Al Filo del Tiempo: crónicas de un año en su umbral
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Este año está a punto de concluir, un ciclo completo donde, en noches selectas, la carga de la vida oprimía mi pecho hasta el punto de asfixiarme. Hubo momentos en los que la soledad se manifestó de manera tan cruda y palpable que eclipsó toda luz a mi alrededor. Fue un año desafiante y, en ocasiones, abrumador, al punto de que la solución parecía desvanecerse en la distancia o ser inexistente. En determinados instantes, este año se mostró implacable conmigo, un desastre monumental en varios aspectos de mi existencia. Sin embargo, también vislumbré luz en medio de tanta oscuridad. La esperanza se materializó ante mí en abrazos, sonrisas y palabras de aliento, encarnadas por mis amados: mi familia; aquellos que el cielo, en su divina predestinación, me regaló desde mi nacimiento, y aquellos a quienes, por gracia del mismo cielo, he tenido el privilegio de conocer y considerar mis hermanos. Doy gracias al Creador de todo por estos pequeños regalos de bienaventuranza que, hoy, a pocos días de un fin anunciado desde su inicio en el pasado Año Nuevo, son mi fuerza para seguir adelante, mi dulce esperanza para la lucha diaria y mi vigor para resistir cualquier tempestad venidera. Sí, este año fue retador en ocasiones, pero gracias a ellos, a mis amados, el dolor adquirió otro significado y, sin duda alguna, vale la pena todo lo que tengo que venir.
— La semilla de la humanidad || @jorgema (Verdad en Poesía)
















