EL TANGO ESPERA - Parte 2
Por Juan Mathias . Especial para 10 Ahora
Parte 1, disponible aquí
En esa especie de escenario imaginario apareció Ginnette, una morocha con presencia que se aprontaba a dirigir la danza. Explicó, demostró y corrigió las veces que fueron necesarias a todos los entusiasmados aprendices. Me gustó el clima, la actitud de los novatos bailarines y la paciencia de Ginnette. Apenas terminó la clase, me acerqué para hablar con ella sobre lo que empezaba a descubrir: “Esto es un mundo paralelo. Los que habitamos las milongas sabemos lo que significa para nosotros. Acá hay magia. Bailo hace 12 años. Mi papá me llevo a una milonga de chica y de ahí no paré. No importa la edad, lo importante es sentir el tango dentro”, afirmó. Volvió la música. Esta vez fue Julio Sosa, con un clásico, el que hizo despertar a los bailarines que quedaron y a los nuevos que habían llegado. Ginnette ya no era ella: su cara indicaba el fin de la charla y el deseo de dejarse llevar por la danza.
Me sentía gratamente sorprendido. El bar explotaba de gente. Las risas y el compañerismo eran ya parte de la historia. Pensé que ese lugar era genial. Aunque mi mente inquieta me llevo a preguntarle a Jorge, un hombre que sentado en una silla demostraba ser un habitué milonguero: “¿Sólo acá se baila maestro?”, pregunté. Jorge me miró como si mi pregunta hubiera sido en algún idioma de medio oriente. “No querido… Está la Original, la del América, Chiqué, Arrabal, Insurgente, Centro Castilla y León, Tango Brujo, los primeros sábado del mes acá, los terceros jueves por allá”, dijo. Las últimas ya no las escuché. Me había quedado aturdido de mi profunda ignorancia. Cómo no saber que todo esto pasaba en mi ciudad…
Esa semana recorrí todas las milongas que pude y confirmé que cientos de marplatenses, noche a noche, disfrutan del hermoso compás del tango. De sentir bien cerca al otro, de dejarse llevar o de tomar las decisiones. De aprender a bailar y pasar a la práctica directa. El mundo de las milongas no es sólo un momento de baile… Es un lugar donde mover el cuerpo. Es un espacio donde se conocen todos, aún si es la primera vez que vas. Es un pequeño hueco en el tiempo donde bailar es parte de vivir feliz.













