No sabía como había logrado llegar a su habitación. No sabía que hora o día era. La vista la tenía tan nublada por las lágrimas que no veía muy bien por donde iba. Se sentía débil, muy débil. Estaba mareada, no escuchaba bien, parecía no estar presente. Subió las escaleras con dificultad, casi cayéndose. Se obligó a llegar a su cama, y una vez que llegó ahí, se tiró en ella, soltando un largo suspiro. Estuvo en silencio por un tiempo, hasta que este se quebró. Las lágrimas imploraban por continuar cayendo. La cabeza le dolía, y todo lo que había pasado le parecía tan lejano, como si no fuese verdad, como si fuese un sueño. No pudo evitarlo, en segundos ya estaba llorando de nuevo. Se abrazó a sí misma, haciéndose bolita y llevando sus piernas a su pecho. Lloró por lo que parecieron días, aunque sólo fueron algunas horas.
Eran las nueve de la noche. Gateó con dificultad a su mesita de noche. Sacó un pergamino, tinta y una pluma. Apenas se mantenía despierta, estaba cansada, muy cansada, y no sabía muy bien que hacía, pero estaba segura de las palabras que estaba por escribir. Tomó la pluma con dificultad, y escribió con una letra temblorosa y poco legible:
Remus:
Te mentí.
Mentí porque tenía miedo, mentí porque creí que era lo mejor. Pero mentí. Mentí y fue cobarde, pero tal vez necesario. Tal vez así puedas superarme y ser feliz con alguien más... Tal vez así yo pueda superarte.
Mentira, eso nunca va a pasar.
Cerró los ojos por un momento, pero se obligó a abrirlos de nuevo.
Te amo. Y me di cuenta hace poco. Me di cuenta cuando veía tus ojos y pensaba: Quiero estar contigo el resto de mi vida. Me di cuenta, y fue muy tarde. Fue muy tarde y ahora te mentí y ahora nunca podré decírtelo. Y ahora ya no estás en mi vida, y no sé que hacer. Te necesito. Nunca había necesitado a alguien, pero contigo lo hago. Contigo todo es nuevo, y me asusta.
Me destrozó hacer esto, me destrozó. No sé como estar sin ti, no quiero estar sin ti. No sólo rompí tu corazón, rompí el mío... Y se supone que nada rompe mi corazón. No desde Allegra. Pero tú, tú llegaste y cambiaste todo lo que conocía. Cambiaste mi vida, cambiaste el mundo en el que vivía.
No sé como expresarlo, pero te amo. Y ojalá lo hubieses sabido, ojalá me hubiese dado cuenta antes y te lo hubiera dicho, pero es muy tarde, ya todo está arruinado. Ya no estás aquí y ya no volverás a estarlo. Y es mi culpa, es mi culpa.
Me detesto, soy una terrible persona por hacerte esto... Nunca fui buena para ti. Nunca fui la chica que merecías. Tú eras tranquilo y yo era un torbellino. Tú tenías muchos secretos y yo ninguno. No entendía cosas, pero tú sí, y te reclamaba por hacerlo. Nunca fui buena para ti, nunca te merecí.
¿Qué tipo de persona hace esto? Yo. Yo no era así, no sé que me hiciste. Me debilitaste, me volviste más blanda, me hiciste... Suave. Me cambiaste, y cambiaste todo a mi alrededor.
Ahora siento que no puedo respirar sin ti, no tengo aire, no sé que hacer sin ti. No siento nada, no escuchó nada, no veo nada... Todo parece tan tonto sin ti.
Así que estoy recargada en mi cama, llorando, porque te dejé ir. Porque dejé ir al único chico que he amado, y a quien, estoy segura, amaré siempre. No habrá nadie más, no habrá persona que me haga más feliz que tú, no habrá persona que necesite mas que a ti. Y tendré que aprender a vivir con eso, tendré que aprender a aceptar que ya no hay nada.
Hace mucho que no me dolía algo tanto. Me siento vacía sin ti. Como si te hubieses llevado mi felicidad contigo.
¿Cómo pudiste creerme? ¿En serio creías que no te quería? ¿En qué mundo cabe la posibilidad? Eso nunca pasaría, eso es imposible, eso es algo ilógico. ¿Cómo lo creíste tan fácilmente? ¿Cómo?
No sé que hacer conmigo misma, ni con mi vida. Te perdí y no sé que estoy haciendo. No sé que voy a hacer sin ti. No sé como estar viéndote y sabiendo que nunca volveré a abrazarte, que nunca volveré a besarte.
No sé como pasó, pero me enamoré al punto de no encontrarme, de no reconocerme. De no saber que hacía. El amor te cambia, el amor no te pide permiso. Y yo estoy en un hoyo, un enorme hoyo, tan grande que no puedo salir de él.
Ya no estás aquí, ¿qué voy a hacer sin ti?
Pero ojalá y supieras que te amo. Y que lo he hecho desde hace un largo tiempo.
Siempre estás en mi mente. Siempre. No hay nada más ahí que tú.
Me siento hundida sin ti...
No sé que quiero hacer... Ya no sé.
Lo siento.
Un gemido traspasó los labios de la chica. Cerró sus ojos con fuerza mientras soltaba un fuerte sollozo. Las lágrimas volvieron a caer. Dorcas se tomó la cabeza y soltó otro sollozo, al tiempo que negaba con la cabeza. Tomó el pergamino y lo destrozó con furia, sintiéndose estúpida, inútil, la peor persona. Lanzó los pedacitos lejos. Tomó el tintero y lo lanzó con fuerza contra una pared, se hizo añicos, derramando su contenido. Lanzó la pluma por la ventana, dejó que el aire le refrescara, y observó la luna, se veía distante y sola, como ella. Bajó su mirada hacia su pecho, donde yacía el collar que le había regalado Remus en su cumpleaños. Siempre estaba ahí, no había día u ocasión en el que se lo quitara, pero ahora lo haría. Lo colocó dentro de un cajón, sin decir nada.
Regresó a su cama, dónde se hizo un ovillo y se meció con suavidad mientras observaba en silencio los rayos de luna que se filtraban por la ventana. Abrazaba con tanta fuerza sus piernas que creía que iba a romperlas.
Ni si quiera en las noches después de su secuestro había estado así. Sólo recordaba una vez, y ya había pasado mucho tiempo.
No podía dejar de llorar y de desear que Remus estuviera aquí, abrazándola y diciéndole que no pasaba nada.
Pero no era así y no iba a ser así.
Cerró las cortinas de su cama, con su varita colocó un hechizo protector y se encerró ahí, incapaz de dejar de llorar.