Te escribo siete años después de tu partida porque aunque pasan los años, aún siento que tengo mucho por contarte. Quiero desatrasarte de todos estos años, de lo que ha sucedido en mi vida, de lo que fue de mí después de tu partida.
Fueron tiempos muy difíciles esos primeros meses que ya no estabas, me sumergí en una depresión absurda y vergonzosa, fue el momento más egoísta de toda mi vida. Lloraba día y noche porque ya no te tenía conmigo, no pensaba que tú estabas disfrutando de tu libertad eterna, de una plenitud sublime que imagino aún vive contigo. Y si, digo vive porque en estos años aprendí que nada nunca muere realmente.
Quiero contarte que viví en Bogotá tal y como lo había planeado contigo esa tarde calurosa frente al mar, cuando prometíamos realizar sueños juntos y querernos toda la vida. Quiero que sepas que aún admiro eseamor inocente e ingenuo que nos jurábamos en esos años, hoy amo de una manera diferente.
No voy a entrar en muchos detalles de mis años en Bogotá porque realmente no me enorgullezco de lo que allí viví, pero crecí, aprendí de todo, de todos los que conocí, aprendí sobre todo de mí misma, de lo que conocí de mí en medio de la soledad. Aprendí a vivir con tu ausencia y a todos les hablé siempre de ti, llevaba siempre tu foto y te mostraba enaltecida por todo lo bueno que me diste antes de decir adiós.
Regresé al Valle, vivo ahora en Cali, estudié comunicación social, me enamoré todavía más de la literatura, del cine, de la música. Expandí mis sentidos, viajé, hice nuevos amigos, comencé de nuevo. Contra todos los pronósticos me volví a enamorar y lo hice completa, dándolo todo como ha sido mi esencia, entregando el corazón, siendo soporte e impulso.
Pasé mucho tiempo dando vueltas y un poco perdida, no sabía exactamente lo que quería o a quién quería, me dediqué a pelear con el tiempo que se me escapaba entre mis rabietas por nuestra despedida. También peleé con el amor, dejé de sentirlo por algún tiempo, es decir, ese tipo de amor que te eriza la piel, te para los pelos y te congela la garganta.
Confieso que no te hice sentir precisamente orgulloso por mi comportamiento en esos años, debes comprender que estando perdida tropecé con muchas piedras y me caí muchas veces, pero en la misma medida en que me alzaba contra el tiempo, este con paciencia me enseñaba que debía volver a levantarme y volverlo a intentar.
Aprendí a llevar mis cicatrices con altura, ahora no escondo mis defectos ni me avergüenzo de mis errores, ahora entiendo que eso me hace más humana y que el ser más humana me hace amar mejor. Allí está el secreto, en quizá no amar tanto pero sí amar mejor. Aprendí de la libertad y la perpetuidad que me regalaste en aquel enero, aprendí a bailar al son que me tocaba el destino y comencé a fluir. Una día en medio de mi fluidez y cuando por fin había dejado de pelear contra el mundo por tu partida, me volví a enamorar y entonces volví a nacer.
Quiero presentártelo, es un hombre increíble en todos los sentidos. Hace cuatro años camino de su lado, mirando al frente, soñando muy alto. Lo amo, realmente lo amo, lo amo por lo todo lo que es y por lo que ha hecho de mí, porque me devolvió a la vida, porque me hizo sentir otra vez, porque me inspiró, porque me tomó de la mano y me amó siendo solo yo misma. Nadie reemplaza a nadie, tú serás eternamente irremplazable, con él ahora trazo mi futuro, con él comparto mi vida, mis sueños, mis victorias y mis caídas, a ti te saludo en el aire y te agradezco cada día por haberme enseñado a amar, porque sin todo aquello que viví contigo ahora no sería posible disfrutar de lo bonito que me pasó con él.
Me enseñaste a desprenderme, a no sujetar ni detener a nadie. Me enseñaste a esperar, a ser paciente, a caminar liviana, a dejar las cargas de un lado, a vivir a corazón abierto, a andar descalza; me enseñaste a reírme de la vida de la forma más seria, a fijarme en todo, a no pelear con el tiempo porque de todas maneras pasa, a vivir lo que siento, a soñar en grande, a tomar la mano sin tomar la vida, a ser feliz siempre.
Ahora me preparo para ser profesional, quiero comunicar lo que pienso, lo que amo, lo que me mueve. Quiero expresar e inspirar. Alcanzaré muchos logros y en cada uno de ellos te prometo que te recordaré. Subiré un día al altar, haré una familia, construiré un hogar, escribiré libros, muchos libros, escribiré novelas, películas, contaré historias, viajaré por el mundo, ayudaré a todas las personas que pueda, iré siempre al mar, leeré aún más libros de los que pueda recordar, veré muchas películas y lloraré en cada una de ellas, amaré todo, me amaré a mi misma, viviré. Te prometo que jamás me voy a cansar de vivir.
Gracias por acompañarme siempre, por seguir aquí aunque ya te hayas ido, por haberme impulsado a vivir y a amar. Te saludo de lejos y te sacudo la mano, mi camino continúa, avanzo junto al hombre con el que elegí compartirlo todo; me sonríes porque sabes que estoy con la persona correcta, porque estaré protegida, porque siempre me sentiré amada, porque dormiré tranquila, porque no estaré sola. Te escribiré más cartas, te contaré de mis planes, te saludaré siempre. Ahora giro y miro a mi derecha, allí está el hombre de mi vida y a quien le seguiré dedicando todos y cada uno de mis días.
De nuevo vista al frente, adiós mi ángel.