Largos momentos de silencios internos en donde se concentraba para recitar a futuro el monólogo de Gwendolyn en “La Importancia de llamarse Ernest” de Wilde. Había preparado un papel tan similar a una princesa de Disney, inocente, corrompible, ingenua y un poco infantil. Dado vueltas por el banco que se había adueñado para preparse a medida que interiorizaba las palabras como si fueran suyas, adueñándolas, asimilándolas para que sonaras reales y creíbles. Más en cuando regresó la mirada, el guión no estaba. Sabotaje. Bien, podía con eso, sabía que era mejor que eso y que por algo le sucedía eso — Bien, ya, ¿Has visto a alguna fracasada con cara de pánico que se llevó mi guión? — Cuestionó a la primer persona que cruzó el sendero.









