Hoy y desde hace unos días que he tenido ganas de escribir, pero no he querido porque es aceptar lo que siento y aceptar la realidads.
Hace un año el panorama de mi vida era bastante diferente. Cursaba el tercer año de la carrera (el más difícil y demandante, sobre todo el 1er semestre, dicen), éramos ceg y salía con alguien que en ese momento jamás pensé que me cambiaría tanto la vida.
Era bonito tener y sentir una compañía permanente, un revoloteo en el estómago, andar por los pastos de la U y de los parques como adolescentes enamoradas. Estábamos ad portas de que me pidieras pololeo pero yo ni cagando me lo esperaba, sólo sabía que quería pasar todo el tiempo del mundo contigo. Recuerdo cada detalle de ese extenso y largo día.
Era un 11 de Abril, día de marcha y primera marcha que convocábamos como CEG. Era un día importante y nos juntaríamos en la tarde. Partió la marcha, terminó con destrozos y lacrimógenas a la vena. Me encontré con amigas del colegio, estuvimos un rato, nos dispersamos y me quedé con la Javi. Conversamos de la vida, almorzó y luego se nos ocurrió ir al colegio. Yo no iba al colegio hace bastante tiempo, más de 6 meses o algo así (era mucho porque me costó mucho cortar el hilo y pasaba yendo en primer año de U). Lo típico ir a saludar y abrazar a los profes que yo consideraba y aún lo siento así, parte de mi vida y una familia que me formó en lo que soy ahora. Estuvimos con la profe Kaune <3, con la Helga, la Sole, les conté lo del CEG, la carrera y estaban más felices que la chucha. Fue rico ese día. Terminé esa tarde de colegio en la Filippo con la Sole y la Helga que era raro no tratarlas de profe. Luego de eso, tocaba responder el celular para juntarse contigo que habías hecho varios trámites durante el día y la parada final era la grandiosa Plaza Brasil como lugar para juntarse.
Llego a dónde estabas, siempre yo un poco nerviosa antes de verte y ninguna había almorzado así que partimos a hacer lo que mejor sabíamos hacer aparte de dormir; comer. Ese día comimos pizza jeje y luego partimos hacia el forestal (tengo borrado si hubo paradas entremedio pero creo que nos fuimos caminando). Como siempre terminar en el pastito regaloneando y dándonos amorsss. Pasó la tarde y llegó la nochecita, y entre besito y besito me dices: Quieres (besito) pololear (besito) conmigo?. Yo por dentro me estaba muriendo y reviviendo a la vez, yo jamás te lo iba a pedir porque eras tú la que nunca había pololeado ni enamorado por lo que tenía que ser paciente y esperarte a ti. Obvio que te dije que sí y desde ese momento y desde esa noche te quise con más confianza y me comencé a entregar. Luego de que nos siguiéramos queriendo en el Forestal, llegó lo peor de la noche: el asalto. No lo podíamos creer, habíamos visto a los tipos hace rato en una banca a lo lejos pero pensábamos que era una pareja y que estaban en la suya pero en realidad las que estaban en la suya éramos nosotras. Llegan dos tipos con una pistola, nos apuntan y nos piden los celulares. Se los tuvimos que pasar y a pesar de que no era tan tarde (22:50), ambas estábamos con lata por el susto, el asalto, perder cosas importantes de los teléfonos y en fin, todo lo que conlleva un asalto además de que nos íbamos a parar muy pronto del lugar. Ambas íbamos cabizbajas pero en realidad había pasado algo tan lindo y era que nos acababa de ocurrir algo horrible pero nos teníamos la una a la otra oficializado. Nos podían robar lo que quisieran pero nuestra unión ni cagando. Yo creo que será la pedida de pololeo que más recordaré porque fue tierna, sencilla, llena de emociones, con asalto, perdiendo tu foto votando y sentirte a ti tan cerquita era lo mejor que me podía estar pasando.
Se va a cumplir un año el miércoles de ese día, del día que acepté que me entregaría a ti, de tantas canciones que escuchaba y que mi corazón ya te las estaba dedicando pero se hacía el weon, de ese comienzo de un pololeo que me cambiaría los días para siempre.
Últimamente he recordado mucho esos días de forma nostálgica, y también te he extrañado bastante. En la actualidad no estamos juntas, terminamos hace aproximadamente cuatro meses y ha sido duro el proceso de término, el proceso de aceptación del mismo, el de extrañarte, el de ser amigas, el de discutir y el de volver a ser amigas.
Cuesta aceptar cuando uno pierde algo que ama pero yo era tan pendeja, con el tiempo me puse estúpida y realmente no supe valorar la gran persona que tenía a mi lado, de esas personas que se encuentran una sola vez en tu vida. Yo sé que el destino nos tenía preparada otra cosa y que un amor que fue tan puro tenía fecha de término. Me tocó aprender de ti, de admirarte, de escuchar al otro, de perdonar y aprender a pedir perdón, aprendí a equivocarme, a valorar lo que tengo en mi vida y a hacerme cargo de mi vida. Me enseñaste a ser persona y aunque yo creía que conocía el amor y me las daba de no sé que wea, la verdad es que contigo aprendí lo que es el amor, que no es algo pendejo sino que es apoyar a alguien, comprenderlo, quererlo con virtudes y defectos, enseñar y aprender, ceder, regalonear, compartir, aprender a conocer y conocerse uno mismo, y un sinfín de cosas que juraba que sabía pero contigo las aprendí. Me cuesta aceptar que ya no hay vuelta atrás, que realmente tenías que llegar a mi vida a enseñarme y no ser eterna o al menos durar un poco más pero esto tampoco daba para más.
Te estaré eternamente agradecida y espero que en un futuro esta historia la esté contando y a la vez hablando contigo y por qué no contándotela a ti para que te rías de lo Neruda que soy, de lo mamona y existencialista que soy. Te amo y lo haré por siempre, me diste los 8 meses del 2017 más lindos, el apoyo y cobijo que necesitaba. Contigo formaba hogares donde estuviéramos porque tú eras mi hogar, la calidez que esta cabra chica necesitaba, los empujoncitos, abrazos y lloriqueos que me tenía que pegar debían ser contigo. Gracias por tanto Momo y perdón por lo weona que fui, aunque tu me perdones no sé si yo lo haga alguna vez conmigo misma.
Lo posteo con esta foto aunque no sea de esos días de Abril ya que perdí las fotos de ese tiempo con el robo y además porque era uno de nuestros pasatiempos favoritos. Contemplar como jugabas en la maquinita me daba calma y a la vez emoción en caso de sacar o no el peluche. Y eso es lo que necesito, calma.














