Querida tristeza: gracias por acompañarme por no soltarme en el camino por hacerme ver el mundo a través de tus ojos para poder levantarme.
Nunca me abandonaste, aunque mil veces yo te lo pidiera, no te vas porque eres parte de mí. Tengo que aprender a convivir contigo a pesar de que cuando me visitas desequilibras mi ser.
Me enseñas que ya no debo verte como mi enemiga, porque cuando tú estás me adviertes que algo en mí no está del todo bien. Tengo que aprender a aceptarte, a apreciarte, valorarte y también amarte porque me cuidas y me impulsas a salir adelante.
Stelle










