Mientras estaba frente al computador, tratando de escribir una nueva historia para el blog, el vecino “cool” del piso de arriba, quiso dedicar sus últimas horas de descanso del domingo, para sacar un taladro y hacerlo sonar antes que el resto del edificio se fuera a dormir.
El taladro siguió sonando y mi cabeza se derrumbaba; mis ideas se alborotaban, hasta convertirse en ideas vagas. Decidí levantarme de la silla, caminé hacia la ventana de la sala, asomé mi cabeza desde el piso 10 para chequear el paisaje capitalino, distraerme con las estrellitas naranjas que aparecen al anochecer, alrededor de la torre de colores; y después de aquel instante, regresé al escritorio.
Creo haber hecho este ejercicio unas tres veces, mientras aumentaba mi odio por ese terrible sonido de aquella pared que recibía sus nuevos agujeros. Aunque, en medio de mi andar de un lado para otro, también pensé en las palabras, que en la tarde, me había grabado el “doctor de cabecera” (que de doctor tiene poco y de amigo lo suficiente como para escucharle, aproximadamente, seis notas de audio por WhatsApp). Sus palabras sonaban como una mezcla de chiste con sarcasmo y un poco de ternura. La verdad, al principio me reía, pero luego mi sonrisa se convirtió en un gesto gruñón y por último mi sorpresa era tal que no podía creer que tales comentarios del doctor fueran un poco precisos, pero a la vez indefinidos.
Bueno, ahora se preguntarán… ¿qué le habrá dicho el dichoso doctor?
Para ser más concreta, lo escuchamos con Laura (al fin y al cabo, no era la única sorprendida). Eran algunos comentarios sobre nuestro blog, un diagnóstico sobre nuestra propuesta y algunas correcciones que le parecía, debían hacerse para que nuestro espacio de amor, fraternidad y locura virtual, fueran un éxito total (como la canción del Taxi, su canción favorita).
Él no quería que habláramos precisamente sobre turismo, creo que en el fondo, le aburrió el tema del Teatro Colón [aunque insisto en que debemos seguir mostrando, de vez en cuando, las cosas lindas de nuestras ciudades]. Sin embargo, también creo que las primeras publicaciones, nunca serán las más fantásticas, ni las más “virales”, o las más leídas. Creo que esto es un intento constante de mejorar la escritura y de ir seleccionando los temas. Es una búsqueda que al doctor se le olvidó tener en cuenta.
Laura y yo siempre recurrimos a una consulta mensual con el doctor, pero ahora que anda enamorado, ese señor desaparece y cuando regresa, nos trae un bulto de solicitudes para mejorar y modificar. Y aunque en algunas tenga razón; por ejemplo, escribir sobre nuestras locuras e ideas raras que surgen cuando le contamos nuestros dramas cotidianos. Sin embargo, no me pareció adecuado hablar únicamente, de nuestros problemas de corazón roto, lágrima encendida y deseos erótico-pasionales o serotonina activada. Creo que hay temas personales que también pueden servir como insumo para este Punto de Fuga.
Este doctor a ratos es muy terco, pero también muy sensato. Qué extraña combinación. A veces parece papá regañón, pero luego regresa otro día a decirnos que nos ama y que quiere que lo aconsejemos para que sea un temible casanova. Con decirles que cuando comenzó a salir con su actual novia, no sabía qué cocinarle y estaba desde el supermercado, enviándonos fotos de las cosas que compraría y en medio de su desespero, nos pedía recomendaciones para su primer almuerzo romántico. Recuerdo que esa tarde cuando vimos el mensaje de emergencia, Laura estaba en bloqueo porque no tenía ninguna receta en mente y yo aparecí justo cuando el doctor ya estaba alistando la mesa para servir.
¡Qué oportunas y eficaces! Así, cualquier hombre que nos pida consejo, ¡seguro sale victorioso!
Y es que las conversaciones con nuestro querido doctor de cabecera se han vuelto más difíciles de realizar por diversos motivos. La semana pasada, su abuelita falleció, y al mismo tiempo, tenía que ser productor de una obra de teatro; fue guía turístico de un par de amigos alemanes que fueron a visitarlo y en medio de su tour, tenía que bañarse en el río. Seguramente estaba tan feliz que terminó metiéndose al agua con celular incluido. Nos contó el por qué nos había abandonado, y terminó con esta frase: “ahora más tarde organizamos una consulta” y luego de ese mensaje pasaron casi ocho días (ya les había advertido que de doctor tiene poco).
A pesar que regresó para escuchar nuestros asuntos, sigue con el celular a medio andar. Así que hemos pensado con Laura, organizar una teletón pro-celular para que podamos mantener con puntualidad, las consultas divertidas con el asesor secreto (ya no tan secreto) de este blog.
Más adelante, les seguiremos contando historias insólitas de este curioso personaje, que sigue creyendo firmemente en nuestro potencial y espera con ansias locas, para leer nuestras publicaciones y porqué no, darnos una nueva sesión crítica-sarcástica-amorosa de lo que escribimos.
A él, un saludo amoroso, recordándole que también lo pensamos y lo queremos mucho y que esta publicación, es una forma de agradecerle cada consulta atendida.