Las Obras Completas (abreviadas) de William Shakespeare están de gira por el país y en lo que va del año ya visitaron dos veces a Monterrey. ¿A poco está obra vale tanto la pena? ¿Está tan buena como para llenar ya 6 veces el Auditorio San Pedro? A mi parecer no.
Lo bueno es el texto, lo malo son las interpretaciones.
El guión es una adaptación del texto de los ingleses Long, Singer y Winfield; la dirección cae en manos de Antonio Castro. Partiendo de la premisa que dentro de la obra del dramaturgo inglés se contiene toda la experiencia humana, se busca adaptar el contenido a la realidad mexicana. A lo largo de las dos horas en las que se desarrolla la obra desfilan ante nosotros las 16 comedias,10 obras históricas y 11 tragedias del bardo inglés. Se nota que hay buena dinámica entre los actores -Arath de la Torre, Rodrigo Murray y Osvaldo Benavides- especialmente en el momento en que se hace el resumen de las comedias. Vertiginosamente ocupan el escenario con una serie de giros, movimientos y mezcla de diálogos, como espectador te quedas atónito tratando de seguir las referencias. La sinergía entre diálogo, actuación y montaje durante esta secuencia es excelente.
Las adaptaciones de Othelo y Macbeth merecen especial atención. Othelo, quien en esta época postmoderna en la que todos los grupos minoritarios merecen dejar de ser estigmatizados y reivindican su lugar en el espectro social, no puede continuar siendo denominado como “moro”. Benavides pide una readaptación correcta para los estándares de nuestros tiempos y nos brinda la historia del “afro-veneciano” que ahora asesina a lo que él cree es una “sexo-servidora”. Por otro lado la tragedia de Macbeth se adapta al la historia de Nezahualcoyotl; asistimos a la tragedia de Macbetl. Esta versión mexicanisada que tiene lugar en el reino de Texcoco arranca más de una risa al espectador.
Ahora bien, si hasta el momento sólo he hecho comentarios positivos ¿Por qué me quejo de las interpretaciones? Porque los actores se ponen a hacer gestos vulgares hacia la audiencia -tipo tocarse los pezones y/o el pene o a caricaturizar con estereotipos gays- con la finalidad hacer reír. Considero esto una falta de respeto hacia el texto y hacia los espectadores. ¿Acaso creen que no podremos acceder al humor shakespeariano? El utilizar a este recurso es un gesto condescendiente hacia la audiencia. Además, abusan de el y no pueden pasar más de 3 movimientos, o palabras sin que una broma de este género cruce el escenario.
A esta pieza teatral le falto que su director, producción y actores creyeran en ella. Al parecer aún le queda tiempo de gira, esperemos que este gesto recurrente en ellos cambie y nos den un espectáculo a la altura de la audiencia mexicana.