La tercera temporada de Orange is the New Black salió en Netflix el 12 de junio. Para el 15 ya tenía que cuidar lo que leía en mi feed de Facebook porque estaba lleno de spoilers. Decidí poner manos a la obra y echarme al hilo los trece capítulos de la serie para ver con mis propios ojos, libres de prejuicios, lo que estaba sucediendo en Litchfield. Bueno, no los trece, sólo seis; en realidad ya llevaba algunos adelantados. Después de ver la tercera temporada, ¿qué puedo decir?
Me gustó más la segunda. Mientras que en la primera temporada todo gira alrededor de Piper Chapman, en la segunda comenzamos a descubrir el universo de las distintas reclusas. En cada episodio pequeñas retrospectivas de al menos algún personaje que nos permite conocer un poco lo que las llevo a estar en prisión. Me gustó porque rompe estereotipos; aunque, tal vez sería mejor decir que me gustó porque abre la perspectiva sobre las historias de vida que los distintos grupos humanos tienen antes de entrar a prisión. No todas las latinas contrabandean drogas, no todas la afroamericanas son violentas, ¡vamos! hasta dentro del grupo de las “blancas” pueden contarse inmigrantes rusas, mujeres ricas de Nueva York y una menonita.
Que aparezcan estos estereotipos, digamos, más abiertos me reconforta. Que las series estén dispuestos a aceptar y mostrar retratos distintos de grupos sociales podría leerse como un signo de amplitud de criterio de la sociedad que sigue la serie. ¿De cuántos individuos se compone esta sociedad? Les debo la respuesta, porque no encontré nada al respecto.
Sin embargo, volviendo al grano. ¿Qué puedo decir de la tercera? Me dejó insatisfecha y me molestó que al final quedaran tantos cliffhangers. Cada vez noto más este recurso en las corrientes principales de producción cinematográfica o televisiva -coff, coff Avengers y Jurasic World- y me parece un insulto para el consumidor. “Voy a decirte mucho pero dejar algunas tonterías al aire para que a fuerzas vengas el año que entra a consumir el siguiente pedazo de buena basura que produciré”. Es a través de este proceso de postergación de una conclusión que la buena calidad se diluye y los finales le quedan guangos. Se pierde el punch inicial.
En conclusión, vean la termporada uno para comprender mejor la dos. Después, déjenle ahí.
La principal diferencia entre la vida en el “norte” y aquí, es el dinero. A eso se reduce todo. Allá hay variedad para escoger unos tenis, aquí no… allá hay más comodidades
Este fin de semana tuve una amiga de visita. Ella es francesa y llegó de visita a la ciudad donde vivo en México, después de haber pasado seis semanas en Nueva Orleans redactando para esta revista de jazz. Resulta chistoso pensar que cuando nos conocimos ambas estudiábamos cosas totalmente diferentes, pero al final acabamos reunidas por la profesión de escribir. Buscando que se llevara la experiencia más mexicana posible en los tres días que iba a estar en el país, cada vez que nos fue posible -casi todas las tres comidas- la llevé a comer tacos.
A diferencia de Europa -cuyo consumo de carbohidratos se basa en pan- y de Asia -quienes consumen arroz de manera común- en este cachito del continente americano comemos maíz. La forma más común: la tortilla; aunque los sopes, las gorditas, los salbutes, tamales, tlayudas, tostadas y demás no se quedan atrás. Podría decirse que a lo largo y ancho del país la lengua común de todos sus habitantes es el vehículo a través del cual llevamos los alimentos a nuestra boca; un pedazo de masa de maíz cocida en forma circular.
Llegué a esta profundísima y trascendente conclusión cuando el último día, en lo que sería la comida final con la que se despediría del país me preguntó: «¿cuál es la diferencia entre un piratay un taco?». Tuve que sentarme un momento, no hay nada más difícil que explicar lo obvio. Me vi obligada a pedir ayuda de mis connacionales y nos pusimos a realizar la taxonomía de los alimentos basados en maíz de los que mi amiga había tenido experiencia. Al final, citando a un amigo que ahí se encontraba «un pirata y un taco gigante son en esencia lo mismo, pero categóricamente diferentes».
Me imaginé lo que sentiría yo, como se vería extraño y no sabría por dónde abordar dicho alimento. Siempre nos burlamos de los extranjeros que no saben como tomar un taco sin perder -del plato a la boca- parte del delicioso relleno; ¡pero es que nunca se han visto enfrentados a una situación semejante! Me imaginé lo que le contaría a sus amigos de vuelta en Francia «Allá en México ponen cortes de carne picados en pequeños pedazos con queso derretido dentro de una masa de maíz cocida. Además tienen unas salsas, pero no como las que nosotros conocemos, unas salsas de tomate con diferentes chiles que pican distinto. Eso se lo echan al taco y se lo comen con la mano, a mordidas». Visto de esta manera, todo parece extraño.
Es lo padre de viajar, es lo padre de escuchar lo que personas de otros países tienen que decir de como se viven las cosas en el tuyo. Es lo bonito de vivir en este gran y redondo planeta.
**Esta nota fue publicada previamente en agosto de 2014 en el blog Sicario TV
Igual y llego tarde a toda la faramalla que envolvió el lanzamiento de la película El Planeta de los Simios: Confrontación pero la verdad es que me daba hueva verla. La primera me gustó -sale James Franco- pero no lo suficiente como para querer ver una segunda. El verano, el ocio y el novio me orillaron a verla y sucedió más o menos lo mismo que pasó cuando vi Los juegos del hambre por primera vez.
Me gustó un chorro. No voy a decir que es la mejor película que he visto en años, o este año, o este mes. Sin embargo está bastante mejor que la de Jersey Boys que había visto unos fines antes.
Entre las cosas por las que me gustó, fue porque me hizo pensar en las diferencias entre animales y seres humanos -o cabría decir animales humanos-. Toda la literatura y piezas artísticas que relacionan al hombre y al mono surgieron en el siglo XVIII con Charles Darwin y la exposición de su teoría evolucionista. Y la verdad es que, siglos a distancia, el tema sigue siendo bastante debatible y molesta a más de alguno. También, si pensamos en toda la serie de descubrimientos hechos por Jane Goodall en cuanto a la inteligencia y socialización de los chimpancés o en la serie padrísima de Green Porno en la que participa Isabella Rosellini podemos darnos cuenta que, la neta, no estamos tan alejados. Para mí, en lo que falla la aproximación del filme de Matt Reeves es que no planea para los simios un futuro distinto que el de los humanos. Estos personajes tienen las mismas vicisitudes que sus previos amos. ¿No existe otra línea de evolución? ¿o es que al final todo se resume en socialización?
**Esta nota fue publicada en agosto de 2014 en el blog Sicario TV
Desde el 2013 participo en un seminario de investigación sobre la migración de retorno. Me he dedicado a comprender el impacto económico, político y social que el retorno de migrantes tiene en México. Aprovecho este espacio para compartir alguna de sus historias:
Eduardo* es originario y vive en Puerta del Monte,comunidad de Salvatierra. Se fue a Estados Unidos hace catorce años y regresó hace cuatro. Regresó «por la gente que tenemos aquí. Más que nada es eso lo que lo hace a uno retornar». A su retorno, Eduardo se dedica a trabajar las parcelas de su papá, quien ya es muy grande para salir a campo. Él se fue a Estados Unidos porque tiene 6 hijos, entonces había que sacar de alguna manera a la escuela y trabajando de jornalero en México no iba a ser suficiente. Menciona que no podía enviar ni ahorra la cantidad que hubiera deseado porque «allá también se gasta. Como aquí peso por peso, allá dólar por dólar». Por último, Eduardo se queja de que el agricultor mexicano está muy fregado, últimamente ha habido muchos fenómenos meteorológicos han sido muy duros y los bodegueros y comerciantes jamás quieren pagar un precio justo.
Desde el 2013 participo en un seminario de investigación sobre la migración de retorno. Me he dedicado a comprender el impacto económico, político y social que el retorno de migrantes tiene en México. Aprovecho este espacio para compartir alguna de sus historias:
Rodrigo* es un migrante que partió con una metaeconómica que alcanzar y una vez obteniéndola regresó. Es un originario de Tarandacuao.Estudió Diseño Gráfico en la Universidad de Querétaro y un mes después de graduarse partió hacia Chicago. Estuvo ocho años viviendo allá y tiene ocho años que regresó. Su estancia en Estados Unidos fue de manera ilegal. El motivo por el que regresó es que «estuve ocho años sin vivir acá, ya extrañaba mucho». Rodrigo nunca pensó en quedarse permanentemente en Estados Unidos. Su plan era «estar allá como dos, tres años y traer lo que quería traer. Pero vi que no fue tan fácil. Me absorbió ocho años el sistema». Con el "sistema" Rodrigo se refiere a como el consumo te atrapa. Comprar casas o camionetas, endeudarse; eso es lo que mantiene a las personas en Estados Unidos. A su regreso a México se trajo varias cosas que «me iban a facilitar el trabajo. Lo primero que hice fue ponerme a trabajar».
Rodrigo trajo maquinas para hacer rótulos y actualmente a eso se dedica. Además, en el momento de la entrevista, fungía como promotor cultural de la Casa de la Cultura de Tarandacuao.
Desde el 2013 participo en un seminario de investigación sobre la migración de retorno. Me he dedicado a comprender el impacto económico, político y social que el retorno de migrantes tiene en México. Aprovecho este espacio para compartir alguna de sus historias:
Carlos* es un migrante jubilado originario de Tarandacuao. Salió de México hace 37 años y lleva 7 años de haber regresado permanentemente. Dice que ya no trabaja, «ya trabajé mucho». Vive de la pensión que recibe de la empresa para la que trabajaba en Estados Unidos. Sin embargo, minutos después menciona que tiene la intención de sembrar unas tierras que le va a rentar a alguien. Desconozco si Carlos aún tiene papeles para vivir legalmente en Estados Unidos, sin embargo por como describe sus movimientos entre países es evidente que su residencia allá fue legal.
Sus familiares cercanos, esposa e hijas, nunca fueron a Estados Unidos. Él fue quien «no estuvo de corrido, iba y venía» de Estados Unidos durante esos 30 años. Vuelve a México porque aquí está su familia. Carlos estuvo viviendo en varias partes de Estados Unidos y recuerda que cuando estuvo en California, su fecha de visitas a México se planeaba de acuerdo con los tiempos marcados por las corridas de la agricultura. También nos cuenta de el caso de un conocido suyo, quien también basaba sus visitas a México en las fechas de vacaciones que les daban en la empresa en la que trabajaba. Actualmente reside entre Tarandacuao y Querétaro, ya que en este último municipio viven su esposa e hijas.
Desde el 2013 participo en un seminario de investigación sobre la migración de retorno. Me he dedicado a comprender el impacto económico, político y social que el retorno de migrantes tiene en México. Aprovecho este espacio para compartir alguna de sus historias:
Miguel es originario de Tarandacuao. Él fue por primera vez a Estados Unidos a la edad de 5 años. Este primer viaje lo realizó con su papá y hermanos. Cuenta que le llamo mucho la atención como todo era tan diferente del rancho.
En el momento de la entrevista llevaba 5 días de haber regresado de Estados Unidos y planeaba quedarse en México durante los siguientes 4 o 5 años. Miguel tiene papeles para residir legalmente en cualquiera de los dos países, sin embargo menciona que no le gusta vivir en Estados Unidos. A su papá no le gustaba y dice que a sus hijos y esposa tampoco. Esto se debe a que se siente discriminado; dice que cuando está allá siente que «lo miran diferente. Los maestros como los vecinos lo miran a uno diferente y va uno creando esa mentalidad que somos como segundas personas y ellos son como primeras». Cuando está de visita en México «pone uno los pies de este lado y como que respira como más, con plena libertad». Las únicas razones por la que tiene pensado regresar a Estados Unidos es porque sus hijos –él más grande tiene doce años- tienen que aprender inglés y por «hay trabajos muy suaves, muy buenos» y sobre todo «con beneficios médicos». Tanto en México como en Estados Unidos, Miguel se dedica a los cultivos y al ganado; dice que «no va hacer fortuna, pero le estamos dando vueltas y viviendo sin la presión de vivir en Estados Unidos».
Adoro este momento traslúcido, carente palabras. En él, vuelco todos mis deseos de lo que habría de salir de tus labios después… en ese fino y perfecto vacío, mi imaginación se lanza a un viaje en el que tejo los hilos de lo que seguirá. Ya que tú, tonto, aún no descubres tu amor por mí; o puede ser que ya lo sepas, sin embargo, crees que no es el momento para decirlo y llenas estos instantes con el vaho de tu aliento. Éste, mi silencio, lo relleno con las palabras que me gustaría que dijeras, o con simplemente seguir en silencio y juntar nuestros labios en un beso. En estos escasos segundos de incertidumbre, en los que se eriza toda mi piel, me preparo para lo que ha de venir…
Dices mi nombre, le sigue el silencio.
**Esta nota fue publicada en 2013 dentro del proyecto universitario Omnívoro Cultural.
Escucha la voz profunda y sensual de Gustavo Serati de fondo.
El pasado viernes en Vía360 de la Colonia Vía Cordillera se inauguro la exposición “A punto de…” a cargo de los artistas David Méndez Alonso y Pau Sampera. Este trabajo es fruto de una residencia artística de 6 semanas en Monterrey promovida por Hellow.
La colonia aún está en construcción; en las salas a los lados de la sala de exposición aún hay obra negra y en el aire flota un olor a paredes recién pintadas. El mood de las obras expuestas es un continuum de esto. Piezas tridimensionales con materiales variados como madera pintada, tubos de acero, almohadas, cadenas y plástico se nos presentan en un frágil equilibrio que fácilmente puede ser roto. Las pinturas colgadas en las paredes parecen instructivos sobre como montar las inestables piezas depositadas a lo largo de la sala. El nombre de la exposición es estar “a punto de…” ¿A punto de qué? A punto de caer (espero que ahora quede clara mi referencia a Cerati).
Las piezas son coloridas, y esta característica podrían concebirse como una invitación lúdica a participar en la obra. Parece que flotan en el espacio esperando que alguien las empuje, que se desencadene el caos; que alguien jale la cadena y la pila de almohadas caiga al suelo, todos nos volteemos a ver, nos riamos y empecemos a destruir el resto de las obras. Que al destruirlas creemos una obra nueva. Estar al borde, al límite, coquetear con la locura. Estar a punto de caer.
El texto de la invitación nos sitúa en el contexto de la ciudad. Es imposible deambular Monterrey sin sentir que estas en riesgo; historias de asaltos, robos, desaparecidos, secuestros están anclados en el imaginario colectivo y el ser mujer no es más que una agravante para dejarte llevar por estas ideas. A pesar de que últimamente la situación está “más calmada” las secuelas de la crisis de hace dos años siguen presentes. ¿Es esto lo que les deja Monterrey a estos artistas españoles? Una constante sensación de inseguridad, de no saber como vas a regresar, que tu destino le pertenece a alguien más, que tu vida es frágil y que en cualquier momento puede terminar. De nuevo, estar al borde, al límite, coquetear con la locura. Estar a punto de caer.
El tema de la exposición es interesante y varias de las piezas, particularmente la de las almohadas, están muy bien logradas. Esperemos que Hellow siga trayendo artistas a trabajar en la ciudad para nutrir la creación artística local.
**Esta note fue publicada en 2013 dentro del proyecto universitario Omnívoro Cultural.
Alejandro Magallanes me gusta. En cuanto vi la portada que hizo para la Agenda CONARTE de marzo supe que no me podía perder su exposición. Te habla de frente, te invita a ver su expo “si quieres”. Convencí a mi galán del momento para que me acompañara. “¿Qué vamos a ver? ¿Una exposición de pintura?” No, Magallanes no es el artista conservador con el que estamos acostumbrados a tratar.
Este diseñador gráfico se adueña del lugar. Sobre los hornos coloca papeles en los que se lee “No Tocar. (Obra hecha de plastilina)”, las paredes están rayadas con su peculiar tipografía que asemeja letra molde del autor, te da indicaciones de que hacer. Todo el espacio de exposición es su lienzo.
Magallanes juega. En primer lugar juega con el lenguaje. Este juego es riquísimo en el sentido que me genera placer leer sus palabras que dotan de nuevos significados la obra. “Ustedes no deberían ver esto” el autor nos habla directo diciéndonos que no deberíamos observar lo que él hizo y decidió exponer. El juego humorístico es accesible pero no por eso simple, su obra “Heces” o “Escatología infantil” dan prueba de esto. En segundo juega con el observador. Sus obras son lúdicas e interactivas. “Acaríciame” “Checa si te queda el saco”. La obra se despliega con la participación del espectador.
La exposición “Siempre di Nunca” de Alejandro Magallanes es un respiro. Es un paseo alegre por el campo del juego visual de signos e imágenes que conforman el español.
**Esta nota fue publicada en 2013 dentro del proyecto universitario Omnívoro Cultural.
Las Obras Completas (abreviadas) de William Shakespeare están de gira por el país y en lo que va del año ya visitaron dos veces a Monterrey. ¿A poco está obra vale tanto la pena? ¿Está tan buena como para llenar ya 6 veces el Auditorio San Pedro? A mi parecer no.
Lo bueno es el texto, lo malo son las interpretaciones.
El guión es una adaptación del texto de los ingleses Long, Singer y Winfield; la dirección cae en manos de Antonio Castro. Partiendo de la premisa que dentro de la obra del dramaturgo inglés se contiene toda la experiencia humana, se busca adaptar el contenido a la realidad mexicana. A lo largo de las dos horas en las que se desarrolla la obra desfilan ante nosotros las 16 comedias,10 obras históricas y 11 tragedias del bardo inglés. Se nota que hay buena dinámica entre los actores -Arath de la Torre, Rodrigo Murray y Osvaldo Benavides- especialmente en el momento en que se hace el resumen de las comedias. Vertiginosamente ocupan el escenario con una serie de giros, movimientos y mezcla de diálogos, como espectador te quedas atónito tratando de seguir las referencias. La sinergía entre diálogo, actuación y montaje durante esta secuencia es excelente.
Las adaptaciones de Othelo y Macbeth merecen especial atención. Othelo, quien en esta época postmoderna en la que todos los grupos minoritarios merecen dejar de ser estigmatizados y reivindican su lugar en el espectro social, no puede continuar siendo denominado como “moro”. Benavides pide una readaptación correcta para los estándares de nuestros tiempos y nos brinda la historia del “afro-veneciano” que ahora asesina a lo que él cree es una “sexo-servidora”. Por otro lado la tragedia de Macbeth se adapta al la historia de Nezahualcoyotl; asistimos a la tragedia de Macbetl. Esta versión mexicanisada que tiene lugar en el reino de Texcoco arranca más de una risa al espectador.
Ahora bien, si hasta el momento sólo he hecho comentarios positivos ¿Por qué me quejo de las interpretaciones? Porque los actores se ponen a hacer gestos vulgares hacia la audiencia -tipo tocarse los pezones y/o el pene o a caricaturizar con estereotipos gays- con la finalidad hacer reír. Considero esto una falta de respeto hacia el texto y hacia los espectadores. ¿Acaso creen que no podremos acceder al humor shakespeariano? El utilizar a este recurso es un gesto condescendiente hacia la audiencia. Además, abusan de el y no pueden pasar más de 3 movimientos, o palabras sin que una broma de este género cruce el escenario.
A esta pieza teatral le falto que su director, producción y actores creyeran en ella. Al parecer aún le queda tiempo de gira, esperemos que este gesto recurrente en ellos cambie y nos den un espectáculo a la altura de la audiencia mexicana.
Estoy segura que en tu happy place tocan música de Dustin Wong. No solo en el tuyo, en el mío también y en el de todos los demás. Así como los elevadores y la música de los lobby de hotel es siempre la misma, en el happy place arquetípico suena música de Wong.
Este chino-americano que ha vivido en Japón la mayor parte de su vida visitó la sultana del norte el fin de semana pasado dentro del marco del Festival Nrmal. Quisiera decir que el Festival estuvo buenísimo, que estuvo súper barato (los boletos más caros fuero de 350 pesos), que podías disfrutar desde miércoles hasta domingo de conciertos de muy alta calidad, que las instalaciones del sábado (día principal del festival) estaban increíbles -mención especial al escenario etéreo montado por unelefante y las sillas “inhabitables”-, que el área de comidas tenía variedad para todos los gusto, que los distintas piezas artísticas “tiradas” a lo largo del terreno llamaban la atención y te hacían entrar en este mood festivo/paralelo que es participar en la euforia colectiva de un concierto, pero no. No voy a hablar de lo bueno que estuvo la escena musical el fin de semana pasado en Monterrey debido a este festival. No. Me voy a concentrar en Dustin Wong.
Su concierto tuvo lugar a las 6:30 en la carpa Panamericana -que más tarde fue bautizada “Conceptual” medio broma medio en serio por un grupo de amigos. Yo llegué ahí encantada como serpiente por sonidos que parecían venir de ningún lugar. Resulta que Dustin -le hablo de tú, somos cuates- toca sentado. Si no estabas justo el frente del escenario, este parecía vacío. Layers de sonido, unos encima de otros, sin tocarse, bailan coloridamente y llegan hasta mis oídos. Me acerco y veo que esta él solo, su guitarra y una fila de pedales abriéndose como naipes a sus pies. Este one-man showsucede gracias a la tecnología. Mientras sus dedos recorren limpiamente el cuerpo de la guitarra, con sus pies en los pedales pone efectos, graba las frases, hace distorsiones, da delays. Todo su cuerpo está inmerso en la creación de un universo musical suave, dulce y colorido.
Je n’ai pas pu m’empêcher. Pensé en Verlaine, “el poeta musical por excelencia” según Ruben Dario. La música de Wong -como la poesía de Verlaine- es bella, es ingenua; es un sueño poético perfumado consciente de su propia inutilidad. Es sentimental, imprecisa, indefinida. Es de vital importancia escucharla.
Después de 40 minutos, desperté del sueño. Dustin termino de tocar, se levantó, dio las gracias haciendo una asiática reverencia hacia el público y bajó del escenario. Desde entonces no lo he vuelto a ver. Sin embargo, lo escucho en boucle desde el domingo. Compré su disco “Dreams Say, View, Create, Shadows Lead” porque no comprarlo me parecía una grosería; después de esa bella experiencia que compartimos el sábado pasado durante poco más de media hora, era lo menos que podía hacer.
**Esta nota fue publicada en 2013 dentro del proyecto universitario Omnívoro Cultural.
En México no hay nada. Seguimos siendo hijos de la Malinche y no nos damos cuenta de lo que nuestro país tiene para ofrecer; tenemos nulo o poco orgullo nacional fuera de los días de las fiestas patrias o del día que gana la selección. Salimos de viaje fuera del país, visitamos museos alrededor del mundo sin darnos cuenta de la riqueza con la que contamos en nuestra propia tierra. La exposición “Cultura en Construcción. Lo colectivo de los espacios culturales.” que se presenta actualmente y hasta el día 26 de mayo en la Nave Generadores en el Parque Fundidora viene a callarnos la boca.
Originalmente esta muestra fue creada para la 13va Muestra Internacional de Arquitectura de la Bienal de Venecia, en donde México tendrá un pabellón permanente -La Iglesia de San Lorenzo- durante los siguientes 9 años. Miquel Adrià, el curador, aprovecha este escaparate para mostrar 13 intervenciones recientes en el patrimonio arquitectónico mexicano que albergan diversos tipos de centros culturales: museos, bibliotecas, galerías, talleres, parques y jardínes. En la versión presente en Monterrey se cuenta con una museografía diferente y como extra, una pequeña reseña del Parque Fundidora.
Nombres como Enrique Norten, Alberto Kalach y Legorreta conforman la exposición, por lo que cualquier persona con conocimientos de arquitectura disfrutará un paseo entre estos espacios. Además las fotografías, planos y los cuadros informativos están colgando del techo, dando la impresión de estar flotando y crean un ambiente inusual aunque agradable para el espectador. Lo único que falta sería incluir en los cuadros el lugar en donde se encuentran físicamente los espacios, ya que en la mayoría no es claro.
Algunos de los lugares son made from scratch, como el Museo Laberinto de las Ciencias y las Artes de San Luis Potosí, pero la gran mayoría se trata de rehabilitaciones de espacios que previamente cumplían otra función. Es así como “La Ciudadela” pasa a ser “La Ciudad de los Libros y de la Imagen”; un hospital de la época virreinal pasa a ser escuela para niñas, de ahí con las leyes de Reforma casa particular para terminar siendo hoy en día el Museo Amparo; y como estos muchos ejemplos más. Para completar este cuadro, habría que recordar que las áreas donde se está exponiendo la muestra -Parque Fundidora e Iglesia de San Lorenzo- también son lugares re-significados para convertirse en iconos de la cultura de su zona. Cada capa de realidad cuadra deliciosamente dentro de la matrushka.
¿Qué nos quiere decir esto? Si la ciudad pudiera leerse como un texto, las diferentes significaciones que cada lugar tiene con respecto a la generación que lo transmite debe decirnos mucho de ella. En lugar de construirse instalaciones nuevas como se haría para algún centro comercial o cine, para el mundo de las cultura se re-utilizan los edificios. Si bien no hay duda de la calidad de los trabajos ¿por qué no invertir en infraestructura nueva? ¿Poco presupuesto o respeto por la historia y estética previa? ¿Conciencia ecológica? ¿Patrimonial? A cada quien a decidir.
Lo que sí es un acierto es el título. El juego de palabras es exquisito, hace referencia a ambos mundos -arquitectura y cultura- y los sumerge en un proceso: “en construcción”. Podríamos decir que México se encuentra en la misma etapa, y que muestras como la presente dan testimonio de ello.
**Esta nota fue publicada en 2013 dentro de proyecto universitario Omnívoro Cultural.
¿Qué debe o no ser presentado en una exposición de plástica?
No, no voy a hablar de cualidades moralistas que podrían resultar escandalosas en algunas obras; sea por el contenido -desnudos-, el material -la “mierda de artista” de Manzoni- o por la mezcla entre ambos -como serían algunas obras de los accionistas vieneses. No, no, no. No me voy tan extremo. Mi reflexión va sobre si lo que debe ser presentado en una exposición pictórica deben ser o no piezas terminadas.
Todo comenzó el día que asistí a ver la pieza de danza Japón (si quieres leer lo que me pareció haz click aquí. La pieza se presentó en el Centro de las Artes, lugar que en ese momento albergaba la exposición: “Papelería y Alma Zen” del artista Pedro Escapa. Estando ya ahí me decidí a recorrerla. Como venía saliendo del teatro, empecé de atrás hacia delante -si es que existe un atrás y un delante en una exposición. Primero vi los óleos, luego las tintas y terminé con collages. La exposición me gusto. Las piezas me parecieron limpias y bien trabajadas, especialmente las tintas: Su disposición en el área de exposición, la fineza en los trazos, la simpleza de las líneas, el contraste entre negro y blanco, todo me pareció perfecto.
Berberecho
65×50
No es sino hasta el final de mi recorrido que leo el texto curatorial y me doy cuenta del tipo de exposición a la que estaba asistiendo. “Papelería y Alma Zen” busca posicionar al espectador dentro del estudio-taller del artista. Las piezas que aquí se presentan son reciclajes de materiales que sobraban, “ejercicios de muñeca”, o ejercicios creativos; ensayos, intentos, obras que no tenían la intención de ser obras, que la “necesidad” de montar esta exposición las creó. Entonces ¿Merecen tener un espacio de exposición? Me pregunto que pasaría si envío mis “intentos de minficciónes” a una editorial. Lo que antes me pareció sublime se me debela de una manera totalmente diferente; las tintas ahora me parecen chatas, mal hechas, les encuentro errores.
Estrella
65×50
De no haber sabido esto habría partido de la exposición tranquila, ahora la interrogante me persigue. ¿Seré una purista? No creo que exista una respuesta correcta a mi pregunta, pero por el momento la exposición sirvió para reflexionar. El mundo del arte es variado y la legitimidad dentro de el es fluida, parece admitirlo casi todo. La exposición “Pintura y Alma Zen” de Pedro Escapa es prueba de ello.
**Esta nota fue publicada en 2013 dentro del proyecto universitario Omnívoro Cultural.