Me han preguntado que cómo estoy, si este domingo he amanecido desvelada, con resaca o si aun ando en la fiesta y yo he respondido que sólo ESTOY.
Me han preguntado dónde es la fiesta, que si voy a sacar las drogas y quiénes han sido mis últimas víctimas de folleteo casual y yo he respondido que me he quedado en casa a escuchar el AULLIDO de los locos.
Me han dicho que cuánto he cambiado y yo he respondido que no lo he hecho sólo me he reivindicado entre las líneas de lo que es y podría ser mi existencia.
La entropía que existe en mi naturaleza melancólica no sé puede extinguir sino expandir. Soy caos en el Cielo Líquido porque mi naturaleza es neptuniana. Soy tempestad y soy calma en el emocional mar de mis entrañas.
Me han llamado loca para insultarme y también para elogiarme, y sí me he sentido loca de dolor pero últimamente me siento loca por crear, loca por sentir, loca por vivir y loca por existir existir existir.
Ya no estoy vacía. El dolor me ha abandonado.
Me he elevado hacia el Cielo Líquido, azul electrizante, donde todos los ángeles son negros y tocan Bebop mientras las almas de mis ídolos personificados por arcángeles danzan alrededor mío moviendo sus cuerpos extasiados por el ritmo de la música.
Ahí está Jack Kerouac que ahora está mirándome y su mirada penetra hasta mis pensamientos, entonces me grita: “la única gente que me interesa es la que está loca, la gente que está loca por vivir, loca por hablar, loca por salvarse, con ganas de todo al mismo tiempo, la gente que nunca bosteza ni habla de lugares comunes, sino que arde, arde como fabulosos cohetes amarillos explotando igual que arañas entre las estrellas.”
Y yo ardo, ardo y ardo. Arden mis emociones debajo de la piel, y ardo hasta desintegrarme en el cielo líquido y convertirme en lluvia.
Lluvia de mi delirante pasión.
No estoy loca, estoy más cuerda de lo que me gustaría aceptar. Sólo pasaba que no pasaba nada y aquello me hacía oscilar entre la neurosis y la psicosis.
¡Oh mi querida psicosis! que me arrastraba hasta los abismos del océano Gabrielle arrastrando a los débiles conmigo.
Pero siempre vuelvo a resurgir de las profundidades más remotas que no se encuentran en ningún océano más que en el interior.
Y me elevo hasta sentir la liquides del cielo azul.
Los ángeles negros ahora están tocando el Jazz del carterista y al lado mío tengo a Bill Lee penetrando mi sentir con sus ojos vetustos y entonces me dice: “Cuando uno deja de crecer empieza a morir”.
Y me doy cuenta de que estoy muriendo y no he vivido como me gustaría poder vivir, no he sentido como me gustaría poder sentir y no he amado como me gustaría poder amar. Todo este tiempo he crecido en la obscuridad. Pero me he reivindicado desde varias líneas atrás.
Los ángeles negros están tocando cada vez más frenéticos, empapados por el cielo líquido y el arcángel de la prosa espontanea comienza a recitar sus 71 coros del Cielo Líquido 210 Free Jazz y los 10 coros de la Cerrada del Infierno Interior acompañado por el éxtasis que provoca el jazz libre, la prosa libre, el cielo libre, las almas libres como la mía y la tuya.
El antiquísimo ritual del Cielo Líquido para liberar a las almas del miedo.
Ya no tengo miedo y ahora puedo elevarme hacia el Cielo Líquido cada vez que me apetezca y encontrarme con los míos, esos locos que me enseñaron a quitarme los miedos escribiendo. Ahora puedo disfrutar de la sensacional música de los negros que fueron marginados y repudiados desde el inicio de los Tiempos, dentro de los límites de mi propio cielo.
¡Alabados sean locos marginales!
Mi Cielo Líquido esta creado para los locos, para los marginales y para los libres del alma. En mi Cielo reina la locura y la cordura, la tempestad y la calma…
Estoy hablando de equilibrio:
final de los Tiempos en espirales perlinas.