Nos lloré tanto.
Creí que me había quedado sin lágrimas,
pero estuve abrazada a mi almohada
rogando porque el ardor en mi pecho cesara.
Actuabas como si realmente me quisieras.
Parecía importarte;
parecía que teníamos una oportunidad.
Y de pronto,
era nada.
Hoy me buscas
caminando a tu lado, por los pasillos;
en tus mensajes;
en los pensamientos que nadie responde;
y no estoy.
Te entregué todo;
mi alma,
mi corazón,
mi esencia.
No vuelvas,
¡por favor, no vuelvas!
Si no estás seguro,
¿para qué te quiero?,
¿para qué me quieres?












