Cuando la voz anunció con voz monótona que ella había resultado ser la compradora del español, su cabeza se puso a maquinar rápidamente una idea, una decente para pasar las próximas veinticuatro horas satisfactoriamente. Pensó que conocía poco Marsella y, dado que al rubio tampoco lo conocía mucho -por no decir casi nada-, se le ocurrió que tal vez algún tipo de excursión podría ser una buena opción. Fue al encuentro del muchacho una vez finalizada la subasta, emocionada por su idea y a la espera de que fuera del agrado del contrario. –Hola, príncipe. Soy Hella y me complace decirle de que soy la afortunada de pasar veinticuatro horas en su compañía –inició divertidamente. –Le he estado dando vueltas a una idea que se me ha venido a la mente hace rato –continuó. –¿Qué le parece una excursión a la Abadía de San Víctor? –preguntó, guiñándole un ojo al final de su charla. {@is4dxl}












