El reflejo de una vidriera.
hace 15 años estaba fresco, más de lo que la campera de jean que tenía puesta podía hacerme soportar, igual me gustaba mucho sentir el viento en la cara. estaba nerviosa, con miedo, no quería que se notara, y según yo, lo hacía muy bien. no sé si realmente era así.
el día estaba gris y todo me parecía muy blanco, venía de un lugar muy colorido, y ese gris se acoplaba a mi alma.
en dos maletas muy grandes traía mi vida, que no sabía muy bien lo que era, no era conciente de lo que estaba haciendo, pero ahí estaba yo, me miré en el reflejo de una vidriera, yo y dos maletas llenas de sueños y esperanzas en Buenos Aires, dejandolo todo y a la vez nada. dos maletas que pesaban mucho. pesaban en sentimientos muy fuertes. había mucho dolor que pesaba y lastimaba. pero toda una ciudad caminaba para ambos lados de la vidriera. eso lo hacía una muchedumbre, y yo perdida en lo desconocido.
arrancaba la vida para mí en ese momento, y no sabía lo que iba a pasar. no lloraba por mi dolor, sangraba por dentro. la vida recién arrancaba, pero.. ¿por qué sentía que ya había vivido mucho?. estaba muerta de miedo, sin embargo, las lágrimas no existían más para mí, estaba seca.
venía a formar parte de una familia que no conocía, venía cumplir el sueño de mi madre de ser bioquímica, venía a perderme.
mi nueva familia estaba compuesta de 3 niños y ese día llegaban dos bebés a completar una familia de 7. ese 4 de marzo, me sumaba yo, que venía a cumplir objetivos, que para mí eran claros, pero mi subconciente era un tsunami de miedos e incertezas. yo llegaba a esa casa, en medio de una incertidumbre de si uno de los mellizos iba a vivir. me sentía desubicada y perdida. estaba muy perdida. en eso desconocido no sabía que iba a amar tanto, a dejar la vida por ese bebito que decían que capaz no sobreviviría y que hoy cumple unos gloriosos 15 años, y que me iba a enseñar más que cualquier profesor de universidad. el amor lo es todo.
y en 15 años, pasaron muchas cosas. demasiadas. me perdí tantas veces. todo lo que me programé y soñé no lo cumplí. mirando para atrás rápido, parece un tremendo fracaso todo, pero mirando para atrás detenidamente, analizando año a año, me miró a mí misma en esa vidriera que usé de espejo hace 15 años y veo como evolucioné, todo lo que aprendí. aun sangro por dentro, y mucho. sangro diferente, porque crecí. crecí mucho sin dudas, porque sigo siendo la chica del reflejo de la vidriera. aun tengo tantos sueños, con una mente más abierta, puedo elegir lo que sea y ser feliz. aprendí a ser feliz en medio del dolor, bailar en la lluvia y esperar el arco iris. tengo crisis cada tanto, pero pienso en esa chica mirando su reflejo y toda una ciudad caminando a su lado, y siento que ella se merece eso.
hoy vuelvo a mirar mi reflejo en una vidriera, y ya no me siento perdida en la ciudad. ahora Buenos Aires es mi ciudad, me siento anfitriona, ya soy parte de esa muchadumbre. sigo teniendo miedo y dudas, pero sonrío y le agradezco a esa chica de 15 años atrás por su valentía. me dan ganas de abrazarla y decirle que es verdad que la vida recién empezaba ahí y que va tener que pasar muchas tormentas, pero que las va a pasar. que va a llorar mucho, que va a fracasar, que se va a enamorar y le van a romper el corazón en mil pedazos, que se va a desilusionar, que va a perder amigos, pero que también va a conocer gente hermosa, que será su familia, que siempre la va a ayudar y a hacer reír, va a perderse muchas veces solo para descubrir que lo desconocido no es tan malo, que fracasar enseña y que los problemas van a seguir pero no es razón para desistir.
hoy tengo que agradecerle mucho a Buenos Aires, perderme en sus infinitas calles, mirando su cielo turquesa maravilloso mezclado con cúpulas de arquitectura exquisita, sus librerías, sus cafés, su música, sus parques, sus vidrieras, su diversidad y su pasión. ¡qué apasionante sos, Buenos Aires! me formaste de muchas formas. ¡gracias!
no sé si dentro de 15 años voy a seguir acá. lo que sí sé es que ese reflejo de la vidriera el 4 de marzo de 2006 no lo voy a olvidar nunca.










