، 𝗧𝗔𝗦𝗞 𝟬𝟮 : 𝐈𝐍𝐓𝐄𝐑𝐑𝐎𝐆𝐀𝐓𝐎𝐑𝐈𝐎 , parte 02 / 02. 𝘦𝘯 𝘭𝘢 𝙥𝙚𝙣𝙪𝙢𝙗𝙧𝙖 𝙙𝙚𝙡 𝙘𝙤𝙣𝙛𝙚𝙨𝙞𝙤𝙣𝙖𝙧𝙞𝙤, 𝘢𝘱𝘳𝘦𝘯𝘥𝘪 𝘲𝘶𝘦 𝒆𝒍 𝒑𝒆𝒓𝒅𝒐́𝒏 𝘦𝘴 𝘶𝘯𝘢 𝙢𝙚𝙣𝙩𝙞𝙧𝙖 𝙘𝙤𝙣 𝙨𝙤𝙩𝙖𝙣𝙖.
› post original ⋆ @losavntos.
› ¿lanzó usted la piedra que impactó a ferran dupont o a otis melbourne?
‘ No, no lo hice. ’ responde a la pregunta de Jeperson, que es veloz en contraatacar con un: ‘ ¿está seguro? ’ Carmine tuerce la mandíbula, visiblemente frustrado. Pero intenta que aquello no llegue demasiado lejos. ‘ Como ya le dije: no estuve plenamente consciente durante toda la noche. Lo poco que recuerdo, se lo estoy diciendo ahora. ’ Si está exasperado, no se esfuerza demasiado en ocultarlo. Sabe que la performance decae de a pocos pero tampoco puede hacer nada en evitarlo, sobre todo cuando empiezan a colarse los nombres que sabe que podrían deshacer su relato con hablar de más. Así que se aferra a la narración como si no hubiese otra cosa, y puede que así sea. ‘ Pero Ferran y yo éramos amigos. Lo somos, de hecho. Puede preguntarle. ’ Es altanero. Es ambicioso, también. No sabe cuánto estaría dispuesto Ferran a poner las manos al fuego por él, sobre todo teniendo en cuenta su reciente distancia. Es más, casi está seguro de que no se esforzará demasiado en corroborar su historia, pero sospecha que no será aquello lo que le pregunten tampoco. Varela rebate: ‘ Otis no era su amigo, Arbury. ’ El rubio gira el rostro en su dirección. ‘ Es correcto: Otis no era mi amigo. Pero tampoco tenía ninguna razón para lastimarlo. Era irrelevante. ’ La defensa es impecable, es rápida y un tanto escueta. Pero parece satisfacerlos lo suficiente para dejarlo en paz. Por lo menos por los instantes que siguen.
› ¿quién del grupo inició el conflicto físico?
Vuelve a tomar agua. Esta vez ninguno de los dos detectives le permiten darse tanto tiempo libre, así que lo apuran a que el sorbo sea corto. Carmine observa a Amanda, después a Jeperson. ‘ Le repito: esa noche es borrosa. Confusa. No puedo hablar desde la absoluta certeza, pero si me obligan a conjeturar, diría que fue uno de los amigos de Otis. ’ Está incómodo, y no hace falta más que mirarlo para saberlo. Sabe que tiene que hacerse del mando una vez más, no solo de la situación sino también de sí mismo. Que las preguntas de ahora en adelante solo van a ser más y más abrasivas, así que él tiene que encararlas de la misma manera: con el peor de los descaros. ‘ ¿Ignacio Alcázar, tal vez? No lo sé — también puede haber sido Demian Reznick, aunque es menos probable. Ese chico no sabía dónde estaba parado la mayor parte del tiempo. ’ De a pocos, comienza a sentirse más desvergonzado. Se permite reírse, incluso, aspecto que se lleva un vistazo de desaprobación de parte de Amaranta. El juego previamente compartido se siente tan lejano en esos instantes. Desdén es lo único que ve en sus ojos. Traga saliva. ‘ Lo único que sé es que querían fuera a Alfred. Y a nosotros con él. Estaban alterados. No, más que eso: estaban furiosos. ’ Si dramatiza, ninguno tiene por qué enterarse. Es más, decide ir un paso más adelante. ‘ Se veían peligrosos, Varela. Y no lo digo a la ligera. ’ Pero saberse en la cima viene con complicaciones, y es ahí que llega el segundo toque de parte de Liao. Una mera advertencia: ni se te ocurra desbordarte, Carmine. Él asiente en un gesto que es perceptible solo para ellos dos. Aclara la garganta. ‘ Siempre fui de la opinión de que el círculo debía reducirse, algunas inclusiones fueron un error. Ninguno de ellos iba a ser el próximo Clemente Caddel. Eso era evidente desde el primer día. ’ concluye finalmente, ni de un lado de la balanza ni del otro.
› ¿por qué han decidido proteger la identidad del responsable?
‘ No fue una decisión que tomamos a consciencia. Como dije, no somos ninguna secta. Nunca hubo un comunicado conjunto ni un plan maestro. ’ La primera mentira que no reside en una verdad, porque eso es precisamente lo que hubo. Es lo único que recuerda con total claridad: Hera reuniendo a un grupo reducido de personas para decirles cómo iban a salir de esta. Seis años atrás, la rubia fue la única capaz de resolverles la vida en poco menos de una hora. O por lo menos de contener el daño cuanto les fuera posible teniendo en cuenta sus respectivas edades. Él se recuerda a sí mismo de una forma más bien similar a lo que le pasó momentos atrás: viéndose desde afuera, juzgándose desde arriba. Estaba destrozado, él y Dylan. Apenas podían mantenerse en pie o formar oraciones coherentes. Es terrorífico pensar que, si no fuera por un equipo de abogados y una sobriedad de menos de una semana, estarían en iguales condiciones al día de hoy. ‘ Cada uno contó lo que recordaba. Que no era mucho, honestamente. ’ continúa. ‘ Estábamos todos bajo influencias, algunos incluso menores de veintiuno. No es un detalle menor. ’ refuerza lo dicho previamente sobre las figuras adultas en sus vidas. ‘ Nos enteramos de lo que había pasado —¿qué, a las cinco de la mañana? — y antes de que amaneciera, ya estábamos declarando. Tienen que entender que muchos de esos recuerdos están distorsionados, que acabábamos de vivir un suceso traumático y ni siquiera habíamos tenido tiempo de darnos una ducha. ’ Para sorpresa de sí mismo, habla desde el corazón. Tal vez sus intenciones no son puras, pero lo que dice es, en esencia, honesto. ‘ Fue horrible. ’
‘ Incoherencias, lagunas, contradicciones… eran inevitables. Nadie tenía el rompecabezas completo. ’ El núcleo de su plan radica en la idea de que las dos personas que tiene en frente le crean. Y cuando sospecha que lo hacen, o que, cuando menos están de acuerdo con parte de lo que dice, considera que es hora de lanzar la bomba. El punto de inflexión depende de cómo diga sus palabras siguientes, así que una vez más se toma unos segundos de su tiempo para preparar una vez más su pequeña presentación. Uno, dos: la mirada en el suelo. Tres, cuatro: los labios fruncidos. Cinco: el mentón que se alza, los ojos achicados, la expresión de quién repara en algo que antes no estaba ahí. ‘ Lo que sí recuerdo con bastante claridad es haber visto a su hermana, Amelia. Al menos una vez. Tal vez más. ’
Boom. Amaranta Varela se gira para su compañero. Ninguno de los dos entiende qué acaba de pasar, pero se dan cuenta de que algo en efecto ha sucedido. Un giro importante, una vuelta de tuerca que no esperaban. El as del otro lado. Pero la mejor parte es que ni él ni ella pueden siquiera comenzar a conjeturar que se trata de aquello, demasiado ensimismados en lo siguiente que va a decir. ‘ No la conocía demasiado, pero tengo este recuerdo de esa noche… — creo que en algún momento estaban discutiendo. Ella y Otis. ’ aclara el panorama, y ellos se lo compran. Ni siquiera sabe si así lo quieren. Carmine sospecha que es un poco inconsciente. ‘ Es más, ahora que lo pienso, creo que ella estaba cerca. No sé si desde un primer momento, pero puedo recordar… —son sus ojos. Tiene unos ojos muy memorables. ’ añade innecesariamente. ‘ Creo — no, sé que la vi en algún punto de la noche con una de esas piedras que tanto mencionan. ’ relata como si aquella fuese la labor más tortuosa del mundo. Resopla. ‘ Pero no recuerdo mucho más. ’
Como si nada hubiese pasado, se encoge de hombros. Los detectives parecen querer más, necesitar más. Y Carmine se los va a dar pero, como con todo, necesita escucharlos pedírselo. Ellos intercambian miradas y es Jeperson quién toma el control de la situación. Charles Jeperson: ‘ ¿se lo dijiste a alguien? ’ El neoyorquino asiente. ‘ Sí, es decir… —bueno, lo que todos saben, ¿no? — Amelia Melbourne. Las manos manchadas de sangre. Sonaba lógico cuando lo escuché. Después de todo, una discusión más una piedra es igual a una posible responsable. ’ Pero no los enfrenta cuando lo dice. Necesitan que crean que no se trata de una respuesta preparada, sino de una conclusión a la que lo han llevado accidentalmente todas sus preguntas. Lo remata con un: ‘ pero elaborar teorías no es mi tarea, es la de ustedes. ’
› ¿cuál es su posición respecto a que el caso se clasifique como “incidente”?
‘ Lo fue. Toda esa noche fue un incidente, un terrible incidente. ’ Asiente reiteradas veces. ‘ Si bien no soy fanático de muchos de nuestros compañeros del círculo, no creo que alguien quisiera esto. No de verdad. ’ El giro de la empatía no es uno en el que pueda caer con facilidad, sobre todo porque no la siente en lo más mínimo. Pero es una carta que Amanda Liao lo pone a entrenar, una y otra vez, porque sabía que iba a necesitarla. No se equivoca. El personaje que interpreta allá adentro se sabe cruel, mezquino, altivo, pero también humano. La mejor parte es que no es más que un retrato de sí mismo, de todo eso que no le gusta ver en el día a día, pero que puede exagerar por una hora si así se lo permite. ‘ Más allá de las posibles rivalidades, o desacuerdos… — nadie quería esto. Este circo mediático, estas acusaciones sin sentido. ’ Sacude la cabeza. ‘ Todo lo que vino después condicionó nuestras carreras. Y todavía lo hace. Ustedes no han jugado un rol muy activo en detener la cacería de brujas, si se me permite decirlo. ’ Varela entorna los ojos, y Carmine aprovecha aquello para fingirse más fuerte de lo que es. Lo hace trayendo a colación ese nombre que quema en la lengua, esa carta que ninguno espera — ni siquiera su abogada. ‘ Melodía Buchanan hizo lo que toda madre hubiese hecho en su posición, Gideon todavía estaba en Pomona cuando Alfred falleció. ’ Escucha cómo Amanda ahoga un suspiro que no diferencia entre el alivio y la mayor preocupación. ‘ No tenía sentido alguno torturarlo con la muerte de su hermano solo para satisfacer el hambre de la prensa barata. ’ No obstante, Carmine acusa con total normalidad. Como si no hubiera pasado nada. Como si pensar en la madre de Alfred no le revolviese el estómago de sobremanera. Así que juega una carta todavía más atrevida. ‘ Y Otis Melbourne — bueno, esa también es una terrible tragedia. ’
› ¿qué secretos de alfred buchanan está usted protegiendo aún?
Se carcajea. ‘ Oh, por favor, Charles. ’ Varela eleva las cejas. Se gira para su compañero, que en cambio no se inmuta en lo más mínimo. Carmine frunce el entrecejo, chasquea la lengua. ‘ No tengo motivo alguno para proteger el secreto de nadie. Tampoco soy la persona favorita para guardarlos, así que créame — no recibo tantos como usted piensa. ’ se defiende, y no está siendo del todo deshonesto. ‘ Claro que Alfred y yo compartimos cosas. Éramos mejores amigos — no todo lo que se dice entre amigos tiene relevancia legal, ¿no cree? ’ plantea de manera retórica. Por supuesto, todo aquello de lo que alguna vez se supo único conocedor iría con él a la tumba. ‘ Si lo considerara de otra manera, se los diría. ’ termina de mentir. No obstante, reconoce que el terreno se presta para un buen broche de oro. Así que decide dárselos: ‘ Aunque supongo que… ’ empieza diciendo, la mirada en la mesa antes de subir hacia ellos. ‘ Bueno, esto no es precisamente una bomba, pero — Alfie y Amelia estaban viéndose. En secreto. Por un tiempo. Antes de todo esto. ’ les dice lo que ellos ya saben con el fin de alimentar una curiosidad por más y más basura. Aparentemente, lo logra.
‘ Alfred no hablaba mucho del tema. Yo tampoco. Soy reservado en aspectos del corazón, ¿sabe? Es más, recientemente fui empujado a salir del armario, así que no ha sido fácil… —bien, Alfred también lo era. Por lo menos conmigo. Pero sí noté algo. En los días previos se lo notaba… inquieto con ella. ’ Es la primera vez a lo largo de esa hora que reconoce que, en efecto, hay un showman en él. Este está más vivo que nunca. ‘ Amelia no tenía la mejor reputación. Parecía inestable, a falta de una mejor palabra. Alfred pensaba que estaba influyendo sobre Otis, metiéndole ideas sobre él. ’ Escucha la percusión del golpe final. Las personas preparadas para ponerse de pie en sus butacas. Los futuros aplausos. ‘ Nunca entendió ese odio que Otis sentía por él. Pero sospechaba que Amelia tenía algo que ver — bueno, por algo los Melbourne discutieron esa noche. No me sorprendería si fuese por eso. ’ E incluso en toda la sarta de mentiras, hay honestidad. Por eso tiene que terminarlo justo a tiempo, momentos antes de que la verdad revele algo que se le escape de las manos. ‘ Pero me temo que nada más me viene a la cabeza por ahora. ’ Los detectives se acomodan en sus asientos, Amanda comienza a ponerse de pie. ‘ Si surge algo más, me aseguraré de llamarlos. ’ les asegura Carmine. Nada parece molestarles más que darse cuenta, en ese preciso instante, que le han permitido llevar adelante el ritmo de la conversación. Que esta ha finalizado en sus términos, y no en los de ellos. Aun así, les extiende la cordialidad de ser quienes se paren primero, y él lo hace un segundo después. Les extiende la mano a ambos. Sonríe. ‘ Un placer, Varela, Jeperson. ’















