No me hubiera entregado a ti, una y otra vez siempre que me lo podías y siempre que me tocabas el cuello.
No me hubiera dejado llevar con el olor de tu pelo mojado cuando me pegabas más a tu pecho admirando cada parte de tu cuerpo.
No me hubiera reído todas esas veces que me contabas un chiste que ni siquiera daba risa, sólo bastaba con verte con ojitos chinitos y tus mejillas rosadas.
No me hubiera puesto a investigar sobre todos los personajes que a ti te llenaban de emoción o alegría.
No me hubiera puesto a cantar en el coche tu canción favorita volviéndose la mía porque al cantarla, te venías a mi mente sonriendo.
No hubiera aceptado ir a cenar contigo todas esas noches estrelladas en las que se te antojaba ir a beber algún otro lado al final.
No me hubiera fijado atentamente como escribas la letra "a" o incluso la "s". Y odio recordar como escribías mi nombre junto al tuyo.
No hubiera aceptado fumar un cigarro aquel día que te sentías mal y estresado, escuchado tus problemas familiares y tu poca paciencia para enfrentarlos.
No me hubiera quedado al día siguiente que te resfeiaste y cuide de ti, viéndote sonreír porque querías que yo estuviera ahí.
No hubiera contestado aquella llamada donde me pedía perdón por la primera discusión y acceder a verte al día siguiente para arreglar las cosas.
No te hubiera escrito aquella carta llena de nervios y buenos sentimientos, aquella que guardaste en el primer cajón donde escondias nuestro condones, tu dinero y muchos tickes de los lugares donde habíamos ido a comer y los cines.
No debí ir aquella lencería a la que me habías dicho donde habías mirado un sostén nuevo para poder estrenar en la noche, esa noche que me sentí mil veces mujer.
No debí acariciar tu pelo mientras te contaba los lunares de la cara llegando a tu espalda, admirando absolutamente todos, recordando perfectamente donde está cada uno en ti.
No debí quedarme aquella tarde viendo películas en tu casa, terminado planeando compartir una cuenta y varias tarjetas de crédito para un futuro saber administrar nuestros recursos económicos.
No hubiera aceptado ir a la cena familiar de noche buena conociendo las bromas pesadas de tus tíos.
No hubiera escrito todos y cada uno de los recuerdo de este año atrás en el que fui tan feliz a tu lado... Para terminar llorando porque todo se fue abajo.