Querido hermano, no acostumbro seguir las tontas costumbres humanas pero hay una celebración que atrapo mi atención. Entregan presentes a las personas amadas y al ser tu mi propio reflejo y hermano amado, he decidido caer en esta rutina y traer un regalo - Extendió sus manos hacia el contrario, entregando un hermoso ramo de rosas blancas.- Espero sean de tu agrado.
Tu cuerpo giro al instante de escuchar la voz de la gemela lunar ofreciéndote un sorpresivo presente. Tan acostumbrado estabas a ser agasajado con ofrendas que una más no debería haberte asombrado, de no ser por la entidad que te las ofrecía aquella vez porque a diferencia de ocasiones anteriores ella si que te importaba.
Levantaste las manos para recibir el ramo con una suave sonrisa ladina en tu precioso rostro, sonrisa que ponía en claro cuán hondo podía llegar a ser tu afecto si se involucraba la persona adecuada.
“Hermana mía, tu regalo le ha dado sentido a esta absurda costumbre mortal. Sabes que no necesitas darme nada más que tu compañía, pero que hayas elegido estas hermosas rosas para mí no va a pasar desapercibido” dijiste, atesorando como dos partes de un mismo ser aquel tesoro. Después tomaste una de las flores y con mucha delicadeza la pusiste en la cabellera de la diosa lunar como un ajuar casto que le recordará esa virginal belleza que adorabas desde niños. “…Como lo creí, incluso ellas palidecen a tu lado”.









