Ante la muerte de Ahmar, Valeria había tenido la maravillosa oportunidad de acercarse mucho más a su hijo.
La historia de que era una buena amiga de su madre y había llegado a apoyarlos en el difícil momento, había sido lo suficientemente convincente para que Maks la dejase entrar en su vida, aún en un momento como ese, pues ni siquiera recordaba que ya la había conocido, cuando era tan solo un bebé.
Era una cosa muy difícil no poder decirle a su único hijo que ella era su verdadera madre y que siempre lo había querido, pero la vida de Maks ya se había desarrollado de una forma y llegar luego de tanto tiempo con una noticia como esa, tan solo lo dejaría cuestionándose todo y con una gran desconfianza en las personas que lo rodeaban. Además, estaba demasiado agradecida con Pía, por haberle permitido un contacto bajo las reglas de Ahmar, y no cabía duda que la rubia era una magnifica madre y que Maks estaba en las mejores manos.
Pía se merecía un hijo y nunca podría simplemente quitárselo.
Hoy en día, llevaban una relación muy unida casi como madrina–ahijado y la castaña procuraba visitarlos tanto como su día a día se lo permitía, que afortunadamente, ya no tenía nada que ver con la prostitución.
Pía le había contado por teléfono que desde hace unos días notaba a Maks bastante diferente, que lucía triste y sin ganas de hacer nada, por lo que, preocupada por su hijo, fue a visitarlos tan rápido como pudo.
Tocó la puerta de la casa con tranquilidad y aguardó a que alguno de los dos abriera, que sinceramente, esperaba que fuera la rubia, ya que le gustaría hablar con ella antes de ver a Maks.
Sus deseos se cumplieron cuando ésta abrió la puerta y la castaña salió entonces de sus pensamientos, aunque todavía conservando un poco de preocupación en sus facciones. “Hola, ¿cómo estás?” Dijo primero a Pía, antes de dejar un beso en su mejilla como saludo. “¿...Cómo está él? | @attxntion-whorx