Aquellas palabras tan llenas de lascivia y curiosidad alimentaban el alma de la mujer carmesí, le divertía ver como su mayordomo cambiaba el rostro para mostrar a su verdadero yo, ese ser sobrenatural que traía la muerte.
—¿Por qué no mejor divertirnos juntos, Grell? Ya sabes, tú, yo y una meretriz a la cuál teñir de ese hermoso rojo que tanto te gusta —mencionó con un ligero interés, ya había seleccionado a su próxima víctima, aunque, quizás, podría esperar un poco más. —O bien, puede que quieras hacer algo más…conmigo —
Ante la tentadora propuesta, se acercó a ella con lentitud hasta que alcanzó a sentir su respiración, tan suave y calmada como siempre, pero no por ello dejaba de ser la fiera que lo capturaba con solo recitar semejantes palabras. Se limitó a rozar con la punta de sus dedos tan frágiles labios que se coloraban con un hermoso maquillaje color rojo.
Ese color que tanto le incitaba al pecado, a la perdición.
Aquel que despertaba la llama de sus más ardientes pasiones.
Lo necesitaba.
Su retorcida mente lo pedía.
--Uhm... eso suena divertido -- comentó apartando la mano del rostro ajeno, entumecido por su encanto --Quiero que lluevan lágrimas carmesí esta noche --aunque eso implicara quebrantar las normas como Shinigami, estaba dispuesto a hacerlo, solo por satisfacerse -- Y luego... quien sabe, quizá quiera hacer cosas contigo --agregó entre risitas risueñas.














