A contracorriente
En ese momento podría pasar cualquier cosa a mi alrededor y yo me sentiría protegida. Mi cabeza sobre su pecho, sus brazos aferrandome, uno por la cintura y otro por la cabeza. Me apretaba fuerte contra él y yo mas queria acercarme. Jugaba con mis dedos por su espalda. Era mi triste consuelo ya que lo que más pesaba eran sus palabras: "por desgracia"











