a la vez que encendía el suyo propio– ¿Y cómo lo llamarías entonces? –preguntó, interesada– Es algo inteligente. Elegir la supervivencia. Claramente, no te rodeas de gente que tenga ese instinto –meneó suavemente la cabeza.
Mentiría si diría que no estaba concentrado en la conversación ahora e intrigado por su acompañante. — No, no todo mundo puede. Más no quiere decir que sea imposible — se quedó pensando un momento en eso. — No es algo que deban de saber — afirmó. Le dio una calada al cigarrillo para mirarla luego — La palabra que dijiste, ocultar — repitió. — Prefiero pensar que sólo les oculto algo que podría lastimarles profundamente — en sus adentros quería convencerse de eso, que estaba haciendo lo correcto. — No, la verdad es que ellos creen que tienen oportunidad alguna ¿sabes? Y mucho tiempo lo pensé, precisamente por eso los admiré tanto porqué todo lo podían. Todo. No había nada que James Potter, Sirius Black y Remus Lupin no pudieran hacer bien. Todos ellos con sus diferencias y debilidades. — Le explicó sin saber porqué estaba diciendo algo muy privado para sí mismo. — Pero contra el Señor Tenebroso no pueden, ni si quiera ellos. — Mucho tiempo Peter pensó que no había nadie que fuera más genial ni perfectos que sus amigos.
Dejó salir aire en lo que parecía un suspiro– ¿Pasa algo más, Peter? –preguntó, al cabo de unos segundos. Su tono no era molesto, ni nada remotamente cercano a aquello, sólo curioso. Y preocupado, si era honesto. Sentía que su amigo quería decir más de lo que estaba diciendo– Suenas... preocupado –no era esa realmente la palabra, porque claro, todos estaban preocupados, pero no sabía cómo más podía plantearlo.
James... ¿preocupado? No, no es solo eso, es... todo. Peter no sabía como le hacía para parecer al mismo tiempo tan sereno. —No es... nada malo, James. Solo... —Miro a su alrededor, como si las paredes pudieran tener oídos —. No estoy... bien. Es difícil no estarlo, ¿verdad? Con todo lo que está pasando. Tú siempre sabes qué hacer. Tú y Sirius, y Remus... Son tan valientes. Y yo... — suspiró pesadamente. —Solo tengo miedo de... de quedarme atrás. ¿Sabes? De no ser tan útil cuando de verdad importe. No quiero ser la carga, no quiero que... que tengan que preocuparse por mí también. — Bajó la vista, jugueteando con un nudo en la tela de su pantalón. Su voz es un poco más baja de lo normal. Necesitaba que le reafirme, que le diga que es tan importante como los demás. Es su mayor inseguridad. —Simplemente... ¿Estamos haciendo lo correcto? ¿Podemos realmente ganar? A veces me despierto en la noche pensando en eso... Y no, no te estoy diciendo que vayamos a cambiar nada, ¡claro que no!, solo... solo dime que crees que sí podemos, James. —
Le habían asignado una misión, más que misión era más un encargo pero de todos modos estaba nervioso por qué quería hacerlo bien y no quería ocasionar ningún problema pero cuando miró quien era la persona que le asignaron para dicho encargo el color abandonó su cuerpo. — oh — musitó pensando ¿en qué me metí esta vez? cuando Alecto Carrow se acercó a él. — h-hola — dijo temiendo desmayarse en ese momento. @chestofwonders