Espaguettis con picadillo
En la mañanita fui al Office Depot de Morelos y me atendió en caja un tipo parecidísimo a Tony Soprano. Inmediatamente me puse a pensar en un spin-off en donde Tony finge su muerte y entra a protección de testigos y lo mandan a México donde termina de gerente de una papelería -onda Better Call Saul-. Luego llego yo y lo reconozco y lo sonsaco para dar un golpe en el Cuidado con el Perro que está por Plaza México. Al principio Tony no quiere saber nada de la vida gangsteril; pero yo soy muy terco y anhelo convertirme en capo siciliano y por eso mismo voy todos los días a sacar copias y a comprar engrapadoras hasta que lo convenzo de participar en el robo. Al final cede pues al fin de cuentas extraña la adrenalina de un buen crimen y pues lo que sea de cada quien el buen Tony lleva el adn maleante en la sangre. Estudiamos el caso por algunas semanas: los horarios, las cámaras, las costumbres y dinámicas de los vigilantes y veladores. Descubrimos un guardia que tiene una debilidad por los churros con cajeta y lechera, y le compramos todos los días una bolsita de a tres y nos hacemos su amigo hasta que, gracias a mis habilidades de carterista, le saco las llaves de su mochila de dora la exploradora. Un domingo de madrugada por fin nos sentimos preparados y, pese cartel de advertencia "Cuidado con el perro", entramos al local para robar la valiosa mercancía. Aunque por poco accionamos las alarmas láser y claro que se presentan algunas dificultades, a fin de cuentas nos salimos con la nuestra y cometemos ese gran golpe que ya dibuja una amplia y contundente sonrisa entre los cachetes de Tony. Y le digo al Gordo: Gordo, ¿ahora qué sigue? Y él me responde: nada Flaco, esto fue sólo por la nostalgia, no te hagas ilusiones. Está bien; le contesto. A la noche siguiente con las ganancias del botín invito a Tony a cenar en el Andolini. Comemos y bebemos como si fuéramos los protagonistas de una película de mafiosos italianos. Tony, ya borracho, me cuenta anécdotas de su pandilla. Su rostro rechoncho se enciende como brasa a cada historia y a cada carcajada. Y yo le digo, insistente: Gordo, ¿ahora qué sigue? Pero el Gordo pide otra botella y enciende otro cigarro. Le platico de mi nuevo plan infalible e inesperado: ¿sabes cuánto dinero guardan en las cajas de la Parisina luego de un 16 de septiembre? Tony, de nuevo, se queda en silencio. Y yo, agudo como soy, ya conozco esa mueca cómplice de Tony; así bebo un sorbo más de tinto y sonrío muy satisfecho: algo me dice que esta historia promete por lo menos cinco temporadas...
[yo creo que sí se arma, le voy a mandar el argumento a la Netflix]








