Viejito
Este año empecé muy entusiasmada con las metas que me había planteado. Planifiqué cada mes, etapa por etapa, procurando ser siempre lo más realista y objetiva posible. La ilusión del nuevo año me embargó por una semana; luego de festejar el año nuevo, organizar y celebrar el matrimonio de una de mis amigas más cercanas algo sucedió de súbito. De un viernes para lunes el hombre de mi vida se fue sin más ni más. Se fue tan rápido que no se sintió que se había ido.
Mi abuelo fue, desde mi más tierna infancia, mi padre, mi viejito lindo, mi refugio, mi abrazo en tardes de frio, mi consejo y mi inspiración. Fue de los hombres que de solo conocerlo te transmite paz, esa paz que cultivaba día a día en la intimidad de su espíritu. No solo fue padre para mí, también lo fue para sus hijos, su yerno, sus sobrinos, vecinos y amigos más jóvenes.
Los detalles de su partida fueron, como otros cientos de miles de casos en el mundo: “positivo a COVID”, “debe ser internado”, “no puede visitarlo”, “siento mucho informarle que…”. Y dentro de todo, como familia uno debe confiar en que el personal médico, que en sus medios, hicieron lo mejor posible por salvar vidas, y deben seguir haciéndolo: “no abra la bolsa”, “el cajón debe permanecer sellado”.
“¿Realmente te fuiste, viejito?” Cada mañana, por meses me despertaba oyendo su voz matutina. Yo brincaba de la cama para correr a verlo a darle los buenos días, a preparar el desayuno que tanto le gustaba, pero él ya no estaba en su silla, ya no leía su diario, ya no regaba sus macetas, y en mí repetía: “¿realmente te fuiste, viejito?”
No me di cuenta por varias semanas, pero algo muy dentro de mí se había roto. Las mañanas no brillaban como antes, los días ya no sonaban como antes, las noches ya no se disfrutaban como antes. Todo era diferente y no sabía cómo sortearlo. Solo sabía que él ya no estaba.
No sé si es motivo de orgullo, pero eres el único hombre que me ha llevado a terapia, viejito, jajajaja.
Aprender a vivir una vida sin ti ha sido todo un reto, uno que me ha tomado meses manejar y gestionar. Pero aquí estoy, entendiendo que uno nunca deja de extrañar, solo aprende a amar desde la distancia. Hoy comprendo que lo que en realidad sucede es que el amor que teníamos jamás se extinguirá, sino que crece cada vez más con el tiempo. Lo que duele es que todo este amor que sigue en crecimiento no se pueda demostrar más a aquella persona que amamos.
Todos los días te recuerdo, viejito. Y es que me dejaste tantas cartitas de amor, tantos regalos, tantos recuerdos que es imposible un día no hacerlo. Pero hoy, hoy es el primer día del padre que no te veo y es tan extraño esto. Hoy no hay más tristeza, hay una mezcla de alegría y nostalgia, un orgullo por ser tu sangre, una pequeña prolongación de tu vida por medio de tus enseñanzas, principios, valores y amores.
Feliz vida eterna, viejito. Feliz yo que te gocé y abracé y hoy puedo agradecer por el tremendo hombre que me tocó como padre, como abuelo.
Y a todos aquellos que han perdido a un ser amado, un abrazo enorme, porque, aunque no todos nos conozcamos, todos estamos juntos en esto. Te puedo garantizar que el dolor va a pasar y solo quedará ese inmenso amor que guardas en el corazón por esa persona.
Un abrazo para mi viejito, y otro abrazo a todos los papis y viejitos que celebran hoy en el cielo.
















