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El amor de su vida.
Notas: ArgPe y M-Preg
Para Fallon x3 Hdp, esta mierda mierdosa me costó mucho, pero aun así no me convenció.
De todas formas... Lo escribí para vos porque te amo con todo el corazón, preciosa.
Era todo re perfecto.
Se daban besos, se escapaban de clase para chapar contra un paredón que había por ahí. Se escribían cartas de amor. Miguel le cocinaba cuando lo invitaba a su casa. Martín le componía canciones.
Todo muy lindo. Hermoso.
Martín pedía siempre temas en la radio para dedicárselos.
Un día lo hicieron por primera vez, y desde ahí todo fue muy distinto.
Martín estaba todo el día caliente.
No era como si a Miguel no le gustara coger, de hecho le encantaba, mas si era con Martín, el lo hacía sentirse genial, le daba sensaciones que jamás creyó poder sentir. Pero por otro lado era raro. Sentía que habían perdido el romanticismo.
___
-M-Martín...- Se le escapó un gemidito ahogado y las piernas le temblaron ligeramente.
No supo como el rubio lo había convencido de hacer aquello pero ahora no quería que parara. Apenas tenían los pantalones bajos y las camisas desacomodadas. Estaban teniendo sexo en el baño de colegio... Haciendo el amor.
Y Martín estaba cerca del orgasmo justo cuando entró un preceptor.
___
Obviamente coger en la institución va contra el reglamento. O algo así le dijo el hombre escandalizado.
Miguel se arreglaba rápido y torpe la ropa, sintiendo la incomodidad de no haber acabado ni nada pero por sobretodo, la vergüenza.
Casi los expulsan, aunque los terminaron perdonando, pero citaron a sus padres, que era casi peor. Mas, teniendo en cuenta que sus padres no sabían lo de ellos.
Jamas se lo perdonaría.
Y no lo hizo. Por mas que Martín lo buscó para pedirle perdón, Miguel nunca le respondió. Se escapaba de el, no lo atendía y para el año siguiente tampoco volvió a aparecer en el colegio.
Martín se odiaba... Y es que cómo pudo ser tan idiota.
___
Pasaron muchos años de eso y Martín ya no pedía más temas en la radio. Hacía rato que el que sonaba por la señal FM era él.
Había escalado rápidamente los rankings de ventas de discos. ¿Quien lo diría? Se estaba convirtiendo de a poquito en uno de los músicos mas populares del país.
Un diez por ciento de sus letras eran sobre amoríos pasajeros, viajes o experiencias y el otro noventa sobre un amor en especial.
Martín nunca dijo en publico a quien le había escrito esas letras tan tristemente hermosas, tampoco ningún periodista o fanático indagó tanto sobre el tema, así que pasó por desapercibido aquel amor lejano y lleno de polvo que se juntaba con los años, pero que sin duda, fue el mas fuerte que sintió en su aun joven vida.
___
Miguel tenía 17 años cuando volvió a oír su voz. Estaba en el local de electrodomésticos en el que trabajaba para mantenerse. Las televisiones estaban todas en el mismo canal cuando en los comerciales anunciaban el primer concierto de un nuevo talento, una futura estrella...Un tal Martín Hernandez.
Se quedó medio shockeado en ese momento, y mas al oír la canción que pasaban y bien recordando como el rubio una vez se la había tocado alguna vez.
-Mierda..- Farfulló queriendo olvidarse de esas mariposas en el estomago que le hacía sentir aquel chico hasta hace un tiempo atrás y tratando de concentrarse en la bronca que le tenía por haberle cagado la vida.
Aquel había sido un día de mierda, solo esperó a que el día terminara para ir a su casa, alimentar a su pequeño y por fin llorar un poquito hasta dormirse.
(Si, un poquito y si, su pequeño.)
_____
Y el pequeño ya tenía cinco años, Miguel veinte.
Hacía cinco años aquel niño salió de sus entrañas, vaya a saber uno como, cosas raras que sobrepasan a la naturaleza.
Después de haber sido descubierto por los preceptores en aquel mugroso baño con el idiota de Martín, toda su vida se fue de a poquito por la alcantarilla.
Unas semanas sin hablarle a Martín luego del incidente y comenzaba a sentir pequeños cambios en su cuerpo (Mas allá de un par de golpes que su padre le había atinado en una pelea bastante jodida con respecto a su sexualidad.) y de pronto se había ido solo al medico donde le dijeron que esperaba un niño. Solo quince años tenía.
Obviamente se fue de su casa, no sabía ni quería explicarle a sus padres algo como eso... Algo tan raro.
Como pudo se las ingenió, se inscribió a los 18 en un curso para terminar la secundaria que había abandonado al dejar toda su vida atrás, y mantuvo con un trabajo medio pelo a su hijo mientras estudiaba la carrera de gastronomía.
Y al fin Matías cumplía 5 años.
No iba a negar que el pequeño le complicaba un poco la existencia, pero en fin, los niños hacen eso, y aunque tuvo que terminar su adolescencia antes de tiempo por el no se arrepentía de nada. Era el amor de su vida.
Le gustaba verlo mientras dormía, aunque le recordaba demasiado a Martín con aquellos mechones rubios cayendo por su frente.
Y ahora que estaba un poco mas crecidito y curioso comenzaba a preguntar que dónde estaba su mamá.
"Todos mis compañeros tienen un papá y una mamá... Donde está mi mamá?"
A Miguel se le estrujaba el corazón al oírlo decir aquello y con el tiempo fue haciéndole entender que no tenía mamá.
_____
Martín vivía con los lujos de una estrella que había llegado a la meseta de su carrera. Le iba perfecto en todo menos en el hecho de que no conseguía enamorarse nunca de nadie.
A veces tenía algo de tendencia a los excesos pero prefería que esas cosas no trascendieran en los medios ni nada de eso. Su vida era mas que nada bastante privada. Lujosa, si, pero siempre sentía un vacío enorme, como si supiera que había algo que le faltaba.
_____
Llegó con un par de meses a la decisión de contarselo todo, le iba a costar, iba a ser raro, pero Matías merecía saberlo, porque, cómo negarle, a ese niño tan dulce, algo tan importante como su identidad.
Y ahí llegó otro inconveniente.
"Quiero ver a mi papá."
Y la determinación estaba tomada, por mas que doliera, por mas que no quisiera, por mas miedo que sintiera iba a encontrar a Martín y le iba a presentar a su hijo.
____
Esa noche Martín se presentaba en el Niceto Club, iba a llenarse el lugar, todos lo sabían. Presentó su show y todos lo aplaudieron y cantaron sus canciones. Fue una buena noche, mas buena cuando le dijeron que había alguien que quería verlo... Casi siempre eso significaba alguna fanática dispuesta a hacer lo que sea por conquistar al artista, no es como si alguna vez alguna lograra retenerlo por mas de una noche, pero resultaba entretenido, por así decirlo.
Miguel se tocaba los dedos nerviosamente no pudiendo creer que lo hubieran dejado pasar al camerino del rubio, pero mucho menos podía creer lo que estaba por hacer.
Cuando la puerta se abrió, el peruano alzó la vista encontrándose con un Martín totalmente confundido.
-Martín...- Dijo bajito y se puso de pie tembloroso pero sin querer demostrar su miedo.
Un silencio espantoso se acomodó entre ellos pero luego de un rato el mas alto de los dos dio un par de pasos adelante.
-Miguel... Tanto tiempo....- Dijo intentando sonreír, aparentar despreocupación como siempre, pero no le salía... resultaba imposible.
El pelinegro se mordió el labio inferior y desvió la mirada. -¿Te puedes hacer un tiempo? Tengo que hablar contigo de algo...-
El otro simplemente asintió, no iba a negarle algo así a alguien como Miguel... alguien que lo había tenido en vela ya mas noches de las que podía contar.
_____
A esas horas de la noche el único lugar que encontraron abierto para hablar mas tranquilos era una cafetería en una estación de servicio mas alejada del centro. Martín le estaba poniendo bastantes sobresitos de azúcar a su café con leche de puro nervioso, Miguel solo lo observaba sin tocar el suyo.
-¿Que contás de tu vida, che?- Le preguntó y Miguel se encogió de hombros.
-Estudio... trabajo también...- Le dijo dando mil vueltas en su cabeza de como soltar la noticia.
-Ah... ¿Estudiás gastronomía?- Le preguntó escapándosele una sonrisilla tonta al recordar aquel amor que el peruano tenía por la comida... junto a muchas otras cosas que había recordado ya.
Miguel se sorprendió de que aun recordara todo eso pero asintió. -En realidad no vengo a que hablemos de cosas tan superficiales...- Se explicó suspirando y tomando una servilleta, estrujándola entre sus manos ansioso. -Tengo un hijo- Dijo finalmente.
Y Martín abrió los ojos grande sin entender por que le decía eso. -Te felicito entonces...- Suelta no del todo feliz. -Supongo que cumpliste el sueño de tus viejos de casarte con una chica común y darles nietos...-
-No, Martín. Nada de eso.- Murmuró cortante- Ese hijo es tuyo.- Concluyó.
La cara le palideció por completo, y ni hablar de como le latía el corazón. Miguel en cambio desvió la mirada de la escena sin saber que mas decir, solo se sentía extraño... culpable en cierta forma, se sentía egoísta.
Hubo un rato largo de silencio, Martín solo divagaba en mil pensamientos, uno peor que el otro, Miguel temblaba levemente, se sentía realmente asustado de su reacción.
-Quiero conocerlo.- Sentenció el rubio, y Miguel no pudo negárselo.
___
Esa misma madrugada tomaron un taxi y tras un viaje medianamente largo, pero muy silencioso, llegaron al barrio donde vivía Miguel.
Martín se sorprendió, era un lugar demasiado humilde y era raro, porque el tenía aquella imagen de Miguel, de niño algo mimado, y no se lo imaginaba en ese entorno. Había cambiado mucho.
Llegaron a su casa, el pelinegro buscó sus llaves entre los bolsillos abrió la puerta con nerviosismo.
-¿Quién es?- Una voz se oyó, proveniente de la habitación, a lo que Martín alzó una ceja. De pronto una castaña algo morena y muy bonita apareció en el umbral con una revista en la mano. -Ah... Migue. Y... tu eres?- Preguntó al ver al rubio, inspeccionándolo de arriba a abajo.
-Martín... Un... amigo...- Dijo con algo de duda, ya que no creía que alguien pudiera ser amigo de la persona que lo separó de su hijo durante cinco años.
-Hola..- Saludó Martín, siendo bastante amable, siendo que dentro suyo había un montón de cosas, sentimientos, preguntas desordenadas.
-Tu cara me suena...- Le dijo la chica sonriendo amistosa, y poniéndose algo pensativa un momento, hasta que se rindió. -Agh, no se...-
Martín se rió ante esto mas no dijo nada.
Momentos después, la chica tomó sus cosas y se fue dejando dicho que Matías ya estaba dormidito.
-Matías...- Dijo Martín apenas cuando la vio salir.
Miguel le contó de que era una gran amiga, y que se había ofrecido a cuidar al niño cuando lo necesitara, que vivía al lado y que su hijo la quería mucho.
Martín solo asintió algo ansioso.
-¿Puedo verlo?- Pregunta- A Matías...-
MIguel se mordió el labio inferior al oírlo hablar así y solo asintió con la cabeza caminando a la habitación.
La casa era chiquita y simple, nada de sobra, pero nada de falta. Miguel se había encargado de darle todo al niño, con muchisimo esfuerzo.
Al entrar al cuarto se sorprendió al ver dos camas, al parecer, lo compartían, pero lo que mas llamó su atención fue aquella bolita que se podía percibir bajo las frazadas.
Se acercó a paso lento y miró a Miguel como pidiendo su aprobación, destapándolo luego con cuidado, descubriendo una pequeña melena indomable como la de Miguel, pero dorada como la de Martín, un par de parpados cerrados y unas mejillas algo sonrojadas. Piel trigueña, nariz aguileña pero pequeña y una boca parecidísima a la del rubio.
Al verlo supo que no había duda alguna de que fuera suyo.
De pronto sintió como todo su estomago daba un vuelque, uno lindo, pero a la vez triste. Quería ser su padre.
____
-¿Y cómo se supone que se lo diga??- Preguntó Miguel mientras apretaba los puños. Era extraño todo eso, le daba miedo despertar a Matías con la voz alta.
-No se..- Dijo Martín encogiéndose de hombros -Pero es mi hijo, tengo derechos...-
Ambos se callaron un segundo.
-Martín... No te conoce, tu no lo conoces...-
Algo en el gesto del rubio hizo que Miguel quisiera retirar aquello.
-Si no lo conozco no es culpa mía...-
-Vos nunca te preocupaste es saber a donde fui a parar-
Y de nuevo un silencio tenso.
-Hice todo lo posible...- Dijo desviando la mirada y volviendo a mirar al niño dormir mientras se mordía el labio inferior- Se parece un poco a mi.- Terminó diciendo para luego rascarse la nuca algo inquieto.
____
Era predecible que todo aquello pasaría cuando quisieran explicarle.
El nene al principio no entendió.
Martín estaba muy nervioso y a la vez tenía ganas de llorar de la emoción por hablar por primera vez con su hijo. Por otro lado Miguel se moría de miedo sobre como su niño tomaría aquello.
-Si.. vos sos mi papá... entonces papá en realidad es mi mamá.- Dijo con la inocencia típica de un preescolar.
Matías no tardó demasiado en encariñarse con Martín. El era bueno con los niños, mas con aquel pequeño, de verdad ya lo quería, ya lo amaba de solo verlo.
A las dos semanas de visitas diarias, cuando Martín tuvo que irse porque ya era tarde, Matías protestó. -¡No!- Y ambos lo miraron sorprendido. -¡No quiero má!- Se quejó de forma triste- Quiero irme con papá!-
Miguel fulminó a Martín con la mirada. El no crió a aquel niño para que de pronto el rubio apareciera y se lo robara de aquella forma. Y tampoco le agradaba que le dijera mamá.
El argentino se encogió de hombros- Sinceramente me gustaría llevarlo a mi casa.- Le dice al pelinegro quien no dudó en responderle mal.
-No puede estar lejos de mi.- Le dijo seco.
-Pero yo... Si querés podés venir vos también..- Suspiró encogiéndose de hombros. -Mi casa es grande, tengo habitaciones de mas.- Comentó -Además si Mati viviera en Capital podría ir a un mejor colegio, tendría mayor facilidad para ir a hacer deportes o actividades, y esas cosas.-
Miguel lo dudo un tiempo largo. Matías cada vez se entusiasmaba mas.
____
-Tu casa, huevón...- Miguel miraba a todos lados sorprendido. De verdad la casa de Martín era enorme y lujosa. El otro, que estaba entrando las valijas y bolsos con las cosas de su ex y de su hijo. Matías, salió corriendo ni bien entró a explorarlo todo, paseando por los pasillos, abriendo y cerrando puertas, prendiendo y apagando luces.
____
Pasaron las semanas y la convivencia entre los dos era cada vez mas tensa, mientras que el niño cada vez insistía mas en que dos padres debían estar juntos y quererse como los papás de sus amigos y compañeros.
Miguel le sonreía al niño y le explicaba que ellos no eran como todos los padres intentando no lastimar su frágil corazoncito.
Martín de a poco se enamoraba mas del pequeño.
_____
Aquella noche Matías se durmió tranquilo, probablemente por el cansancio que le habían causado todas sus travesuras. Martín se quedó sentado a su lado desde que se acostó. De a momentos le apartaba algunos de los rubios mechones que caían sobre su frente.
-Es hermoso..- Miguel se acercó por detrás suyo. El otro no notó que había estado observándolo todo ese tiempo.
-Si..- Le dijo sonriendo al voltearse y mordiéndose el labio inferior. -¿Quién lo diría? Yo con un hijo...- Murmuró poniéndose de pie y acercándose al peruano.- Y cerca tuyo, de nuevo...- Lo ultimo lo dijo con algo de anhelo. Todo ese tiempo lo había buscado, esperado aun sin creer que en algún momento la casualidad los juntara.
Miguel negó con la cabeza de forma seria- Con un hijo si.. Cerca mio no.- Le dijo cortante y el argentino bufó.
-¿Me odias?- Le preguntó sin querer oír la respuesta. Se imaginaba la respuesta.
-Me perdí mi juventud por ti..- Le dijo volteándose y caminando hasta su habitación acostándose de vuelta. Se tapó hasta la cabeza sabiendo que comenzaría a llorar en aquel momento, aunque también sabía que Martín lo había seguido.
-Miguel...- Se sentó a su lado en la cama intentado destaparlo apenas.-Seguimos siendo jóvenes...-
-¿Que?- No entendió aquello- Estás loco, Martín...- Murmuró de malas.
El rubio se inclinó encima suyo acercándose a su oído. El otro cerró los ojos instintivamente. El aliento del cantante quemaba. -Puedo hacerte feliz- Le dijo tan simple y tan fresco como siempre decía todo. Martín siempre lo logró estremecer.
______
"Nunca me dejes mi amor" me dices suave al oído. ¿Como dejarte si te llevo conmigo? Nunca he podido arrancar tu corazón de mi corazón.
El cuarteto sonaba fuerte en aquel boliche de Capital Federal. Ya asomaba el sol y la gente comenzaba a salir tambaleándose. Miguel y Martín bailaban en el centro de la pista casi vacía sin que importara demasiado. Sus manos tenían los dedos entrelazados y no paraban de mirarse a los ojos. Tal vez tendrían unas copas de mas. ¿Que importaba? Era todo perfecto.
Miguel suspiraba de a momentos, cuando Martín susurraba cosas a su oído. Minutos mas tarde se encontraba besando su cuello en algún rincón oscuro del lugar mientras que el pelinegro acariciaba su nuca encantado.
Se habían extrañado. Sus cuerpos, sus bocas, sus palabras.
Matías dormía.
En la habitación de al lado Martín desnudaba a Miguel velozmente. Se desesperaba por tocar mas allá de su ropa, por oírlo jadear de esa forma. Recorría su cintura con la yema de sus dedos y deslizaba sus labios por su pecho. De pronto se detuvo y separó sus piernas.
-Martín...- Oyó aquel gemido buscando su mirada ámbar, pero el otro tenía los ojos cerrados.
-¿Que?- Le preguntó bajito.
-¿En algún momento quisiste buscarme?- Le preguntó torpe tanto por la borrachera como por la calentura, pero totalmente consiente de sus palabras.
Martín parpadeó y se mordió el labio inferior. -Todas mis canciones son tuyas.- Respondió sentándose en la cama.
Miguel no supo que decir en aquel momento.
-Fuiste el amor de mi vida.- Agregó el rubio segundos después y Miguel se sentó en sus piernas para tumbarlo en el colchón.
-¿Encontraste a alguien mas?- Preguntó entre besos hambrientos.
-Matías- Respondió el otro rodeándole el cuello con los brazos.
_____
A la mañana siguiente despertaron y sintieron como si todo aquel pasado dolor quedara atrás. Matías llegó a la habitación y los miró con una sonrisa.
-Sabía que se querían.- Dijo con ternura y los saludó a ambos con un abrazo yendo luego a la cocina para pedirle a la ama de llaves de su papá que si les preparaba un desayuno para los tres.
Miguel y Martín se miraron unos segundos en silencio y cuando Mati volvió con una bandeja para los tres se sonrieron el uno al otro.
-Si, nos queremos.- Respondieron los otros.
Intentarían ser lo que Matías merecía, después de todo el era el amor de sus vidas.
Y brillaban como un sol.
Regalito para Fallon :3 Te amo, che <3
ArgPe
Todavía no estaba preparado para eso. Claro que no.
¿Y como estarlo cuando tenés apenas diecinueve años, y ni siquiera empezaste la facultad?
...
En realidad ni es suyo, es de su primo. El solo lo alquila barato.
Tiene sueño, pero intenta despabilarse de forma casi inútil para entrar.
Mica le sonríe desde la cama y el se acerca a darle un beso tierno en la boca. Son como las doce de la noche.
-¿Como estás, amor?- Le pregunta en su inocencia mientras acaricia los pómulos del rubio. Le preocupa notar aquellas ojeras que se deslizaban por la parte de abajo de sus brillantes orbes verdes.
-Cansado...- Responde a penas sentándose al otro lado de la cama para sacarse los zapatos y acomodarse para dormir.
Micaela siente que en parte es su culpa.
Es culpa de ambos. Se hubiesen cuidado.
...
El prende un cigarrillo y ella solo lo mira con una sonrisa tonta. No es una noche muy distinta a otras, pero a la vez lo es (en su defecto, lo sería).
Ninguno de los dos lo nota en ese momento, y si, son muy estúpidos.
Duermen abrazados. No les molesta aquel aroma que se puede percibir entre ellos, la mezcla de sudor... de fluidos.
Es normal. Son novios.
Pero el problema, es que además de ser novios, son unos pendejos pelotudos.
Como un mes después Micaela estaría caminando de un lado a otro de su casa puteando por lo bajo en la espera.
...
Micaela tiene diecisiete años y un gran problema.
Tambien tiene que tener una respuesta para cuando su madre le pregunta que si había sido él. No le queda otra que asentir cabizbaja.
Martín tiene dieciocho años y se acaba de enterar de que su novia está embarazada.
Está estudiando para rendir el examen de ingreso a la facultad, pero también tiene que conseguirse donde vivir con Micaela ahora que los echaron de sus casas.
...
Martín cierra los ojos. Su respiración es entrecortada y su boca apenas está abierta. Micaela curva los labios hacia arriba y se estira para besar su boca con suavidad.
-T-te amo...-
No saben quien lo dice primero y ambos llegan al orgasmo a la vez.
A Martín le da cosa hacer el amor con Micaela.
Micaela llora todo el tiempo.
Está gorda, pero es que está embarazada. Y se siente fea, pero Martín la ve radiante. El tema es que no se siente cómodo entrar en su cuerpo sabiendo que allí está su bebe.
Pero termina rindiéndose porque la entiende. También porque la ama y le gusta el sabor que tiene su voz cuando dice su nombre.
...
Hablando de sabores...
Martín llega del trabajo a las diez, a veces a las diez y media. Cena y se acuesta a eso de las once.
Mas o menos a la una de la mañana Mica abre los ojos.
-Martu...oe, Martuu...- Lo llama empujando su hombro con delicadeza, hasta que se cansa, ahí prácticamente lo tira de la cama.
Y a Martín le pesan los parpados pero aun así la mira y se sienta en la cama.
-Tengo antojo de fresas con nutella...-
Y decile que no. Micaela se deprimía cuando no le hacían caso y sus hormonas estaban alborotadas, y sus emociones eran muy cambiantes, y lloraba. Martín no podía verla llorar, entonces salía corriendo a buscar lo que fuera que quisiera.
Ademas no quería que su bebe naciera con una manchita con forma de frutilla.
...
Respiraba agitada y el dolor era insoportable. Tenía miedo.
¿Y Martín? Bueno, el le apretaba la mano. Casi se desmaya viendo toda esa sangre y ese par de piernitas... y...
Un llanto agudito, chillón invade la sala.
Los felicitan, pero no escuchan nada.
Le piden a Martín que suelte la mano de Micaela y que los ayude. La pelinegra no lo quiere largar, pero no queda otra. Y cuando Martín lo ve sabe que al final Micaela no era el gran amor de su vida.
Martín lo ama cuando se retuerce en sus brazos porque los doctores le pidieron que lo lave.
Luego Micaela lo tiene en brazos.
El llora.
-Es un nene..- Dice Martín, porque se siente tan feliz....Su novia tiene ojeras, y le encantaría sonreír pero la anestesia la trae un poco mal.
Y cuando lo ven abrir los ojos descubren un mundo nuevo.
Sus cabellos eran finitos y dorados, así como sus ojitos, que brillaban como un sol.
Brillaba como un sol, así como la sonrisa de Martín, así como los ojos vidriosos de Micaela.
No se arrepentirían de no haberse cuidado.
Palabras precisas, sonrisas perfectas.
"No juegues conmigo..." Le dice apenitas mientras se deja besar en el cuello, y es que los besos en el cuello son su debilidad, bah... todo en Martín es su debilidad.
Al parecer sabe como manejar a la gente con sus encantos y le sale demasiado bien, tanto es así que Miguel no se niega a ninguna de sus peticiones.
-Te amo- Y una mano traviesa baja por su espalda.
-Y-yo también.- Le dice estremeciéndose, porque las manos del rubio están frías y... bueno, están contra un paredón de una calle por la que no pasa ni un alma en pleno invierno.
A veces Miguel no sabe que pensar.
Martín siempre llega a donde quiere con él.
_
Cuando viaja en al colectivo volviendo a casa se siente un idiota. Primero, porque ya se ganó la fama de "la puta de Tincho", segundo, porque sinceramente no le importa.
Y eso es lo peor, porque no le importa saber que Martín se maneja con los mismos jueguitos con todo el mundo.
Siempre tiene la palabra precisa, la sonrisa perfecta.
Es imposible no caer.
_
"No juegues conmigo..." Le dice apenitas mientras se deja besar en el cuello otra vez. Y el rubio le jura y le recontra jura que no, que nunca jugaría con el, que de verdad lo quiere...




