La doñita que se adueñó del astro rey y ahora quiere pasarle la cuenta a todo el planeta
Una española afirma ser la dueña legítima del Sol y ya prepara la factura para cobrarle a las naciones por cada rayito de luz
¡Agárrense los calzones! Porque si pensaban que ya lo habían visto todo en este mundo de locos, llega una noticia que nos deja a todos más bronceados que iguana en Galápagos, pero no por el calor, sino por el descaro. Resulta que en España, cuna de conquistadores y de gente con mucha chispa, apareció una mujer llamada María Ángeles Durán que, ni corta ni perezosa, se fue derechito a una notaría en Galicia para decir: "¡Esa bola que brilla allá arriba es mía!". Y no es broma de los Santos Inocentes, el papelito notarial existe y dice que ella es la ama y señora del Sol. Así como lo oyen, mientras uno aquí anda peleando por un metro cuadrado de patio para colgar la ropa, esta doñita se adjudicó la propiedad de quien a diario nos visita con su resplandor. ¡Qué nivel de visión empresarial, por Dios!
¿Cómo se le ocurrió semejante genialidad? Pues parece que la señora leyó por ahí que existe un tratado internacional que prohíbe a los países adueñarse de planetas o cuerpos celestes, pero —y aquí viene la jugada maestra— el bendito tratado no dice ni una palabra sobre los individuos. Así que, aplicando la lógica de "el que primero lo ve, primero lo anota", se buscó a un notario que probablemente ese día no se había tomado el café o tenía muchas ganas de reírse, y ¡pum!, registro de propiedad al canto. Ahora, la doñita que se adueñó del astro rey camina por la calle con la frente en alto, sabiendo que cada vez que usted sale a la playa a ponerse como camarón, está técnicamente invadiendo su propiedad privada.
Pero no crean que María Ángeles es una villana de película que quiere dejarnos a todos en la oscuridad. ¡Para nada! Ella tiene un corazón de oro (o de plasma, según se mire). Su plan no es cobrarle el recibo de la luz al vecino que saca a pasear al perro, ni a la señora que seca los fideos al sol. No, ella apunta alto, muy alto. Su intención declarada es pasarle la factura a las naciones. Sí, leyó bien, quiere cobrarle a los gobiernos por el uso del Sol. Imagínense la escena: los presidentes de las potencias mundiales recibiendo un sobre por debajo de la puerta con el cobro del "peaje solar". Si el país usa paneles solares, pues a pagar la regalía; si el país tiene buen clima para el turismo, ¡factura al canto! Es una estrategia económica que dejaría al mismísimo Elon Musk llorando en un rincón por no habérsele ocurrido antes.
La propuesta de la dueña del Sol es tan surrealista que parece sacada de un guion de comedia barata. Según ella, el dinero recaudado no sería para comprarse un yate o una isla privada (aunque con lo que vale el Sol le alcanzaría para comprarse la Vía Láctea entera). No, ella asegura que quiere repartir los beneficios: una parte para los presupuestos de los Estados, otra para la investigación científica, otra para paliar el hambre en el mundo y, por supuesto, una pequeña comisión para su bolsillo por las molestias de gestionar semejante activo inmobiliario. ¡Si es que es una santa! Quiere salvarnos a todos con los impuestos solares. Es la versión cósmica de Robin Hood, pero con un documento notarial que tiene menos peso que una pluma en el vacío.
Lo más gracioso de todo este circo es que la señora Durán no se queda solo en las palabras. Ya ha tenido sus rifirrafes legales, incluso con gigantes de internet que osaron burlarse de su emprendimiento estelar. Porque claro, cuando uno es dueño del Sol, no puede dejar que cualquier hijo de vecino venga a cuestionar su título de propiedad. Es fascinante ver cómo funciona la mente humana cuando se mezcla un poquito de tiempo libre con una lectura creativa de las leyes internacionales. Nos hace preguntarnos si mañana no aparecerá alguien registrando el aire que respiramos o el rocío de la mañana. Al paso que vamos, habrá que pedir permiso hasta para mirar la Luna, no sea que ya tenga dueño y nos caiga una demanda por acoso visual.
¿Se imaginan el caos logístico de cobrar por el Sol? ¿Cómo mediría la señora cuánta luz consume cada país? ¿Habrá inspectores solares vigilando las nubes para hacer descuentos por mal tiempo? La logística es una pesadilla, pero para María Ángeles, es simplemente cuestión de voluntad política. Es increíble el desparpajo con el que afirma ser la dueña legítima de una estrella que tiene más de 4.500 millones de años existiendo, mucho antes de que a alguien se le ocurriera inventar el concepto de propiedad privada o de notarías en Galicia. Pero así somos los humanos, nos encanta ponerle vallas al campo, incluso si ese campo está a cientos de kilómetros de distancia y es una masa de plasma que nos achicharraría en un segundo.
La noticia ha recorrido el mundo y, por supuesto, ha generado una ola de burlas y memes que no tienen fin. Pero ella se mantiene firme en su posición. Es esa mezcla de terquedad y delirio lo que hace que esta historia sea tan magnética. Todos hemos soñado alguna vez con encontrar un tesoro, pero registrar el Sol como propio es llevar el concepto de "búsqueda de tesoros" a un nivel intergaláctico. Mientras tanto, el mundo sigue girando, el Sol sigue brillando (ajeno a quién sea su supuesto dueño) y nosotros seguimos aquí, esperando a ver si llega la primera factura solar al buzón.
En un mundo lleno de problemas reales, crisis económicas y guerras, que aparezca una doñita que se adueñó del astro rey nos recuerda que la capacidad humana para el absurdo es infinita. Es un respiro cómico, una bofetada de ironía que nos dice que, al final del día, cualquiera puede ser lo que quiera, incluso la dueña del sistema solar, siempre y cuando encuentre a un notario con buen humor. Así que ya saben, la próxima vez que sientan el calorcito en la cara, denle las gracias a María Ángeles por permitirnos usar su propiedad de forma gratuita... por ahora.
Fuentes: Diario El Mundo, ABC España, La Vanguardia
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