1. Forma verbal del griego, de difícil y problemática definición, algunos de cuyos valores describe J. Humbert (1945) del siguiente modo: «Los estoicos distinguían dos tipos de tiempos: determinados (ώρισμένοι) e indeterminados (αόριστοι). Consideraban como “determinados” el “durativo” (παρατατικόσ), es decir, el presente y el imperfecto, y el “acabado” (συντελικός), es decir, el perfecto y el pluscuamperfecto; por el contrario, son “indeterminados” el aoristo y el futuro. El aoristo es, efectivamente, el que carece de los valores subjetivos de duración o acabamiento, que expresan presente y perfecto, y está colocado en el mismo plano que el futuro, el cual está desprovisto de aspecto ... El aoristo indicativo expresa un hecho pasado cuya duración no tiene interés a los ojos del hablante ... Todo hecho pasado, cualquiera que haya sido su duración o su brevedad, puede ser expresado, en principio, tanto por el imperfecto como por el aoristo ... En el aoristo, la noción verbal, carente de toda duración, tiende a reducirse a un punto (aspecto puntual)».
2. Aoristo gnómico: A veces se confunde con el aoristo de experiencia. Humbert los distingue así: Este último «es realmente un pasado; expresa a menudo que siempre se ha visto (o “que no se ha visto nunca”) producirse un fenómeno; el aoristo es siempre modificado por un adverbio que le da el valor generalizador de verdad de experiencia. Por el contrario, el aoristo gnómico se basta a sí mismo para expresar una verdad reconocida.».
[Lázaro Carreter, F.: Diccionario. de términos filológicos. Madrid: Gredos, 1968, p. 51]
Claro que si el aoristo es el no-tiempo, es también el semper et per saecula saeculorum, es también entonces la eternidad. En soto septentrional el denominado tiempo imperfecto es asimilable a nuestro occidental aoristo.