Con un andar cauteloso y la mirada clavada en su mascota, un joven cuyas hebras podían confundirse con el azul del mismo cielo paseaba a un pequeño perro, que olfateaba el suelo con una nariz pequeña, oscura y húmeda. Los dedos del muchacho sostenían la correa del animal quien, contra todo pronóstico, decidió que correr sería bueno para su amo.
— ¿¡N-Nigou!? —un quejido brotó de los labios del muchacho, pronto presa de una carrera que -por fortuna- no lo arrastró demasiado lejos.
Una figura alta en medio de la multitud de transeúntes parecía ser el objetivo del perro. Kuroko no necesitó adivinar de quién se trataba, pues esa figura esbelta y cabellos tan relucientes como los rayos del sol le resultaba claramente conocida. El animalito ladró a los pies de su antiguo compañero de equipo intentando llamar su atención, así que Kuroko optó por salir de las sombras y saludar como era debido, mientras tomaba entre sus brazos a Nigou.
— Kise'kun. Qué sorpresa encontrarte por aquí.
















