OC!Hogwarts: El boggart de Dante.
Dante no pensaba que fuera inteligente. En lo absoluto. Pero al menos se esforzaba e intentaba sacar buenas calificaciones, convirtiéndose en el favorito de algunos maestros. No era especialmente bueno en transformaciones, pero lo intentaba y lo conseguía. No era especialmente bueno en vuelo de escobas, pero lo intentaba y no vomitaba en el intento. Sin embargo, como todos, tenía un talón de alquiles.
Defensa controlas Artes Oscuras.
Merlín, de verdad apestaba en eso, incluso si lo intentaba y lo intentaba. A duras penas mantenía una calificación decente. Simplemente la confrontación no era lo suyo, y mucho menos con un montón de criaturas y magos oscuros. Solo... no, gracias.
Pero incluso si no le gustaba... bueno, tenía que seguir asistiendo a las clases.
Incluso si despertaban sus peores pesadillas.
.
.
.
— Muy bien, clase, el día de hoy vamos a conocer una nueva criatura — dijo el profesor, caminando por delante de la clase, con las manos cruzadas y una sonrisa enigmática en los labios. Atrás de él, había un archivero que se agitaba y crujía. — ¿Alguien puede decirme lo que es un boggart?
Un chico de Hufflepuff que Dante había visto únicamente de lejos levanto la mano. El profesor le dio la palabra.
— Un boggart es una criatura que toma la forma de lo que más te asusta. Es por eso que nadie sabe la verdadera forma de un boggart.
— Correcto, Tadeo. Cinco puntos para Hufflepuff — dijo el profesor, sonriendo. — El día de hoy aprenderemos a defendernos de un boggart. Ahora, sin varitas, repitan después de mí: Ridikkulus.
Así pues, toda la clase repitió al unísono una y otra vez hasta que el profesor los detuvo y tomo a un chico de Slytherin y lo puso frente al archivero, le susurro algo al oído y se hizo a un lado. Entonces, con un movimiento de varita, abrió el archivero.
Un jadeo ahogado se hizo presente de manera grupal cuando del archivero salió una gigante serpiente que reptaba para acercarse al chico. Pero él, aun con las manos temblorosas, alzó su varita y grito el hechizo, transformando la serpiente en un animal de globo. Todos rieron.
Después de él, fueron pasando el resto en una fila. La sala estaba dividida entre jadeos de terror y risas fuertes y escandalosas. Todo iba bien.
Y entonces llegó el turno de Dante.
Dante camino temeroso hasta el frente, con la varita en la mano y los ojos fijos en el boggart que había tomado como última forma una masa verde y viscosa. Entonces Dante se plantó frente a él y espero.
Sentía miedo, no iba a mentir. No quería ver lo que la criatura le iba a mostrar y mucho menos quería que los demás la vieran.
Así que intentaría hacerlo rápido.
«Por favor, date prisa y acabemos con esto»
Y entonces, tras un borrón de colores y figuras, ahí estaba. De por frente a él.
Su madre.
De pronto se quedó helado. No podía mover la varita ni ninguna otra parte de su cuerpo. El hechizo se atascó en sus labios y su corazón latía tan fuerte que lo escuchaba como petardos en sus oídos bumbumbumBUMBUMBUM.
Su madre se acercaba. Caminaba hasta él con esos ojos nublados y perdidos y esa sonrisa rota que parecen cristales rotos listos para rasgar la piel de sus muñecas. Estiraba los brazos en su dirección y Dante solo podía sentir como si un millón de hormigas se movieran sobre su piel.
«Di algo. Di algo. Di algo»
Estaba cerca. Demasiado cerca.
—¡Dante!
Una voz grito a sus espaldas y de pronto una espalda ancha se metió en su campo de visión.
De pronto, su madre había desaparecido, pero no le dio tiempo de mirar que otro temor se había materializado frente a ellos cuando escucho un fuerte y claro "¡Riddikulus!".
Todo se quedó en silencio. Absoluto silencio. La persona que sé había atravesado entre él y su madre se dio la vuelta y lo miro. Era Oliver.
Dante observo a Oliver a los ojos. En silencio.
Las manos le temblaban tanto que su varita termino en el suelo. Se sentía mareado y que pronto sus rodillas no podrían sostenerlo más.
Todos lo estaban mirando. Lo miraban fijamente. Lo sabían, ellos lo sabían. Sabían que era un chico sucio y roto.
— Dante... — murmuró Oliver, intentando acercarse al de cabello rizado.
Pero Dante solo se dio la vuelta y salió corriendo.
(...)
Oliver llevaba alrededor de 10 minutos buscando en todos los pasillos de la escuela, con dos varitas en el bolsillo y una preocupación amarga que le subía y bajaba por el esófago. No había rastro de Dante en ningún lado. Pero seguía buscando, pues el joven no pudo simplemente haber desaparecido.
Y entonces, mientras salía de las mazmorras sin pista de Dante, algo le vino a la mente y se abofeteo por no haberlo pensado antes.
La torre de Astronomía.
Corrió sin que le importara ser castigado por algún profesor o prefecto, subió escaleras y rodeo a fantasmas que querían conversar sobre la muerte con él. Estaba demasiado preocupado por Dante como para prestarles atención a algo más que no fuera él. Y después de subir las largas escaleras de caracol, llego a la punta de la torre, donde había telescopios, mapas con las constelaciones que se movían por el lugar y algunos modelos a escala de los planetas. El lugar estaba a oscuras, solo iluminado por las pequeñas constelaciones que danzaban por la torre y entonces, ahí, en medio de la oscuridad, pero rodeado de brillantes estrellas, estaba Dante.
Suspiró, mirando al chico de Ravenclaw y caminando lentamente hacia él. Dante estaba abrazando sus rodillas contra el pecho, con la mirada clavada en el follaje del bosque que se miraba a la lejanía. Termino sentándose a su lado, sin mirarlo. Solo había silencio.
Dante, sin decir ni una palabra, se acercó más a Oliver, hasta que sus hombros se rozaron y sus corazones bombearon uno al lado del otro.
—Hace mucho que no la veía —murmuró Dante de repente, con la voz rota. Había estado llorando. —Fue... fue...
Pudo sentir a Dante temblar a su lado. Así que se giró y lo tomo entre sus brazos, atrapándolo en un cálido abrazo que conseguía re ensamblar las piezas que se habían zafado dentro de Dante cuando vio a su madre en medio del salón de clases. Su madre, con esa mirada perdida y la sonrisa rota. Dante era todo lo contrario. Dante tenía estrellas en los ojos y luz en su sonrisa, siendo capaz de iluminar la habitación más sombría. En realidad... Dante podría iluminar el cielo entero si quisiera.
—No tienes que decirlo si no quieres —susurró Oliver, aun sosteniendo a Dante.
Recordó esa ocasión, en quinto año, cuando se escabulleron al Salón de Menesteres y tuvieron sexo después de una noche cargada de emociones. Le contó su historia a Dante y Dante hizo lo mismo. Desde entonces, habían estado asistiendo a San Mungo juntos, aunque cada quien por diferentes motivos. Desde entonces se han apoyado. Y estaba seguro de que siempre lo harían.
—Dante... recuerda que eres fuerte. Y tu madre ya no puede hacerte daño... nunca más —exclamo, con seguridad y mirando a los ojos azules de su contrario —. Recuerda que ya no estás solo. Yo estoy aquí a tu lado.
Dante lo miro a los ojos. De verdad lo miro. Y miles de estrellas brillaron y se alzaron. Las constelaciones bailaban entre ellos y los planetas flotaban a su alrededor. El cielo se pintaba sobre ellos, como una enorme mancha oscura que goteaba perlas. Pero ellos solo podían mirarse a los ojos.
El recuerdo de su madre había desaparecido de la mente de Dante y se recordaba que ella estaba muy lejos. Lejos y sin oportunidad para volver a hacerle daño. Y también se recordó que él era fuerte y valiente. Tomo la mano de Oliver y le beso la mejilla, pensando que a su lado... era aún más fuerte.
—Oliver...
—¿Sí?
—… vamos por chocolate caliente.
A veces... eso es todo lo que necesitas.
---
bUENO-
Para los que me leen por wattpad (que es un gran NADIE pero bueno(?) recientemente termine mi historia “Dirty Laundry” donde aparece este par y, nada, desde hace mucho tenia ganas de publicar algo así pero seria spoiler así que me espere xd
No tengo mucho que decir, salvo que Oliver y Dante son de mi pertenencia y que si quieren leer su historia canon esta en mi perfil de wattpad uwu
Adiós~










