DJ YURIA 유리아 (@yuria_official) • Instagram
#4,994
seen from Israel
seen from Singapore

seen from Brunei

seen from United States

seen from United States

seen from United States
seen from Serbia

seen from Germany

seen from T1

seen from Spain
seen from United States

seen from United States

seen from United States

seen from United States
seen from China
seen from United States
seen from Kenya

seen from Serbia

seen from Brazil

seen from France
DJ YURIA 유리아 (@yuria_official) • Instagram
#4,994
Y he aquí mis dos últimos fics para la nijiaka week.
“How is that a good idea?” (aquí: ¿cómo iba a ser eso una buena idea?)
A fin de cuentas, no era Kuroko el que acababa de recibir una confesión de su primer amor.
(En AO3)
Canon divergence:
Nijimura estaba de vuelta en Japón y esa era una noticia que tendría que sacarle mil y un sonrisas. Eso fue, de hecho, lo que le pasó a Akashi hasta que descubrió en qué instituto iba a cursar su tercer y último año.
(En AO3)
(voy a revivir esto para la nijiaka week)
Day 1: Stop worrying about me
Nijimura era observador y capaz para absolutamente todo, salvo para interpretar todo aquello que le incumbiese directamente a él.
Hasta parecía —y perdón por la expresión— tonto.
(En AO3)
Nijimura tenía un ojo excelente para la gente. No era por ser presumido, ni mucho menos, pero había detectado al canto el potencial de Akashi cuando muchos otros, incluidos los adultos, dudaban de él por su aspecto poco atlético. Al menos cuando tenía doce años y acababa de entrar en Teikou, por supuesto.
A veces, incluso, Akashi se sentía vulnerable a su lado porque sentía que lo podía leer como a un libro abierto. Cualquier excusa para ocultar su tristeza o cada gesto, por mínimo que fuese, que pudiese delatar un rastro de inquietud era para Nijimura algo tan sencillo como recibir un pase perfecto.
Dicho esto, cualquiera daría por hecho que alguien tan observador y capaz como el capitán Nijimura se habría dado cuenta de que cierta persona estaba empezando a albergar sentimientos que, quizás y solo quizás, sobrepasaban los límites de la admiración.
—¿Eh, qué miras? —Nijimura se frotó la mejilla, como si estuviese buscando alguna miga de la que librarse—. ¿Tengo algo en la cara?
—No, no es nada. Solamente estaba absorto en mis cosas.
—Ya —espetó Nijimura. Ese ya era la versión reducida de “a mí no me la das con queso, ¿sabes? Pero tampoco te voy a presionar si no quieres hablar del tema”, cosa que, francamente, era de agradecer.
Nijimura era observador y capaz para absolutamente todo, salvo para interpretar todo aquello que le incumbiese directamente a él.
Hasta parecía —y perdón por la expresión— tonto.
A veces Akashi dudaba de si aquel era un despiste que se autoimponía Nijimura para no herirle los sentimientos, pero, visto lo visto, esa hipótesis perdía fuerza a medida que se movían las manecillas del reloj.
Si de verdad existiese esa autoimpostura, Nijimura no habría hecho lo que acababa de hacer. Era solo un partido amistoso contra un equipo mediocre de la zona. Era obvio que Teikou iba a hacerse con la victoria con una facilidad pasmosa. No había nada que celebrar. Aun así, nada más sonar la bocina que marcaba el fin del partido, Nijimura atravesó media cancha a todo correr y se abalanzó sobre Akashi, riendo, revolviéndole el cabello, más resplandeciente que nunca. Habría que analizar por qué solamente Akashi se turbó nada más ver aquella sonrisa tan torcida como angelical, mientras que sus compañeros de equipo se quedaron impasibles.
—Oye, no te pases de modesto, que has hecho un partidazo. —Nijimura le dio una palmadita en el hombro—. Sigue así, ¿eh?
—Lo mismo puedo decir de ti, Nijimura-san.
—Qué asco. A ver si estos dos se van a un hotel de una vez —masculló Haizaki entre dientes, tentando a la fortuna una vez más. Esta, por una vez, le sonrió al hacer que Nijimura no llegase a escucharlo.
Porque si llegase a hacerlo, las consecuencias serían horribles, ¿no?
Era impensable que Nijimura se pudiese tomar bien un chiste de Haizaki, ya para empezar, y menos aún si implicaba una relación “demasiado estrecha” con Akashi. Tal vez se ofendería. Eso sí, nunca apartaría la mirada, avergonzado, como si acabase de escuchar una verdad que no estaba preparado a afrontar. Esa habría sido la reacción de Akashi, desde luego.
*
La especialidad de Kuroko era interpretar a la gente. Su ojo estaba mucho más desarrollado que el de Nijimura, y eso era mucho decir. Afortunadamente para el equipo, y sobre todo para el propio Akashi, Kuroko contaba con un don que escaseaba por Teikou: la discreción.
Kuroko se había dado cuenta de cómo la voz de Akashi se aterciopelaba cuando tenía que dirigirse a Nijimura, pero nunca decía nada. No eran necesarias risitas malignas ni comentarios fuera de lugar. Como mucho, una sonrisa cómplice.
Y luego estaba Nijimura.
—Oye, a Momoi le gusta mucho Kuroko, ¿que no?
Akashi no era una persona que cediese fácilmente a la furia, de verdad que no. De eso se diferenciaba bastante bien de Nijimura, aunque en ocasiones también envidiase esa habilidad suya para liberar sus emociones en vez de tragárselas como si fueran píldoras envenenadas.
Dicho eso, Akashi quiso coger su bloc y con él golpear a Nijimura en la cabeza. Tardó apenas un segundo en detectar que Momoi, de un día para otro, se moría por los huesos de Kuroko. No llegó a presenciar ni un abrazo estruendoso, ni un cálido “¡Tetsu-kun!” ni nada. Solo le bastó ver con el rabillo del ojo cómo Momoi sonreía de una manera especial cuando Kuroko hacía uno de sus pases.
A Akashi solo le quedaba una opción: fruncir el ceño.
—Eso es irrelevante siempre y cuando Momoi cumpla con su función como administradora —respondió Akashi, tajante.
Ciego para tantas cosas y una lupa humana para otras, Nijimura puso una mueca de desagrado.
—Y no te digo que no. Akashi, macho, ni un comentario se te puede hacer. ¿Qué, andas de mala leche?
—En absoluto. Solamente estoy concentrado en mis actividades.
En su voz había un “quizás deberías hacer tú lo mismo” implícito que no hizo más que ahondar la expresión irritada de Nijimura.
*
Nijimura se dio cuenta de que Akashi estaba algo disgustado por algo que había dicho o hecho y, en mayor o menor medida, era cierto.
De modo que vino a disculparse.
—Quiero que sepas que nunca te haría daño adrede, pero el caso es que lo he hecho porque soy un memo y… eso, que te debo una disculpa —le dijo Nijimura después de las clases.
Esa humildad torpe para reconocer un error era ya de por sí tan encantadora que Akashi no tuvo ni la fuerza ni la desfachatez de negarle una sonrisa educada. Por extraño que sonase, le hizo ilusión que Nijimura, Nijimura Shuuzou, estuviese pasando un mal rato por haberle enfadado; eso solo demostraba lo importante que era Akashi para él.
—No me debes nada. Quizás tenías razón y yo estaba algo susceptible de más —admitió Akashi—. En tal caso, soy yo el que debería disculparme.
—¡Que no, que el gilipollas fui yo! No intentes ahora repartir la culpa, que la cosa no funciona así. —Nijimura puso los brazos en jarra, molesto, pero rápido su expresión se suavizó tanto que a Akashi le habría gustado acariciarle la cara—. Akashi, eres un buen chaval. Ya no te hablo de jugador a jugador, sino como persona, ¿me entiendes?
Darle pequeños tirones a la cinta de su cartera escolar no iba a ayudarle a mantener el tipo, pero Akashi lo hizo de todos modos; era como si estuviese pidiendo ayuda a alguna entidad superior.
Las alabanzas de Nijimura eran siempre como chocolate que se derretía poco a poco en la boca, pero ahora, que iban más allá del baloncesto y daban de lleno en lo personal, se antojaban más a los cerezos en plena flor. Eran palabras efímeras y cargadas de una belleza que lo alegraba tanto como le ponía triste.
Porque, a fin de cuentas, eso estaba sonando a rechazo.
—No sé qué decir —admitió Akashi.
—Tampoco es que tengas que decir nada. —Nijimura le acarició la cabeza—. Ya verás, algún día se fijará en ti.
Akashi estaba tan centrado en cómo la palma de la mano de Nijimura tocaba su nuca que tardó en darse cuenta de lo elemental: el tema de conversación.
—¿Perdón?
—Momoi —dijo Nijimura sin más, casi cohibido.
De fondo, en una conversación que no tenía nada que ver con ellos, se escuchó a Aomine gritando: “¡¿DE QUÉ COÑO ESTÁS HABLANDO, MAMARRACHO?!”. Sinceramente, aquello resumía los pensamientos de Akashi a la perfección.
*
A Akashi le dolía la muñeca. Fue a causa de una mala caída en medio de un minipartido y, si bien no era nada grave, era mejor no forzarse para evitar una lesión mayor.
Apenas un microsegundo transcurrido, Nijimura se levantó de un bote del banquillo y le comunicó algo al entrenador mientras ambos miraban a Akashi. Como era de esperar, lo sacaron inmediatamente de la cancha, pese a la confusión generalizada de Midorima y los demás.
—Tú y yo. Enfermería —ordenó Nijimura con semblante tajante. Sus ojos, penetrantes y serios, no parecían muy dispuestos a que les llevasen la contraria.
Aun así, de fondo se escucharon las risitas de Kise y Aomine. Akashi prefería no pensar si Kise sabía de sus sentimientos por Nijimura por cuenta propia —lo cual era triste de por sí— o si se lo había dicho Aomine a modo de cotilleo.
—¡Suerte, Akashicchi! —exclamó Kise mientras Aomine y uno de tercero contenían la risa.
—Joder, qué forma tan rara de desear que te mejores —comentó Nijimura como quien lee una noticia estúpida en el periódico.
La enfermería de idílica tenía poco, de modo que eso, sumado a que Nijimura era un negado para ciertos asuntos que Akashi prefirió no recordar, no contribuyó a que hubiese un ambiente romántico.
En absoluto.
La enfermera le vendó la muñeca con muy pocas ganas —de hecho, Nijimura, a pesar de ser un mero estudiante, le llamó la atención de malas formas— y los dejó marchar al cabo de un par de minutos. No hablaron mucho. Akashi esperaba que Nijimura le comentase lo increíble que era la ofensa de Murasakibara cuando se lo proponía o las expectativas que tenía para Kise, pero no dijo nada.
Quizás estuviese pensando en lo de su padre.
Fue cuestión de que esa opción apareciese en la mente de Akashi para que Nijimura, lector de mentes a tiempo parcial, lo mirase con gesto mohíno.
—Deja de preocuparte por mí, que el que está lesionado aquí eres tú.
Akashi no respondió. De todos modos, no hacía falta que dijese nada, que Nijimura sabía interpretar sus silencios como si fuesen palabras. A menos, por supuesto, que fuesen sobre cierto tema.
Volvieron al gimnasio, siendo diana de miradas indiscretas, y se sentaron en el banquillo sin mediar palabra. Lo más parecido a una conversación fue cuando Akashi, con su mano buena, le pasó una botella de agua a Nijimura, que la cogió sin casi mirarle a la cara.
El minipartido acabó al poco rato. Momoi, casi como una flecha, fue directa a darle un botellín de agua a Kuroko, una toalla y varias palabras de ánimo.
—Macho, Kuroko no se entera de una —dijo Nijimura con su botella de agua en la mano y una sonrisilla burlona—. Y mira que es listo para unas cosas, pero para otras…
Aomine miró a Akashi. Kise y Murasakibara se miraron. Nijimura seguía con sus (irónicas) reflexiones.
Akashi dejó su botellín en el banquillo y se levantó para irse de allí a toda prisa, sin rumbo aparente ni ganas de inventarse una excusa. Sabía que era ilógico pensar que Nijimura se estuviese riendo de él. Lo sabía, de verdad que lo sabía, pero aun así…
Debió de ser obvio que había algo que acababa de sentarle como una puñalada trapera, a juzgar por el resentimiento con el que miraban los demás a Nijimura, aún boquiabierto.
—¿He dicho algo malo? —se preguntó Nijimura.
El único que tuvo valor para responderle fue Murasakibara.
—Pobre Aka-chin.
Los demás, por supuesto, asintieron con vehemencia. El de Akashi no era solo un secreto a voces, sino una ópera donde el único espectador estaba sordo.
Con un día de retraso, ups. Day 2: inner jokes
No era muy normal que un chaval de primero fuese a molestar a los de segundo durante el descanso, pero Akashi, que era de todo salvo corriente, lo hacía con tal naturalidad que a casi nadie le llamó la atención. Salvo a Nijimura, claro.
(En AO3)
Alguien tenía que decirlo. Y ese alguien, como no podía ser de otra manera, tenía que ser Aomine. —Aomine-kun, creo que tienes demasiada imaginación —apostilló Kuroko. Imaginación o no, ahí había un hecho objetivo: justo cuando Midorima faltaba por primera vez a entrenar, aparecía en la dentadura torcida de Nijimura algo sospechosamente verde. Que podía tratarse de una casualidad, por supuesto, pero pensar que Nijimura era uno de esos ogros comeniños de los que hablaban los cuentos era mucho más divertido que escuchar las mierdas que Akashi o él tuviesen que decir sobre la nueva estrategia a seguir por el equipo. —¿Tú crees que Mido-chin sabía bien? —¿Midorima? Ni de coña. Fijo que sabía a… a… —Aomine pensó en algo asqueroso y verde— a bizcochos hechos por Satsuki. Murasakibara se llevó una mano a la boca. —¡Vosotros dos, a callar de una vez! —rugió Nijimura antes de indicarle a Akashi que siguiese con su coñazo de discurso. Había que reconocer los méritos de Akashi, que estaba codo con codo con Nijimura, el asesino de su mejor amigo, sin decir ni pío. * —Aomine-kun, eso es un trozo de lechuga —dijo Satsuki cuando Aomine le comentó lo de la muerte trágica de Midorima. —O eso es lo que él quiere que creas —continuó Haizaki con tono burlón. Ante eso, Aomine esbozó una sonrisilla de superioridad que sacó otro resoplido de Momoi. * Como era una persona decente, Momoi se decidió a decirle a Nijimura que tenía algo verde entre los dientes. Así se acabaría de una vez por toda la tontería esa de que el capitán se había comido a Midorima. —¡Capitán Nijimura! El capitán se dio media vuelta, con una ceja alzada y una mueca de no esperarse nada bueno de la vida. A su lado estaban dos chicos de segundo, de la clase de Nijimura, mirando a Momoi con gesto inquisitivo. Quizás decirle algo tan vergonzoso con ellos dos delante fuese hacer que el pobre Nijimura, que era bruto, pero simpático, pasase un mal trago innecesario. Ahora bien, menudos amigos tenía él para que ninguno le dijese nada sobre la lechuga. —¿Pasa algo? —Emm —Momoi miró al suelo, en busca de una excusa convincente, y jugueteó con sus dedos—, ¡nada! Era para decirte que has mejorado tu velocidad. ¡Muchas gracias por tu esfuerzo! Los amigos de Nijimura se miraron entre sí antes de darle a él un codazo de esos que no deparaban nada bueno. —¿Ah, sí? Pues me alegro —contestó Nijimura en modo automático, sin saber muy bien qué decir o hacer. Solo puso una sonrisa medianamente cordial, exhibiendo con un orgullo involuntario el trozo de lechuga (o de Midorima) que se había asentado en sus dientes. * Acabó el entrenamiento y nadie, absolutamente ningún miembro del equipo de baloncesto juvenil más prestigioso de Japón, tuvo el valor de acercarse a Nijimura y decirle que tenía restos de comida en los dientes. —¿Qué le pasa hoy a la gente? —Nijimura frunció el ceño. Akashi lo miró con una calma que no reflejaba en absoluto lo mucho que se estaba riendo por dentro. Su fachada magistral poco importó, teniendo en cuenta que Nijimura seguía con la vista fija en el resumen del día que luego tendría que entregarle al entrenador. —No pongas esa cara, Akashi, que sé que tú sabes algo. Quizás la fachada magistral no era tal. —Han surgido bromas sobre la falta de asistencia de Midorima. No es nada por lo que haya que preocuparse —aclaró Akashi. —Ya, claro —respondió Nijimura con su tono más sarcástico—. Pues mira tú qué cosas, pero diría que el chiste iba más por mí que por él. Algo de que yo era un ogro comeniños o algo así. Quien tendría que estar ahí manteniendo el tipo debería ser Aomine, el artífice de todo este tinglado, y no alguien parcialmente culpable como Akashi. —¿Tengo pinta de ser tan mal bicho o qué…? —preguntó Nijimura por lo bajinis, casi más para sí mismo que para Akashi, que apartó la mirada de él para no morir de la vergüenza. Vergüenza hacia sí mismo. Nijimura podía ser muchas cosas, pero un “mal bicho”, como lo decía él, sí que no era una de ellas. Cierto era que podía pecar de ser un poco más agresivo de lo normal en su forma de hablar, pero era más su forma torpe de expresarse que una falta de empatía o respeto hacia los demás. Si acaso, Akashi lo definiría como una persona con un gran corazón. Era hora de contar la verdad. —Nijimura-san, la broma comenzó porque tienes un trozo de lechuga entre los dientes. Nijimura lo miró como si no hubiese entendido nada de nada. —¿Qué? —La lechuga, al ser verde, hizo que Aomine lo relacionase con Midorima. —¡No me expliques el chiste, joder! —Nijimura se levantó de la silla, casi tirándola en el proceso. Akashi se sobresaltó— ¿Nadie podría habérmelo dicho antes o qué? De esa panda de imbéciles me lo esperaba, pero tú, Akashi… Te creía más maduro, ¿sabes? Dicho eso, se fue a enjuagar la boca al cuarto de baño. Akashi Seijuurou tenía doce años y un corazón roto.
* Al día siguiente, Midorima volvió sano y salvo al instituto, fuera de las fauces de Nijimura. No sabía por qué sus compañeros de equipo se sorprendieron tanto al verle. No era algo que el Oha-Asa le hubiese advertido. * No era muy normal que un chaval de primero fuese a molestar a los de segundo durante el descanso, pero Akashi, que era de todo salvo corriente, lo hacía con tal naturalidad que a casi nadie le llamó la atención. Salvo a Nijimura, claro. —¿Qué quieres? —Cada palabra de Nijimura sonaba como un escupitajo. Akashi no se dejó achicar. —Buenos días, Nijimura-san. Quería hablar contigo por lo de ayer. —Hizo una pausa, esperando a que Nijimura le preguntase algo—. Te debo una disculpa. —Te escucho —Nijimura apoyó la barbilla sobre la mano, cansado y dando sorbos a un zumo de pomelo de máquina expendedora. Escucharle era imposible cuando estaba montando un escándalo con cada sorbo. En fin, a Akashi no se le daba muy bien hablar de determinados temas (jamás le inculcaron el concepto de disculparse después de haber hecho algo mal porque él, sencillamente, lo hacía todo bien), de modo que su disculpa consistió en sacar un sándwich de mayonesa y atún de una bolsita y comérselo lentamente, observando a Nijimura sin pestañear. Nijimura siguió sorbiendo su zumo, sin enterarse de nada. Sabía que Akashi era algo rarito de más, pero esto ya daba un poco de mal rollo. Akashi se detuvo en cuanto se dio cuenta de que se había manchado la comisura del labio con mayonesa. —Iré así a entrenar —aseguró Akashi con tono firme. Aunque Akashi tuviese unas intenciones de lo más sinceras para con Nijimura, se estaba aprovechando un poco de su bondad; sabía de sobra que su capitán no le permitiría ir por ahí haciendo el ridículo. Era demasiado bueno como para eso. —Venga, anda, no seas imbécil. —Nijimura dejó el zumo en el pupitre y sacó un pañuelo usado del bolsillo. Con esa asquerosidad le limpió la boca a Akashi. ¿Se podía considerar eso un beso indirecto?—. Déjalo estar, ¿vale? Lo pasado, pasado está. No le des más vueltas. Además, tampoco es que sea culpa tuya. —Pero fui cómplice. —No me puedo enfadar contigo porque te rías de una broma, Akashi, y menos cuando tienes una sonr… Akashi se quedó a la espera de que Nijimura continuase. Nijimura se sonrojó de arriba abajo. —Pues eso, que no pasa nada —Nijimura volvió a refugiarse en su zumo, mirando con aire ausente a la silla de su compañero de delante. *
La trágica historia de cómo Nijimura devoró a Midorima y luego este superó a la muerte pasó de generación en generación. Por ejemplo, Aomine se lo contaría a Kise al año siguiente para que tan bella historia no cayese en el olvido. Kise, ahora portador de un conocimiento todopoderoso, lo guardó consigo hasta que conoció a Takao, el compañero de equipo de Midorima. Él era el siguiente elegido. —No es para tanto —protestó Midorima. —¡Tío, que te confundieron con una lechuga! —Takao se secó una lagrimilla—. Ay, qué pena no haber estado en Teikou por aquel entonces, de verdad, porque menudas risas… —No es momento de cháchara, sino de entrenar —dijo Akashi con gesto serio. Eso era lo que habría dicho Nijimura en su lugar.
* Akashi se las había apañado para poder quedar a cenar a solas (importante: a solas) con Nijimura. Casi tuvo que mover cielo y tierra para conseguirlo, pero no se arrepentía de haberse esforzado tanto; un rato con Nijimura era impagable. Decidieron ir a un restaurante coreano que les había recomendado Momoi. Los precios eran más que asequibles y Nijimura había comentado que tenía ganas de probar la barbacoa coreana, así que la idea, y no era por ser vanidoso, era perfecta. A Akashi hasta le conmovió un poco ver a Nijimura tan entusiasmado preparando la carne y colocándola en una hoja de lechuga que tenía en la mano. Akashi dio un bocado a su lechuga con complejo de plato. Delicioso, sublime, ¡extraordinario! Tal y como cabía esperar de cualquier cosa que hubiesen preparado las manos expertas de Nijimura. —Sabes que yo no he hecho casi nada, ¿no? —Nijimura alzó una ceja. La mano que no sostenía la lechuga estaba libre y sobre la mesa, de modo que Akashi se la rozó con algo que en algunas culturas catalogarían como afecto. Era un gesto inequívocamente romántico, así que, ya que estaba en la situación, Akashi debería dar un paso adelante (figuradamente, puesto que estaba sentado) y confesar sus sentimientos. Ahora o nunca. —Nijimura-san, hay algo que tengo que decirte —empezó a decir Akashi con una sonrisa tímida que difícilmente asociaría alguien con su típica cara de autosatisfacción. Temblándole los labios, Nijimura le dedicó una mirada de lo más penetrante antes de decirle: —Espera, que tienes un trozo de lechuga en los dientes.
He aquí mi fic para el día 5. Mejor tarde que nunca. Prompt: conflict(o)s.
Vivir con Akashi.
Bajo el mismo techo.
Juntos.
(En AO3)
Day 4:”I’m counting on you”
En el festival cultural de Rakuzan hay varias atracciones principales, pero ninguna es tan fuerte como la de Akashi hacia Nijimura.
Aunque para ellos dos pudiese ser algo normal, los alumnos de Rakuzan, que veían en Akashi una figura poco menos que divina, los contemplaron con una mezcla entre miedo y fascinación.
(En AO3)
Day Four Thousand Nine Hundred Ninety-Four 4994日目
Sunny, 26.0 C Measured the length and poured water. Probably 1.1 cm long.
晴れ 26.0℃ 長さをはかり、水をやる。おそらく全長1.1cm。






