RASTREÁNDOLOS EN LA MEMORIA
A finales de noviembre me acordé de mis abuelos (abuelo materno y abuela paterna, los únicos que conocí). Me acordé de ellos porque tenía unas ganas de conversarles, escuchar sus historias, contarles mis problemas, volver a ver sus sonrisas y perfumes. Aunque reconozco que sólo los recordaba en tiempos difíciles, y sí que lo eran, en estos dos meses los he recordado más que en dos años. En verdad, aún me hacen mucha falta.
Entre ese momento, finales de noviembre, y ahora, segunda mitad de enero, estuve escribiéndoles algo como forma de conversarles y de seguir llevando su duelo, al menos, recordándo aquellas cosas que extraño de ellos.
Aquí, algunas cosas que les escribí:
** Como no extrañar sus sonrisas ante mis tonterías de niño y nuestros actos de rebeldía contra las prohibiciones de mis padres. ** Como no extrañar sus consejos cuando mis días andaban grises, con palabras de experiencia, de ternura y de perdón. ** Como no extrañar sus historias de juventud, narradas con alegría, nostalgia y enseñanza. ** Como no extrañar sus grandes brazos abiertos cuando corría abrazarlos cuando era pequeño, o su mejilla bien entregada para darles un beso en la adolescencia. ** Como no extrañar sus perfumes, olor que se han desvanecido en el tiempo. ** Como no extrañar cuando los creía eternos y que ahora me faltan mucho. ** Como no extrañar tu estrategia para que yo leyera los libros del plan lector, con cada vez que me preguntabas por algún personaje del libro. Yo, para no quedarme callado, tenía que leerlos constantemente para estar listo ante tus preguntas.Tarde me di cuenta de tu noble engaño. ** Como no extrañar que me enseñaste a llorar ante la ternura cuando veíamos tus novelas, acompañándonos durante la noche luego de hacer mis tareas. ** Como no extrañar el lugar más secreto de tu casa, tu ropero, donde guardabas celosamente los Sublime, que me dabas uno cada vez que te visitaba. ** Como no extrañar que me compartiste un poco de tu tierra, San Marcos en Cajamarca, cada vez que me llamabas para abrir la caja que te envíaba la familia desde allá, para comer un cuy con café o leche. ** Como no extrañar cuando me pedías ayuda para cosechar los higos en tu patio trasero, dos o tres veces al año, y me recibías con toda la indumentaria posible para que no me cayera la leche de la planta y estuviera con picor por varios días.
** Y gracias a que los recuerdo, puedo tenerlos de visita un momento, rastreándolos en el tiempo, aunque algunos sentidos me lo ponen difícil.










