¿DIOS AMA A TODOS?
Proverbios 8:17 Yo amo a los que me aman, Y me hallan los que temprano me buscan
Hay un sentido en el que Dios ama a todos (Juan 3:16; 1 Juan 2:2; Romanos 5:8) Este amor no es condicional. El amor de Dios por todos puede ser considerado como Su “amor misericordioso”, ya que resulta que Dios no castiga a la gente de inmediato por sus pecados (Romanos 3:23; 6:23). “Vuestro Padre que está en los cielos, que hace salir su sol sobre malos y buenos, y que hace llover sobre justos e injustos” (Mateo 5:45). Este es otro ejemplo del amor de Dios para todos: Su amor misericordioso, Su benevolencia extendida a todos, no sólo a los cristianos.
El amor de Dios por el mundo es manifestado en el hecho de que Él da a la gente la oportunidad de arrepentirse: “El Señor no retarda su promesa…sino que es paciente para con nosotros, no queriendo que ninguno perezca, sino que todos procedan al arrepentimiento” (2 Pedro 3:9). El amor incondicional de Dios está relacionado con su llamado general a la salvación y lo que a menudo se llama su voluntad permisiva o perfecta - ese aspecto de la voluntad de Dios que revela Su actitud y define lo que le agrada.
Sin embargo, el amor de Dios por todos no significa que todos serán salvos (Mateo 25:46). Dios no ignorará el pecado, porque Él es un Dios de justicia (2 Tesalonicenses 1:6). El pecado no puede quedar impune para siempre (Romanos 3:25-26).
El amor de Dios que justifica a los pecadores no se extiende a todos, sólo a los que tienen fe en Jesucristo (Romanos 5:1). El amor de Dios que lleva a las personas a la intimidad consigo mismo no se extiende a todos, sino sólo a aquellos que aman al Hijo de Dios (Juan 14:21). Este amor podría ser considerado como el "amor del pacto" de Dios, y es condicional, dado sólo a aquellos que ponen su fe en Jesús para salvación (Juan 3:36). Aquellos que creen en el Señor Jesucristo son amados incondicionalmente, con seguridad y para siempre.
Dios tiene una relación única con los que creen en Jesús en que sólo los que creen en su hijo tienen el perdón basado en la gracia eterna de Dios. El amor incondicional y misericordioso que Dios tiene para todos, debe llevarnos a la fe, recibiendo con gratitud el amor condicional y de pacto que Él otorga a los que reciben a Jesucristo como Salvador.








