OC!Hogwarts: Romper las reglas (nsfw).
Todos los maestros y alumnos en Hogwarts veían a Pietro Russo como un estudiante y miembro de Ravenclaw intachable y con un comportamiento envidiable. Cumplía con sus tareas, participaba en actividades extracurriculares, era educado y, además, decían los susurros en los pasillos, era atractivo. Y no olvidemos que no era envidiado únicamente en lo académico, sino que, al parecer, su vida amorosa era envidiada por algunos estudiantes desde que comenzó a salir con Vicente Quintana, un cazador de Quidditch perteneciente a Gryffindor. Llevaban un año y medio juntos.
Así que sí, Pietro Russo era un estudiante envidiable.
La mayor parte del tiempo.
Era una noche cualquiera de marzo, cuando Pietro caminaba por los pasillos del castillo con los libros entre las manos, la varita en el bolsillo y la túnica revoloteando a su alrededor. Caminaba lo más rápido que podía porque pronto apagarían las luces y los profesores saldrían para amonestar a cualquiera que no estuviera en la cama. Él no quería eso. Por eso caminaba de prisa, pero intentando ser lo más silencioso posible. En situaciones como esas deseaba ser un animago para convertirse en un animal pequeño y escurridizo que puede llegar a los dormitorios sin ser descubierto.
Y estaba a punto de lograrlo, estaba por llegar a los dormitorios de Ravenclaw.
Cuando alguien le tomo por la túnica y le arrastro a un rincón oscuro del pasillo, donde difícilmente se les podía ver.
Y ahí, frente a él, se encontraba Vicente, luciendo la sonrisa más socarrona que alguna vez imagino.
El moreno también portaba su túnica con colores rojos y amarillos. Le tenía acorralado contra la pared y con una mínima distancia separando sus rostros. Tenía un brillo travieso en la mirada que era más que suficiente para que Pietro descubriera sus nada buenas intenciones. Y la verdad es que no tenía ningún problema con seguir el juego de su novio. Tomo su varita y dejo sus libros flotando a su lado, para lograr librar sus manos y ponerlas alrededor del moreno, atrayéndolo a él.
—Hola, lindo —susurró, con voz dulce y deslizando cada letra con suma delicadeza.
Vicente lo tomaba por la cintura y dibujaba figuras imaginarias sobre la tela de su ropa, imaginando, muy en el fondo de su mente, que esta no existía y podía aventurarse al mapa que existía en la piel de su novio. Venía de la Torre de Astronomía cuando vio a Pietro caminando por los pasillos como una señal divina, pues había pasado las últimas horas pensando en su rubio favorito mientras las estrellas danzaban sobre su cabeza y escuchaba el murmullo de las pezuñas de los centauros moviéndose por el bosque a la lejanía.
Entonces bajo y pensó que buscaría alguna manera para entrar en la sala común de Ravenclaw por su novio. Aunque no hizo falta.
—Te estaba buscando —dijo Vicente, aun con una sonrisita en la cara y con las manos en la cintura ajena.
—Y es perfecto porque, estaba pensando y... —sus manos se movían por el cuerpo de su chico, arrugando la túnica y buscando un milímetro libre de piel para dejar su huella. Se inclino sobre el contrario para susurrarle al oído —¿qué tal si rompemos las reglas?
Pietro abrió los ojos un poco más cuando escucho eso. Movió un poco los pies y apretó su agarre alrededor del cuello de Vicente. Sabía lo que el moreno quería decir y aunque una parte de él gritaba ¡hagámoslo! la otra parte temía ser descubierto y castigado por eso.
Al vislumbrar el brillo de incertidumbre en los ojos verdes de Pietro, Vicente se aventuró a besarle detrás de la oreja. Le tomo de las muñecas y acaricio sobre su pulso, dejando que las yemas de sus dedos se derritieran encima. Entonces sintió al rubio estremecerse bajo su tacto. Así que lo hizo otra vez; lenta, profunda y peligrosamente.
Y Pietro pensó que romper las reglas no sería tan malo.
Vicente saco su varita y hechizo a los libros para que se fueran flotando hasta la cama de su novio. Una risa juguetona escapo por parte de los dos, antes de que se tomaran por las manos y se lanzaran por el oscuro pasillo con un solo destino en mente: la torre de astronomía. Nadie podía negar que la torre de astronomía tenía una vista espectacular, y ya que follar sobre una escoba resultaba peligroso y potencialmente mortal, ellos se conformaban con hacerlo en las alturas de la torre. Corrían por los pasillos entre risas que intentaban reprimir y sintiéndose como un par de chicos malos que rompen las reglas.
Cuando por fin, después de mucho escabullirse, lograron llegar a la torre, nada los detuvo. Se besaron con ímpetu, perdiendo el aliento entre sus labios y saboreando con total lujo. Vicente tenia a Pietro por la cadera, arrugando la perfecta túnica planchada del joven digno de Ravenclaw. Por otro lado, Pietro le tenía enganchado por el cuello, haciendo más profundo el contacto y deseando con cada nervio de su cuerpo que las barreras entre ellos no existieran.
Las túnicas desaparecieron en un par de minutos más, siendo seguidas por las corbatas, cada una de diferente color. El moreno abrió el cuello de la camisa de su novio y mudo los besos hacia ahí; besaba, succionada y lamia con total concentración, guiado por los impulsos más primitivos que aullaban y gruñían en su interior. Buscaban salir y él no se los iba a negar. Y cuando escucho a Pietro gemir, sintió que todo se alocaba un poco más.
El frio les golpeaba con todo lo que daba, pero ellos simplemente no lo notaban; sus cuerpos comenzaban a estar tan calientes que sentían las perlas de sudor juntarse en las orillas de sus rostros. Pietro, tomando iniciativa, alejo a Vicente de su cuello, tomándolo por las mejillas y volviendo a besarlo, dándole, esta vez, protagonismo a sus lenguas ansiosas. Las camisas desaparecieron y las varitas terminaron rodando por el suelo. Pero no les importaba.
El rubio dio un pequeño salto y enredo las piernas alrededor del moreno, quien le tomo por los muslos y los estrujo entre sus dedos, deseando que incluso a través de la ropa sus dedos quedaran marcados como un punto clave en la piel nívea. Se estrellaron contra una de las paredes, pero ni eso los detuvo. Sus cuerpos estaban ardiendo y el placer se arrastraba en su piel, buscando entrar en sus poros, atravesar su carne e inyectarse en sus nervios.
—Vicente... —gimió Pietro, enterrando las uñas en los hombros canela del nombrado. Sentía la dureza de su novio contra su estómago y eso le ponía más duro todavía.
Con una habilidad envidiable, desabrocho el cinturón y los botones del pantalón ajeno, deshaciéndose de él lo suficiente como para sentir el palpitante miembro de su novio contra sus palmas. Se mordió el labio al sentir un tirón en su propia entrepierna. Sentía su cabeza cada vez más ligera y solo se podía concentrar en las sensaciones que el tacto de Vicente tenía sobre él. Comenzó acariciando por encima de la tela, suavemente y queriendo jugar un poco con el moreno. Le acariciaba con total devoción y sintiendo como su palma y dedos cosquilleaban. Fue más allá y ahora sentía la piel candente frotarse contra su palma.
Vicente gruño y echo la cabeza para atrás. Esto fue aprovechado por Pietro quien, casi de inmediato, se lanzó a besar y lamer el cuello ajeno, mientras su mano seguía ocupada ahí abajo. Escuchar los sonidos guturales que hacía Vicente le hacían perder la cabeza poco a poco. Y entonces, su pantalón también fue removido.
El moreno no quería ser el único que disfrutara, por lo que también comenzó a masturbar a su novio, llegando a una sincronía donde los gemidos y jadeos no se dieron por perdidos. El ambiente era perfecto para que pronto sintieran como se desarmaban. El calor era abrasador y fracturaba su interior en miles de pedazos. Y ellos continuaba, deseosos de romperse, desbaratarse, fragmentarse con un calor sofocante a su alrededor.
Los tirones en sus entrepiernas eran innegables, así como el deseo de fundirse por la cadera y dejarse llevar por el salvaje oleaje del placer carnal. Sus mentes estaban en blanco. Sus gargantas raspaban gemidos profundos. El sonido de sus pieles frotándose se escuchaba con fuerza. Decían sus nombres como la única palabra existente en el mundo. La única que necesitaban para saber cuan bien se sentían.
Y entonces, sus sentidos explotaron en niebla blanca y gruesa. Sus cuerpos se liberaron y el calor los termino de romper. Estaban desechos, pero completamente satisfechos.
Cuando recuperaron el aire, compartieron un beso cómplice, con risas y sonrisas traviesas de por medio. Se abrazaron con cariño y volvieron a ponerse sus ropas para bajar y regresar a las habitaciones sin ser descubiertos. Compartieron un beso cuando sus caminos tuvieron que separarse y cada uno corrió en direcciones opuestas.
Pietro era un buen estudiante, eso sin duda, pero, algunas veces... romper las reglas era muy divertido.
El día de hoy les traigo un nuevo one-shot con dos de mis hijos en plena hormona alborotada JSKSSKK ay
Debo decirles que me divierto mucho escribiendo acerca de este AU y no lo voy a dejar por un tiempo pero, por fin, encontré una pareja de HP sobre la que quiero y NECESITO escribir (?) que es el Wolfstar asIES <3 aunque esos los voy a publicar por wattpad-
En fin, espero les haya gustado, gracias por leer~