Él era más de música. Ella de literatura.
Él amaba escribir canciones, ella recitaba poesía.
Él le compuso las más hermosas armonías; ella en cambio (lo) hizo un poemario.
Un día él se cansó de cantar dulces melodías, mientras, ella lo recordaba en cada verso marchito de otoño.
Él voló muy lejos; se llevó consigo miles de sinfonías dedicadas para ella, que muy pronto cambiarían de dueña.
Ella en cambio no pudo volver a recitar nunca más preciosos sonetos, porque su agonía la consumió.
Él era su poema, pero ella jamás fue su melodía.
Stelle | 20 Dic 2020








