La muerte es un tema egoísta, no nos duele por qué nos quite algo si no por que lo necesitamos con nosotros.
Cuando muere alguien cercano a ti es doloroso pero cuando algo en ti se muere duele muchísimo más, te estás perdiendo y no sabes cómo recuperarte.
Un día cualquiera despiertas, respiras y crees que todo ando en sus rieles pero a la más mínima inclinación tu tren se sale de la via y no cantas cuando te bañas, ni haces gestos divertidos cuando te lavas los dientes. Todo da igual.
Y como en la vida y en todo, hay fases.
Te pesa mucho saber que es a ti quien te toca y niegas el hecho de que todo te debe de pasar a ti, que no tienes la necesidad de estar tirado en la cama y no aceptas que te han defraudado una vez más, dices "¿Porque yo, chingados?", No puedes estar mal, no quieres sentirte mal, no quieres pensar mal. Pero ¿Que creen?, Hemos caído al agujero.
Y es que no lo puedes entender, sientes que eres una persona buena. No causas malicia y tus intensiones nunca han sido malas, ¿Porque tiene que tocarte este destino?, Y está pregunta te inunda cada vez más, "¿Porque?", "¿Que hice?", Y sales y corres, te escondes y le gritas al cielo exigiendo una explicación de porque todo está saliendo mal, que alguien te explique por qué estás ahí.
No hay respuestas, solo tú incertidumbre. Te desesperas y hablas gritando a quien se te ponga en frente por qué nadie es capaz de llenar el vacío de tu corazón, por qué nadie es suficientemente capaz de ver cómo te duele vivir, que te estás asfixiando y piensas que todos son egoístas y qué nadie cree que seas una persona que siente, que tiene emociones y que es frágil y que incluso puede llorar. Nadie lo entiende.
Lo que a ti te enfada es que nadie te está viendo morir.
¿Habrán sido necesarios los gritos, las peleas?
Te sientas un día en la mañana en la mesa con una taza de café, viendo al infinito, meditando. ¿Cuál es la raiz de tu problema?, Y regresas y regresas y regresas, paso por paso y te das cuenta de cada maldito error, uno tras uno tras otro y sin querer te estás dañando la mente sobrepensando tus acciones que para otros no son correctas por qué la moral no les permitió y lo arruinaste. Tú eres tu problema. Duele respirar, duele mirar a otro lado, duele hablar, duele sentir. La culpa que se siente en tu pecho la causa el proceso de sentir y sus consecuencias, tienes la culpa por creer que debías expresar lo que pensabas bien.
Miserables, sin sentido, sin ganas. Tumbados en la cama o en el sillón sintiéndote más invisible que estás.
Te sientes muerto en vida.
No te sientes necesario, todos siguen con su vida pero las ruedas de tu tren se estancaron en el lodo y no avanza, tu tiempo ya no está corriendo.
Son las 4 de la mañana y se te olvidó dormir, ni eso puedes hacer. Aunque te hayas dado un toque para consolidar el sueño puedes pegar el ojo y solo tal vez, solo quizá, es tu momento de brillar en el cielo, es momento de avanzar pero sigue siendo la desición más fuerte de tu vida.
Haces el recuento y te haces una última pregunta.
"¿Seguir o ir al más allá?"
Y todo queda en blanco nuevamente, nadie lo decidirá por ti, tú tienes que escoger siendo lo más justo posible y te jode, tu mente no está clara, está llena de maraña, todo da vueltas.
Solo si no has terminado aquí seguirán los otros dos.
El orgullo es un pecado pero a veces es nuestro salvador.
Muy dentro de ti piensas que no debería haber nadie capaz de tumbar lo que has construido dentro de ti por tantos años, que puede que haya algo más. Te despiertas nuevamente de madrugada y crees que llegó tu momento pero en esos instantes mantuviste la fe de un último intento, algo que posiblemente marque la diferencia. ¿Inocencia o crédulidad? Quizá ambas. Pero piensas con sinceridad para ti mismo que si ya habías intentado algo más y has fallado en el intento es por que algo tendrá que pasar, un motivo, una razón, una esperanza, una visión o simplemente un suspiro nuevo.
Cuentas hasta 3 y sigues adelante.
Lo que murió a lo mejor era necesario. Creaste una nueva personalidad que váyase a saber si causa un bien o mal común, pero no te importa. Sigues aquí. Existes.
Tomas todo lo anterior para recudir errores por qué no estás dispuesto a verte en el espejo morir nuevamente. No puedes verte moribundo, desvelado ni con los ojos hinchados.
Aquí es cuando te das cuenta después de días, semanas o incluso meses que no te mereces lo que sufriste.