Amor borracho.
Comprendí que el alcohol y mis problemas mentales no se llevan bien.
No sé qué me hace más daño si el amor o el alcohol, o mi amor por el alcohol o si mi amor borracho es muy peligroso.
Recuerdo la primera vez que me paso, no sé si fue el amor o si fue el alcohol…
Desperté este domingo con una resaca mortal creyendo que había tenido un sueño espantoso y agradecí casi al mismo tiempo de que fuera así, me levante de mi cama y comencé a observar mi habitación tratando de descifrar qué había pasado la noche anterior hasta que me percaté de que estaba pisando sangre seca que había en el piso, mire mis muñecas y en efecto, estaban llenas de cortes, pero no eran lo suficientemente profundas para haber inundado de sangre el suelo, fue entonces cuando comprendí que no era mía, era de él.
Salí corriendo a buscarlo con la gran incertidumbre de saber lo que había pasado después de aquellas pruebas contundentes de que definitivamente no había sido la mejor de las noches, rogándole a lo que fuese que me escuchará que me ayudará a ya no ser así y a ser buena. —No es que sea mala, sólo no puedo ser totalmente buena. En todo—.
Cuánto fue el grado de ofuscamiento que provocó la ira en mi interior que logró terminar con la poca prudencia que me queda, o quedaba. Llegue a la estación de autobuses y ahí estaba con sus gafas puestas fumándose un pitillo, me acerque a su costado derecho con paso vacilante y con aire culpable:
—¿Qué ha pasado? —Pregunté.
—¿Qué, no me digas que no te acuerdas? —Contestó sin voltear a mirarme.
—Si lo recordará no habría venido a preguntártelo. Necesito saber qué fue lo que paso, por fa.
—En ese momento se quitó las gafas y me miro de frente dándome la oportunidad de visualizar toda su cara—
—Pero… ¿Cómo sucedió? No pude haber sido yo, soy tan débil.
—Débil já, ¡ESTÁS LOCA! No entiendo porque me odias tanto si he tratado de darte lo mejor de mí.
—Yo tampoco entiendo cómo es que me quieres tanto si sólo te he dado lo peor de mí. Siempre lastimo a quienes me quieren, ¿Y sabes qué es lo peor?
—Aparte de tener tus dientes marcados en mi rostro y el ojo amoratado, ¿Qué se supone que es lo peor?
—Lo peor es que siento satisfacción. Soy tan infeliz.
—De verdad estás mal, si esto vuelve a suceder se acabó.
—Pues que se acabe ahora. Desde hace tiempo te lo he dicho ya no siento nada, no solo por ti. Estoy en una faceta en la que soy incapaz de generar emociones positivas. No quiero volver a hacerte y hacernos daño. Hay que dejarlo.
—Pero te quiero, no me quiero alejar de ti, no me imagino la vida así. Solo deja de beber.
—El problema no es el alcohol, el problema eres tú.
—¿Yo? Pero si yo te quiero….
—Yo a ti ya no, te lo he dicho y demostrado. Si te quisiera no te golpearía. ¡YA DÉJAME!
—Adiós.
—Hasta nunca.
Cada uno partió a su soledad confundidos y lastimados. Me preguntaba qué hacía una persona a lado mío pudiendo alejarse de mí. Yo no tenía esa facilidad y les envidiaba a todos quienes me rodeaban. Lo único que quería era huir de este cuerpo, silenciar todas esas voces: mis yoes enfermos y decadentes. Vivo en un vacío inconmensurable, frecuentemente me arrastra el hoyo negro que se encuentra justo en la mitad de mi mente y nada es suficiente, nada le llena por más destrucción que se inventa para mi vida “cotidiana".
Para que la culpabilidad pasará era necesario que también se me pasará la cruda mortal que reprimía mi estómago y me hacía sentir aún más mal tanto física como mentalmente, para eso era necesario un canuto de hierba para conciliar el sueño, ahí se desvanecían mis miedos, puedo jurar que hasta mis problemas de personalidad se esfumaban ya que mis sueños me decían que era tiempo de dejar de destruir y comenzar a crear.















