somos mexicanos no somos criminales!!!! pero el govierno los trata coma animaless!!

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somos mexicanos no somos criminales!!!! pero el govierno los trata coma animaless!!
"Volé en escobas, peleé con dragones, platiqué con animales, desenmascaré monstruos y atrapé al ladrón. Tenía tantísimo que hacer, tanto, tanto que hacer en mi niñez, misiones peligrosas y casi suicidas como salvar al mundo de Lord Voldemort o ambiciosas como atrapar a todos los Pokémon, y aún así, el tiempo me sobraba."
Esta perrita se llama Dulce, la encontró un amigo a la entrada de una urbanización, se ve que alguien la había dejado ahí a mala idea, entre el tráfico.
Están buscando una casa para ella como locos, porque tienen cuatro perros y viven en un piso.
Si queréis contactar con ellos os dejo los datos:
[email protected] /653855213
La perrita está en Murcia.
Un clamor por los tigres
AUTOR: Caroline Alexander
www.natgeo.televisa.com
Amanece, la niebla envuelve el bosque; apenas puede verse una pequeña franja de tierra rojiza. De pronto, una tigresa emerge en un halo de luz cobriza brumosa. Primero se detiene a orillas del camino para rozar un árbol con los bigotes de su derecha, luego cruza el sendero y frota los de la izquierda. Entonces se vuelve a mirarnos con hastío e indiferencia profunda. Por fin, como complaciéndonos, se yergue para arañar la corteza, presentándonos su perfil, esos flancos imponentes, hermosos, iconográficos y visiblemente poderosos. El tigre, Panthera tigris, el felino más grande de todos, al que incluso la terminología biológica reconoce con expresiones admirativas como "depredador ápex", "megafauna carismática", "especie paraguas", es uno de los carnívoros más imponentes del planeta y uno de los seres más hermosos, con su pelaje ambarino salpicado de lenguas de fuego negras. Analicemos la conformación del tigre: garras de hasta 10 centímetros, retráctiles como las del gato doméstico; dientes carniceros capaces de triturar huesos. Aunque puede correr tramos a más de 55 kilómetros por hora, su complexión es más apta para la potencia que para la velocidad sostenida, con extremidades cortas y poderosas que propulsan su característica acometida letal y sus saltos espectaculares. Hace poco, un tigre captado en video saltó -voló- tres metros y medio, desde suelo llano, para atacar a un guarda que montaba un elefante. El ojo del felino se ilumina gracias a una membrana que refleja la luz por la retina: el secreto de su famosa visión nocturna y de la mirada que brilla en la noche. Su rugido (¡Aaaaauuuunnnn!) puede recorrer más de un kilómetro y medio. Había viajado durante semanas por algunos de los hábitats del tigre más importantes de Asia en una expedición anterior, sin ver siquiera uno de esos grandes gatos, tal vez debido a su legendaria naturaleza esquiva. El tigre, cuya fuerza le permite matar y arrastrar una presa hasta cinco veces más pesada, se desplaza con silencio enervante entre pastizales, bosques e incluso el agua. El lugar común de cuantos han presenciado -o sobrevivido- un ataque es que el tigre "salió de la nada". Sin embargo, otra causa de los escasos avistamientos es que hay muy pocos tigres en los ambientes considerados ideales para ellos. Ha sido una especie amenazada la mayor parte de mi vida y su rareza se da casi por sentada, como atributo intrínseco, definitorio, equiparable a su colorido impresionante. Pero la postura complaciente de que el tigre seguirá siendo "raro" o "amenazado" en el futuro previsible es insostenible. Bien entrados en el siglo xxi, los tigres salvajes encaran el negro abismo de la aniquilación. "Hay que tomar decisiones como si nos encontráramos en una sala de urgencias -sentencia Tom Kaplan, cofundador de Panthera, organización dedicada a los grandes felinos-. No tenemos opción". Los enemigos del tigre son por demás conocidos: la pérdida de hábitat exacerbada por las poblaciones humanas; la pobreza que orilla a la caza furtiva de animales de presa y, más que nada, la sombra siniestra del brutal mercado negro chino para los órganos del animal. Aunque se calcula que la población de tigres, dispersa entre las 13 naciones asiáticas que abarca su territorio, es inferior a 4 000 ejemplares, muchos conservacionistas opinan que la cifra es inferior en varios centenares. Para ponerlo en perspectiva, consideremos lo siguiente: la primera alarma global para la especie se escuchó en 1969 y a principios de los años ochenta se creía que quedaban unos 8 000 tigres en estado salvaje. Es evidente que décadas de inquietudes expresadas a voces -por no mencionar los millones de dólares donados por individuos bien intencionados- solo lograron la extinción de, por lo menos, la mitad de una población que ya se encontraba en peligro. El objetivo de ver un tigre silvestre, por lo menos una vez en mi vida, me ha conducido a la Reserva de Tigres de Ranthambore, una de 40 áreas protegidas en India. Vi el primero a escasos 10 minutos de mi llegada y durante la excursión de cuatro días me regocijé con el avistamiento de otros nueve grandes gatos, incluida esa primera tigresa de tres años. Entre hierbas altas, merodeando con mucha paciencia, atención y deliberación, levantando lentamente cada pata para pisar con enorme delicadeza, podía verse su sigilo. No tuvo importancia que, casi siempre, compartiera la experiencia con otros visitantes que viajaban en la fila de vehículos. Después de todo, buscar grandes felinos en la espesura se ha convertido en una aventura eminentemente turística y el tigre de Bengala no es solo el animal nacional de India, sino uno de los principales atractivos del país. India alberga casi 50 % de la población mundial de tigres salvajes. El cálculo máximo del censo 2010 informó de 1 909 ejemplares en el país, 20 % más que el padrón anterior. Aunque es una buena noticia, las autoridades (en su mayoría) consideran que la nueva cifra refleja una metodología de registro mejorada más que un verdadero aumento de la población, ya que el recuento de tigres, en India o cualquier parte, es poco más que una estimación. De esos tigres cuidadosamente enumerados, solo 41 vivían en Ranthambore. Una mañana, mientras me llevaba por el parque, el conservacionista Raghuvir Singh Shekhawat señaló la diversidad de vida silvestre que prolifera en los sitios donde los tigres gozan de protección, langures, ciervos moteados, jabalíes, autillos chinos, martín pescadores y pericos. Y para brindarme un vistazo directo de la conservación de los tigres, detuvo el jeep junto a una tienda de lona. "¿Le gustaría conocer la dura vida de los intendentes de campo?", me preguntó, levantando una solapa de la entrada para revelar tres catres estrechos. "Allí está la cocina", dijo indicando una pila de tazones y alimentos enlatados. Cada mañana, muy temprano, los guardabosques caminan hasta 15 kilómetros patrullando la zona, haciendo vaciados de yeso de las huellas que encuentran y tomando nota de cualquier rastro de animales de presa. La historia de Ranthambore es una versión en miniatura de la historia del tigre en India.