Vaso tipo ascos en forma de ave estilizada, aunque le falta la cabeza. Tiene un pie desarrollado, alto y cilíndrico, una abertura para rellenar en el centro de la parte superior y una hendidura para verter por la cola. Su superficie está parcialmente quemada y conserva una desigual textura .
Este tipo de vasos, con una perforación superior a modo de embudo por el que introducir el líquido y otra para verterlo, se suponen de carácter litúrgico por su participación en rituales, muchas veces en contextos funerarios. Tradicionalmente, estos objetos se han interpretado como piezas votivas, (vinculados por tanto a espacios y actividades de culto), biberones (ligados al ámbito doméstico) o como símbolos funerarios de regeneración. Precisamente es el contexto espacial y temporal el que determinan su significado y valor en la práctica social. Este vaso fue hallado en la necrópolis celtibérica de El Altillo (Aguilar de Anguita, Guadalajara) por E. Aguilera y Gamboa, que lo definió como "curiosa lámpara". Posteriormente J. Cabré lo definiría como "vaso-biberón". Muy similar al procedente de la necrópolis vettona de Las Cogotas, se trata de un recipiente que parece realizado por un artesano local imitando los modelos ibéricos y/o púnicos.