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CULTURA DESDE LAS ALTURAS
Al visitar la ciudad de Tánger y subir a la zona de las cubiertas de las casas vimos que era un escenario sorprendente, la luz, las puesta de sol, el mar, la brisa, la diversidad de alturas, el contraste… Había que sacarle partido a ese espacio; del bullicio y las calles estrechas en sombra de la medina, subes a una cota superior y apareces en “otra dimensión” otra cara de la ciudad que, no es la que se ve a simple vista. Pensamos que esa belleza y esa esencia tendría que potenciarse de alguna manera.
En Sevilla, se utilizan las azoteas privadas, haciéndolas públicas para diversos usos, encuentros culturales que pueden disfrutar todos los ciudadanos, de algún modo se transforman esas azoteas particulares en un uso público que sirve a la ciudad.
Nuestra propuesta en Tánger sería algo similar, una iniciativa ciudadana en la que los ciudadanos propietarios de esas azoteas permitieran que se celebraran reuniones, espectáculos, actos culturales, música, teatro, en definitiva, habitar las cubiertas de las viviendas, de este modo se promueve la relación entre los ciudadanos, la vida social y disfrutar esas maravillosas vistas de ese colorido de cubiertas. Es una buena manera de así conocer la cultura, pasarlo bien y conocer gente.
Para que las azoteas se utilicen para algo más que para tender la ropa al fuerte sol, queremos fomentar que se utilice ese espacio en altura, para poder contemplar la ciudad y el modo de vida desde un punto de vista diferente. Relaciona al ser humano con el mundo: entre la casa y el entorno social en el que vivimos, y trataremos con nuestra propuesta de entrelazar ambos conceptos.
Creamos una malla urbana, un elemento continuo que de alguna manera comunique todas las cubiertas que se encontrarían abiertas al público, que dé sombra y cobijo.
HABITAR LA CUBIERTA, LA SOMBRA, LOS OBJETOS, EL ESPACIO PÚBLICO… PROPUESTA
Habitar la cubierta, la sombra, los objetos, el espacio público… Nos encontramos entre esa tercera y cuarta capa de la estructura simbólica que nos relaciona al ser humano con el mundo: entre la casa y el entorno social en el que vivimos, y trataremos con nuestra propuesta de entrelazar ambos conceptos para el caso particular de la ciudad de Tánger.
El lugar físico en este fenómeno juega un rol determinante, pues es el espacio construido aquel que podría dar las claves de la constitución del espacio subjetivo y será aquí donde nos situaremos: en un espacio público minado y reducido al simple experimento de tránsito entre la calle (territorio de lo público) y la vivienda (territorio de lo privado), sin umbrales, sin espacios intermedios de relación, sin convivencia colectiva.
A pesar de su completa desafección de la actividad de la ciudad, las cubiertas se tornan en lugares des-habitados, externos, extraños, de límites difusos, nómadas… Podríamos incluso establecer una visión objetiva desde estos vacíos urbanos como estructura de la ciudad, quedando manifiesto el mundo como movimiento nómada, lugares abiertos y ambiguos, lugares para respirar y ser respirados de otra forma muy diferente a la actual.
Habitar implica reconocernos e identificarnos con nuestro entorno. La identidad del hombre está constituida por los objetos, objetos entendidos como elementos que limitan el espacio concreto del usuario y contribuyen a marcar su hábitat y profundizar su arraigo. En este sentido, no son necesarios objetos físicos para identificar el habitar: la proyección de un espacio, la sombra, lo efímero de una instalación, la arquitectura de límites difusos entre lo público y lo privado, entre la naturaleza y la construcción humana, entre lo preexistente y lo nuevo, etc. Son las necesidades más básicas y primarias las que dan el sentido a las claves del habitar: la luz, la sombra, la penumbra, el color…
Este será en marco conceptual y operativo en el que se enmarcará nuestra propuesta.
La necesidad de fortalecimiento de un espacio de lo público, en un intento de clarificación conceptual que apunta a los deslizamientos y matices presentes en esos discursos.
De manera muy general, se puede sostener que el par público-privado se mantiene adheridos al menos tres sentidos básicos. Tal vez sea más preciso hablar de tres criterios heterogéneos para trazar esta diferencia.
a) Lo público como lo que es de interés o de utilidad común a todos, lo que atañe al colectivo,lo que concierne a la comunidad, en contraposición con lo privado, entendido como aquello que se refiere a la utilidad y el interés individual. De allí también que, en algunas definiciones, el término público aparezca como“lo perteneciente o concerniente a todo un pueblo, lo que emana del pueblo”, del populus.
b) Lo público como lo que es y se desarrolla a la luz del día, lo manifiesto y sostensible en contraposición a aquello que es secreto, preservado, oculto, que no puede verse, aquello de lo que no se puede hablar, que se sustrae a comunicación y examen. Volver público en este sentido, alude a la luz que torna visible.
c) Público como lo que es de uso o accesible para todos, abierto, en contraposición con lo cerrado, que se sustrae a la disposición de los otros. Público, en este caso, es aquello que, al no ser objeto de apropiación particular, se halla abierto, distribuido. En ese sentido, un uso del publicar latino es el de ‘confiscar’, ‘sustraer al uso particular’. Las plazas, la calle son lugares de uso público, abiertos a todos. Del otro lado, el signo más ostensible de lo privado, como apropiación, es la clausura, la cerca. Algo puede ser público (en el sentido de no oculto o no secreto), desarrollarse a la luz y no ser público (en el sentido de accesible o disponible para todos. De alguna forma,este tercer sentido, que remite a la oposición abierto-cerrado, es el que más relaciona público-privado con la dimensión de inclusión-exclusión.
Otras denominaciones, como “espacio social”, “espacio común”, “espacio compartido, “espacio colectivo”, las calles, plazas, parques y otros espacios urbanos son una parte fundamental para la celebración colectiva de la vida en las ciudades, constituyen un ámbito común al que no se suele prestar la atención que debiera. En el espacio público se produce la socialización colectiva y, por tanto, constituye la esencia de la ciudad. En esos lugares de todos nos encontramos con los otros, aquellos que comparten la historia que se está formando, nuestra contemporaneidad.
Habitar el espacio público.
El tema de la residencia, es decir, el de la vivienda del ser humano y de su relación con los demás elementos del espacio habitable, debiera convertirse, como lo hizo durante las primeras décadas del siglo XX, en el núcleo central de la investigación que se despliegue en el ámbito disciplinar de la arquitectura. El mundo en el que vivimos, sujeto a tan aceleradas mutaciones, debiera afrontar la reflexión sobre las formas residenciales.
El fin reside en la búsqueda de la mejora de la vivienda colectiva y por tanto de la comunidad. El espacio privado parece ser el objeto de estudio pero es, sin embargo, el espacio colectivo el que ha sido minado a lo largo de los últimos años, ha sido reducido no sólo en superficie, sino también en concepto. Se pasa directamente de la calle (territorio de lo público) a la vivienda (territorio de lo privado), sin umbrales, sin espacios intermedios de relación.
En conclusión la ciudad es en esencia un acceso libre a los lugares para la convivencia colectiva y, por tanto, el diseño de la ciudad se debería efectuar desde el proyecto del espacio público como expresión de lo social.
Habitar la sombra
Laura and Brady in the Shadow of Our House, 1994. Abelardo Morell
Unos niños tumbados durmiendo la siesta, se sienten acogidos en la sombra de una casa. Ellos han dibujado su casa en la sombra de la casa, es decir, han dibujado sus ventanas, sus puertas…
Esa proyección del espacio, desde lo que hay, a lo que no existe pero puede existir, es el triunfo de la arquitectura doméstica.
Una arquitectura con límites difusos, una arquitectura que no presenta límites marcados entre la naturaleza y los elementos constructivos humanos, este tipo de planteamiento arquitectónico enlaza lo natural con lo mecánico sin una delimitación muy marcada, esto quiere decir que las construcciones no dependen de la naturaleza en su totalidad, pero tampoco se aparta de ella, ya que puede adaptarse a elementos como la luz, el agua y el viento. Por lo tanto la construcción del habitar no debe interrumpir el curso de la naturaleza creando un espacio aislado, sino todo lo contrario. La naturaleza no solo como espacio, sino la naturaleza y sus elementos como materiales del habitar.
Las necesidades humanas más básicas nos proporcionan las claves del habitar, usando elementos constructivos cotidianos como puede ser la luz, la sombra, el color o el espacio público adaptados a cada cultura, generando espacios diferentes.
Habitar_objetos_enseres.
Habitar implica reconocernos e identificarnos con nuestro entorno. La identidad se construye en base a la relación de distintos factores y principalmente nuestra relación con los objetos y con el espacio. Para identificarnos con el espacio debemos ‘apoderarnos de él’ y esto se da bajo dos fenómenos: de manera emocional: a través de nuestros sentidos y de manera más concreta: ‘vistiendo y decorando’el espacio. El apoderarnos del espacio parte de nuestra capacidad de reconocer un ‘territorio’ y esa capacidad es nuestro ‘sentido de territorio’. Dentro de este proceso de habitar dejamos huellas -unas ‘marcas de ocupación’- que serán referencia para el habitar de futuros ocupantes.
La identidad del hombre está constituida, como hemos enunciado anteriormente, por los objetos, objetos entendidos como elementos que limitan el espacio concreto del usuario y contribuyen a marcar su hábitat y profundizar su arraigo.
“El objeto sugiere como puede ser usado, el usuario responde usándolo bien –el objeto mejora- o es usado mal –el objeto es degradado- el diálogo cesa…hay una vida secreta y permanente en las cosas tan intensa que puede tomar vida para otros usos, otras generaciones.” Peter & Alison Smithson
Pero ¿Cuándo acaba la vida de un objeto? ¿Cuándo es un desecho? Tras este término asociamos numerosas definiciones despectivas, relacionándolo con adjetivos como inservible, con mal aspecto o incluso pestilente. El término se encuentra rodeado de una gran subjetividad, los desechos de nuestra sociedad consumista, pueden ser materias primas para otras sociedades no tan desarrolladas o incluso para la nuestra misma si consiguiésemos introducirlo en nuestra cultura.