Escribo por las que han abortado en la guerra
Creemos firmemente que intercambiar historias de mujeres reales, nos ayuda a sanar y reflexionar, pero sobre todo, a transformar nuestras realidades. Este blog es pro-abortista, no es nuestra intención adoctrinarte para que abortes, respetamos y celebramos la decisión de cada mujer sobre su cuerpa.
Como lectora, construye tus propias reflexiones acerca del aborto voluntario y la importancia de que este sea libre y seguro para todas. El siguiente testimonio ha sido escrito de manera anónima por una mujer ex integrante de las FARC (Fuerzas Armadas y Revolucionarias de Colombia) y firmante del Acuerdo de Paz.
Foto: Jesús Abad Colorado
Después de haber pertenecido por más de (14) catorce años al movimiento guerrillero FARC-EP y haber sido testigo excepcional de lo que nos sucedía en el frente (40) cuarenta del Bloque Oriental,voy a relatar lo vivido como militante, mujer y campesina dejando en claro algunas apreciaciones en las que debo basar mi narración.
Lo primero que debo aclarar es que, ingresé voluntariamente a las filas del movimiento, jamás fui obligada ni reclutada a la fuerza, es más, por ser menor de edad decidieron devolverme a mi casa y escuela. Ante mi rotunda negación de regresarme y amenazarlos con ingresar a la policía, finalmente fui admitida, convirtiéndome en la segunda persona de mi familia en ingresar a la guerrilla.
En Colombia se han dicho y escrito muchas cosas sobre el reclutamiento forzado, sobre nuestra vida sexual y acerca del aborto, en gran medida desdibujadas por el sensacionalismo de la prensa tradicional encaminada por los intereses de clase. Dejando en claro estas apreciaciones empiezo mi relato.
Como la mayoría de las guerrilleras, era una joven campesina, hermosa y muy agraciada. Perdí mi virginidad en las filas, no inmediatamente ingresé como algunos quisieran escuchar, ni de manera violenta o producto de una fiesta, como sucede en las capitales donde emborrachan o drogan a jóvenes para luego violarlas, lo mío fue producto de un relación con un hombre que me consistió y supo brindarme apoyo, amor y sexo dentro del campamento al que llegué después de habar pasado varios meses de instrucción del curso de ¨huevitos¨, como solía llamar cariñosamente el Mono Jojoy a los recién ingresados.
Dejo claro, y ahora soy muy consciente que, en esos años como joven y hembra, mis hormonas producían cambios y el deseo sexual era parte diaria de mi acontecer, como el de cualquier hembra en cualquier sociedad, solo que la diferencia la marcaba el poder elegir si hoy me acostaba con mi hombre o no. A diferencia del resto de mujeres y jóvenes que en el campo eran escogidas por hombres adultos y que en algunas ocasiones eran cambiadas por ganado, tierras o posesiones en acuerdo con sus padres.
Recuerdo a una joven que ingresó a las filas para salvarse de la situación en que vivía después de haber sido dada a un hombre mayor; luego de quedar embarazada y recibir muchas ¨planeras¨ (golpiza a plan de machete), como muestra de dominación del macho, ella se fugaría y terminaría siendo parte de las estructuras de seguridad de Marulanda Vélez.
Me pregunto si acaso esta compañera maltratada en su relación (casi de esclava o por lo menos de un estilo feudal) hubiera tenido la oportunidad, la educación y el acceso a una unidad sanitaria ¿habría decidido si continuaba con el embarazo no planificado? O ¿acaso habría tomado la decisión de aplazarlo mediante un aborto y esperado por la oportunidad para traer a este mundo una criatura en mejores condiciones de vida?
Es aquí donde la puerca tuerce el rabo, decimos los campesinos, los parámetros con que la religión y la sociedad hipócrita y conservadora se quedan cortos y fallan en analizar los casos de un aborto, como derecho de una mujer a tomar decisiones sobre su cuerpo.
Jamás fui obligada a tener relaciones sexuales con comandantes ni compañeros, mis embarazos fueron el resultado de la falla de los métodos de planificación durante los rigores de una guerra despiadada que cada vez era más monstruosa e inmoral, que nos llevó y obligó a tomar decisiones duras y crueles que, bajo otras condiciones, con seguridad, no se habrían tomado.
Cuando se ingresa a curso, a las personas se les explica que nos convertiremos en guerrilleras y que en la pelea por la toma del poder estaremos permanentemente en guerra, que debemos estar preparadas, y por lo tanto, no hay posibilidades de embarazos, que para ello se debe planificar; se nos presentan varios métodos de planificación, nosotras escogemos con los enfermeros nuestros métodos y los hombres con los que convivimos o decidimos tener relaciones sexuales no participan en la elección de nuestra planificación. Somos conscientes del tema de las relaciones sexuales con los compañeros, de la planificación, de los embarazos y del aborto, pero una cosa es hablar del diablo y otra verlo aparecer en persona.
En los tiempos anteriores a mi vinculación con el movimiento, eran diferentes las cosas, algunas parejas tenían sus bebés en casa de apoyo e inmediatamente eran enviados a familiares o padres ¨sustitutos¨, que los criaban como si fueran sus hijos para protegerlos del robo y secuestro que los militares usaban para hacer desertar a las compañeras y convertirlas en sus informantes o sus guías por los trillos y cañadas hacia los campamentos.
La guerra recrudeció y otro fue el cantar que se entonó, se prohibió el embarazo. Pero la indisciplina de algunos comandantes hacía que no todos los casos fueran tratados de igual manera, desobedecieron las órdenes y sacaron bajo cuerda a sus compañeras para que pudieran tener sus bebés afuera.
Algunas mujeres después del acuerdo de paz, se han reunido con sus hijos y otras lamentablemente no lo han podido hacer. Ese no fue mi caso, a pesar de estar de socia con un comandante, fui llevada al ¨quirófano¨, si es que así pudiéramos llamar a los hospitales móviles de una guerrilla, acosada por un enemigo cada vez más cruel y con mayor presencia terrestre y aérea.
Portal: Laopinión.com
Un aborto aquí o en la Conchinchina afecta de una manera u otra, recuerdo que, por las dificultades de la guerra la programación de mi aborto se dilataba cada vez más y más. El doctor que vendría a practicarlo no podía entrar a la zona donde nos encontrábamos o por donde nos desplazábamos; aunque no lo quisiéramos en las filas también el tiempo pasaba fatalmente, la barriga me crecía y trasladarme en un área de guerra como fue la nuestra durante el Plan Colombia, donde el objetivo era matar al Mono Jojoy, cada vez se hacía más difícil y más dura, esa es la lógica de la guerra en Colombia.
Es cierto que algunas personas no estábamos totalmente de acuerdo con el aborto pero que ante el hecho de ser minoría a la hora de cuestionar y discutir esta práctica ciertamente nos quedamos cortos. Fui una de las muchas que pasó por esa situación (y hoy que pertenezco a un grupo cuya religión prohíbe el aborto) y me planteo: ¿Qué tipo de decisión habría tomado?
Ahora mi religión radicalmente prohíbe el aborto de la misma manera que el movimiento guerrillero radicalmente prohibía el embarazo; pertenecía a un movimiento que nos obligaba a seguir delineamientos que, como en este caso en particular no son discutidos a plenitud entre sus miembros, son como verdades aceptadas a la fuerza.
Después de prácticas médicas, un embarazo utópico y posteriormente un aborto mediante una cesárea para salvar mi vida, me replanteo hoy el derecho de la mujer y de los doctores a tomar decisiones como estas. Solo a partir del año 2006, y después de años de intenso debate político, quedaron aprobadas en la legislatura nacional para el bienestar de miles de campesinas y mujeres.
Producto del uso inadecuado de instalaciones en el monte o en lugares no aptos para hacer estas prácticas de planificación muchas mujeres y yo, sufrimos complicaciones posteriores en nuestro cuerpo y en especial en nuestros órganos reproductivos, que si el estado no nos obligara a vivir en guerra serían mucho menores. Por razones de higiene, que me pusieron al borde de la muerte y me dejaron una profunda experiencia, por ejemplo, no he podido ser madre, me obligan a replantearme de lo inhumano, cruel y desalmado que un estado se puede volver con el objeto de la protección del rico en vez del pobre.
No me es fácil el hablar de mis abortos y de mis experiencias como campesina, mujer combatiente y ahora ciudadana incorporada nuevamente a esta sociedad de mierda, donde se mira y examina con lupa algunas de nuestras acciones sin mirar con el mismo rigor y equilibrio las causas y factores que nos llevaron a actuar de diferentes maneras. El aborto es una decisión que se ve rodeada de múltiples factores y en la que profundamente creo que las mujeres tenemos el derecho a elegir.
Foto: Jesús Abad Colorado. Después del acuerdo de paz hubo una ola de embarazo en zonas de transición.













