Adquisición de la lengua
La adquisición de la primera lengua es un proceso interesante por la velocidad con que ocurre. En el momento en que un niño entra a la escuela primaria, ya es un usuario del lenguaje extremadamente sostificado, un usuario que maneja un sistema de comunicación de tal manera que ningún otro animal, o ningún ordenar pueden ni siquiera emular. La velocidad con la que la adquiere, junto con el hecho de que normalmente es una experiencia común a todos los niños, que se produce sin enseñanza explícita e independientemente de las grandes diferencias existentes en cuanto nivel social y factores culturales, ha llegado a pensar que hay alguna predisposición innata en el humano para adquirir el lenguaje. Lo podemos llamar la «facultad de lenguaje» con la que cada recién nacido humano parece ser equipado. No obstante, esta facultad por sí sola no es suficiente. Durante los dos a tres años de vida, un niño necesita interactuar con otros usuarios del lenguaje para hacer que esta facultad del lenguaje sea operativa en una lengua determinada; como es el español. La lengua que aprende un niño no la hereda genéticamente, sino que la adquiere en un contexto de uso del lenguaje determinado. Cabe destacar que el niño debe ser físicamente capaz de enviar y recibir señales lingüísticas. Todos los niños hacen ruidos durante los primeros meses de vida, pero aquellos con sordera congénita dejan de hacerlo al cabo de seis meses. Sin embargo, no sólo basta con oír la lengua para adquirir ésta sino que es necesario que la misma se enseñe y se comprenda con ayuda de los padres, tutores o profesores. Etapas de la adquisición Todos los niños, sin importar la cultura, desarrollan el lenguaje más o menos al mismo tiempo, pasando por las mismas etapas. Puesto que aprenden a realizar actividades motrices siguiendo un desarrollo biológicamente determinado, se parte de la hipótesis de que las etapas de la adquisición del le guaje tienen las mismas bases. Entonces, se afirma que las etapas biológicas se relación con la maduración cerebral del niño y al proceso de lateralización. Sin embargo, es necesario un estímulo lingüístico del cual se puedan extraer las regularidades de una lengua determinada. Habla de los cuidadores En las culturas occidentales, un niño se ve ayudado realmente en su adquisición del lenguaje por el comportamiento típico de los adultos de su entorno doméstico. Por lo tanto, es importante que los cuidadores (mamá, papá, tíos, abuelos) hagan uso del lenguaje de manera adecuada, es decir, sin usar el habla simplificada como en el caso de «guauguau» en lugar de «perro». El habla del cuidador (o maternal) se caracteriza por una estructura simple de sus frases y por frecuentes repeticiones. Esos patrones serán muy útiles debido a qué, posteriormente, el menor podrá asociar los sonidos y palabras con las estructuras que le fueron enseñadas. Etapa pre-lingüística Los sonidos pre-lingüísticos de las etapas más tempranas de la que adquisición del lenguaje del niño se llaman simplemente balbuceos, esto ocurre desde los tres a los diez meses y se caracteriza por tres estadios de producción de sonidos en el repertorio del niño en desarrollo. Primeramente, los sonidos reconocibles llamados «vocalizaciones», con la presencia de oclusivas velares como [k] y [g] y de vocales palatales [i] y [u], aunque a menudo los sonidos pronunciados por los niños son emitidos de forma distinta a la de los padres. Hacia los seis meses, el niño es capaz de sentarse y puede producir vocales además de consonantes fricativas y nasales. Para este punto, la producción de sonidos puede llamarse «balbuceo» y se pueden obtener sonidos silábicos como «ma» y «da». Para el último período, cerca de los nueve meses, se pueden reconocer patrones de entonación en las combinaciones de consonantes y vocales producidas. En la medida en que los niños se van acercando a la posición erecta, hacia los diez y once meses, adquiere la capacidad de expresar emociones y énfasis; sobre todo puede notarse cuando los niños juegan o tratan de imitar a los adultos. La etapa holofrástica de una sola palabra Entre los doce y dieciocho meses empiezan a hablar haciendo uso de unidades reconocibles. Este período se caracteriza por un habla en la que se emplean términos simples que se refieren a objetos cotidianos como leche, galletas, gato, vaso. Otras formas como [notáki] pueden aparecer en circunstancias que sugieren que el niño está produciendo una versión de “no está aquí”, por tanto la etiqueta «una palabra» puede llevar a confusión. Los términos «unidad/forma-única» pueden ser más precisos, o podemos usar el término «holofrásticos» (forma única funcionando como un sintagma o una oración), si creemos que realmente se utilizan esas formas como frases. La etapa de «las dos palabras» Ocurre aproximadamente a los veinte meses, en ese momento el vocabulario del niño supera las cincuenta palabras. Hacia los dos años, aparecerán varias combinaciones de palabras parecidas a nena silla, mami come, gato malo. La interpretación de dichos sintagmas está ligado al contexto en que fue dicho. “Nena silla” puede referirse a posesión “la silla es de la nena”, solicitud “pon a la nena en la silla” o como afirmación “la niña está en la silla”, dependiendo el contexto. Independientemente de lo que el menor quiera comunicar con dichas palabras, a partir de ahí se produce comunicación ya que el niño produce habla y recibe respuesta del adulto. Habla telegráfica Entre los dos y tres años, el niño empezará a producir un mayor número de expresiones que podrían ser clasificadas como elocuciones de varias palabras. Las características ya no sólo son la cantidad de vicabulario aprendido sino las variaciones en las palabras que empiezan a aparecer. El niño ha desarrollado la capacidad para construir y ordenar oraciones, pero comienza a aparecer la flexión gramatical en algunas palabras y las preposiciones simples. Hacia los tres años el vocabulario ha aumentado en cientos de palabras y la pronunciación se acerca a la de un adulto. Morfología Hacia los tres años, el niños supera la etapa del habla telegráfica incorporando algunos morfemas flexivos que indican las funciones gramaticales de los nombres y verbos utilizados. La adquisición de las formas se acompaña del proceso de sobregeneralización. El niño descubre hacia los cuatro años qué formas son regulares y cuáles no. En la secuencia de aprendizaje que hemos descrito se dan, desde luego, muchas variaciones. Es importante recordar que el niño está averiguando cómo utilizar el sistema lingüístico mientras lo usa como un medio de comunicación. Sintaxis Una prueba parecida en contra de la afirmación de que la imitación es la base de la producción del habla de los niños ha surgido de estudios sobre las estructuras sintácticas que éstos utilizan. El niño entiende lo que el adulto le está diciendo. Simplemente, tiene su propia forma de expresarlo. La formación de preguntas y negación son características muy importantes de esta parte.










