Sus ojos se entornaron, y un brillo pudo percatarse sobre los iris ámbar del joven ántes de que éstos cerraran por completo, permitiendo a sus labios curvarse con gran facilidad en una de esas sonrisas que se armaban por costumbre sobre unas facciones finas que lo caracterizaban. Sin embargo, antes que sus labios ofrecieran una respuesta, los bolsillos de sus pantalones otorgaron refugio a los dígitos del joven, quien finalmente habló empleando tal despreocupación como si el presente fuera un tema que tratase con cotidianidad.
— ¡Yancycchi a veces me recuerda mucho a Midorimacchi! —declaró emitiendo un falso bufido— Y es que, ¿Cuantas personas encuentras que tengan cierta manía por la perfección, el zodíaco, y odien a los gatos al mismo tiempo? —la sonrisa que había dibujado con anterioridad retornó pese a que su mirada se mantenía circunspecta—. Además, la honestidad de ambos es brutal, y siempre tratan de dejar muy en claro cuales son sus gustos y disgustos —rió nervioso, y tras elaborar una pausa, prosiguió con calma—. Yancycchi siempre da lo mejor de sí misma cuando los demás intentan pasar por encima de ella, e incluso así, no le agrada que la admiren ya que existen cosas más sorprendentes y mejores -a su parecer- que ella misma. A pesar de eso siempre aprecia el reconocimiento del resto. Es una buena persona que se toma muy en serio el concepto de fidelidad, p-pero lo malo es que... —tragó saliva, y forzó una sonrisa— Le gusta el gore y las cosas terroríficas (¿¡Cómo se supone que es capaz de soportar eso!?).