La tolva de arena es un gigante manso parado a la vera del río. Existe un cielo y es maravillosamente infinito. Todo brilla. Tengo los ojos abiertos. No puedo reconocer a mi madre, pero siento su presencia porque vibra mi amor hacia ella en mi panza y en mi paladar.
Hay niños bajo la tolva que se bañan en arena como si fuera agua, escucho sus risas, quiero correr hacia allí pero mi cuerpo todavía no sabe moverse. Estoy tendida en una manta, a la sombra de un auto estacionado. Veo las huellas sobre la arena, hasta acá hemos llegado con esta gente ruidosa y alegre.
Aparece un cachorrito. Quiero tocarlo pero no puedo, ¿qué es este cuerpo que me impide lo que siento? La mano de mi madre toma la mía, y dirige la caricia sobre el cuerpo animal, siento su pelaje suave y ondulado entre mis dedos. Me late la boca de alegría.















