Despertó alterado otra vez, esas pesadillas seguían pasando, de como el auto lo atropellaba, veía todo perfectamente, de otra perspectiva. Estas cosas sucedían cada noche, ya había pasado una semana desde el incidente, pero no se podía acostumbrar, tampoco quería hacerlo—.
—¡Grettel! ¡Grettel! —exclamó alterado y con su cuerpo sudado— ¡Grettel! —gritó por ultima vez, cuando sintió la puerta abrirse, su vista rápidamente fue a ella, la chica que estaba parada con los ojos bien abiertos—.
—¿Qué sucede? —preguntó la castaña, tratando de calmar su voz alterada, casi como la del muchacho—.
—Sigue sucediendo... —susurró Eithan, sentado en la cama mirándole fijamente, con los ojos casi llorosos—.
—Bueno, acuéstate —ordenó ella, pero no en un tonó de voz severo, eso hizo que hiciera el mandato. Él sólo se digno a ver como se caminaba y tomaba un libro que tenía en un pequeño estante—.
—¿Te moleste? —preguntó casi en un murmuró tímido, procurando no hacerlo, ya que como se menciono antes: Esto siempre pasaba—.
—No —contestó abriendo el libro donde lo había marcado la ultima vez—. Me gusta está historia, igual.
—Gracias —le sonrió, estaba realmente agradecido, no podía creer que alguien hiciera tantas cosas sólo para que estuviese feliz, esas pequeñas actitudes le gustaban. Grettel devolvió la sonrisa, pero no de la forma que siempre lo hacía, le dolía ver a su hermano así—.
—"Orpheus fue el gran poeta más grande que jamás haya existido. Su música era tan hermosa, que cuando tocaba, los ríos dejaban de fluir, los vientos dejaban de soplar, y los cielos se abrían, así que sus maravillosas melodías se oían por los dioses del cielo. Un día, su esposa, Eurídice, fue mordida hasta la muerte por las víboras. Abrumado por el dolor, Orfeo tocó canciones desgarradoras de su lira. Los dioses se movían, y así aconsejo a Orpheus viajar a la tierra de los muertos, y cantar canciones de Hades para negociar por su esposa. Así fue como el corazón de Hades se ablandó y le permitió a Erudice salir con una condición: Que Orfeo siempre caminara adelante, y nunca mirara atrás" —finalizó de leer, cuando quito su mirada del libro, pudo ver a su hermano, completamente dormido. Se levanto con cuidado y volvió a su habitación. Tal vez, ahora pueda dormir—.















