“Y entre todas esas fotos, un dibujo digital, donde al pequeño Yiye le han dibujado unas alas blancas. Sonrío entre lágrimas por ese bonito dibujo, pensando en que si en verdad hay cielo, si ya ha llegado, ya se les habrán puesto, porque Dios no puede ser tan cruel como para hacerle también eso después de lo que le hizo anoche. La red social se está llenando de dibujos para el pequeño Yiye, de poesías, de cuentos... Cada vez hay más tuits, más personas escribiendo sobre él. Ya son más de 30 000 tuits. Me duele ver su popularidad ahora que ya no existe en la tierra, porque dejar de existir no va a dejar de existir nunca. Un pequeño migrante que se ha convertido en tendencia... Ojalá hubiera sido por llegar vivo a la playa de Gibraltar o porqué no a Reino Unido, ojalá hubiera sido porque su padre hubiera encontrado un buen trabajo, o porque hubiera sido el primer niño llegado en patera en pisar una escuela londinense... Ojalá hubiera sido por cualquier cosa de esas, pero no, ha sido porque está muerto, porque no va a volver, porque se ha fugado más lejos de lo que quería fugarse, porque para muchos ya ni siquiera tendrá nombre, porque todo el mundo hablará de él en pasado, porque ya no estará en el presente, porque será siempre una foto que se hizo viral, porque ha perdido la voz y la sonrisa, porque ya jamás volverá a reírse, porque jamás podrá quitarse esa ropa ni desatarse los cordones de esas botas que llevaba puestas, porque jamás volverá a comerse uno de esos caramelos, porque jamás volverá a ver a su padre, porque nadie volverá a verle volver... Trago saliva leyendo esos tuits, que odio tener que estar leyendo, pero que están llenos de amor-. — Mira cuánta gente te quiere, Yiye...”
Alan Richardson













