Estaba sentada al pie de las escaleras de la entrada a la casa, con dos niños que no quisieron entrar alegando que les asustaba lo que podían encontrar. Tabatha se había quedado con ellos mientras lo que parecía su hermana y algunos amigos, entraban. Había decidido contarles una historia de terror, esperando que pudieran manejarlo e iba a mitad de esta cuando reconoció una silueta conocida —¡Bienvenida a la casa del terror!— exclamó con una sonrisa —Te aseguro que nada de lo que hay ahí adentro da más miedo que tu futuro incierto. // @autcmn














